La hechicería, la obesidad, el manoseo, el exhibicionismo y los abusos sexuales son una constante en el relato de Diana Martínez, quien denunció a sus padres Fermín Martínez y Julia Giménez ante la fiscalía. La denuncia de la joven, que hasta ahora no tiene sustento respecto a la violación, es poco convincente.

Diana Martínez hace un relato muy detallado de los abusos y violaciones, que al final resulta poco creíble.
El 18 de enero pasado, Diana presentó la denuncia ante la Fiscalía de Limpio. En este escrito no mencionó que haya sido violada por su padre. Cuando declaró por primera vez tampoco señaló el mencionado hecho.
Luego, en la ampliación de su testimonio manifestó que era violada y que se acordó, gracias a la terapia sicológica con Hugo Gaona, del departamento de familia de la Policía.
En el escrito de denuncia insiste en la obesidad de su madre y en los manoseos que sufrió supuestamente de parte de terceros.
Por ejemplo señala que los descontroles de su madre eran frecuentes. “Me obligaba a vestir de una manera absurda para una adolescente, parecía un payaso, hasta que me convertí en una obesa, yo parecía una señora de 50 años y todos se burlaban de mí. Quiero mencionar que esto debido a que ella padecía de obesidad y, como sabemos, esto puede afectar la siquis de la persona, ya que quienes padecen de esta enfermedad desembocan en un trastorno conocido como paranoia”, agregó.
EL VECINO
“Fui expuesta a una situación de desamparo y peligro por mi madre en más de una oportunidad. Una de ellas fue cuando acompañé a la casa de una amiga suya y cuando ellas se dispusieron a hablar acerca de temas de adultos me mandaron a una habitación de la vivienda para que me distraiga mirando la televisión, mientras conversaban. En la habitación también se encontraba el hijo de la dueña de casa que tenía aproximadamente entre 10 y 12 años, y mirábamos juntos dibujos animados. En un instante, estando yo recostada hacia los pies de la cama, sentí que el niño empezó a acariciarme los muslos, quedé congelada, poco a poco fue subiendo hasta la nalga; me levanté y corrí hacia la puerta”, relató.
“El niño se levantó detrás de mí y al llegar a la puerta me besó, estaba muy asustada hasta que conseguí zafarme de él y me oculté detrás del ropero. Luego, volvió a perseguirme y se repitió la escena, yo me escondí detrás del sofá, duró la persecución hasta que el niño se cansó. Desde esa situación tan desagradable empecé a sentir repudio hacia la casa y la dueña de la misma, ya que con ella mi madre recorría y recurría a sitios de brujería, debiendo yo esperar por largo tiempo también en el vehículo con el chofer, en tanto ellas consultaban con los distintos hechiceros”, manifestó.
SOLDADITOS
“En otra ocasión, específicamente en uno de los tantos viajes realizados con mis padres, encontramos a dos soldados que caminaban al costado de la ruta y mi padre paró la camioneta para acercarlos por el camino. Los mismos subieron hasta la carrocería del rodado que era el lugar donde yo estaba. Después de una hora de viaje, uno de ellos comenzó a manosearme desde la rodilla hasta la parte superior, pero cuando se percató que estaba por gritar dejó de hacerlo”. agregó.
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Carlos J. Benítez
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