Aprovechando la reposición de la exitosa obra “Blancanieves y los 7 enanitos”, el 21 y 22 de junio en el Teatro Municipal, conversamos con la inconfundible Loreley Anderson. Aunque cansadísima por los ensayos, charló feliz con nosotros. “El teatro no es un hobby para mí, es mi profesión. En Paraguay se puede vivir del arte; no vas a tener una camionetaza, pero sí la satisfacción de darle a la gente lo mejor de vos”, lanza convencida.

“Si todos me conocen debe ser porque tengo un nombre medio raro”, dice con una sonrisa esta rubia de verdad, nacida bajo el signo de Virgo, hace 25 años en la ciudad bonaerense de Tandil y llegada al Paraguay a los 3 meses de edad. “Loreley era una sirena de un mito germano. Mi mamá quería que yo fuera así de linda y seductora. Pero analizando con frialdad, de sirena solo tengo la voz: canto un desastre”, cuenta divertida. Sobrepasando cualquier mundo fantástico, Lory sabe, por vivencia, que se ganó un lugar en el arte nacional por su trayectoria. Su mamá (Silvia), su papá (Víctor) y sus 3 hermanos siempre fueron su cable a tierra, “mis primeros críticos, los que me aplauden si las cosas me salen bien y me sostienen si salen mal”. Niña audaz, a los 13 años se presentó solita en un canal de televisión (que acababa de abrirse) y pidió una cita con el director. “Le dije a mi mamá que me dejara ir sola, llevé una carpeta con un programa para niños que había escrito. Al día siguiente me hicieron un casting y me tomaron. Después fui aprendiendo otras cosas, me metía en todas partes: actuación, producción, edición. Yo era un piojito al que todos mimaban muchísimo. Así fui creciendo y mi vida repartida en un ir y venir alocado entre el colegio y el teatro, el canal, o la radio”.
–¿De quién heredaste tanto ímpetu artístico?
–Creo que uno nace con esto. Mi papá es contador; mi mamá, ama de casa y fue modelo cuando era joven. Yo era esa nena que miraba Bibi y Xuxa, y en el colegio siempre bailaba, cantaba y recitaba.
–¿Cuál fue tu primer trabajo?
–A los 12 años hice “El Principito”. Eramos dos, un nene y yo; porque había doble función y nos turnábamos.
–¿Tan chiquita y querías trabajar?
–Sí. Mis padres me daban libertad; y esa libertad funcionó porque yo sentía que ellos estaban ahí para acompañarme siempre en mis decisiones.
–¿Por qué no seguiste Arte en la facultad?

–Porque trabajaba y no tenía tiempo. Me formé a nivel de talleres, aprendí en las tablas. Cuando terminé el colegio, oía hablar a mis compañeros de que iban a estudiar esto o lo otro, y me dije: “Yo ya tengo un camino empezado, ya tengo mi profesión y voy a vivir de ella”.
–¿Qué te fue abriendo puertas?
–Creo que veían a una nena que no hacía un personaje, sino que era ella misma. Siempre traté de mantener eso, ser yo misma.
–Y, además, en Paraguay, una rubia mueve montañas.
–Puede ser, pero sigo sosteniendo que valía más mi forma de ser. Yo vivo esta profesión con adrenalina; cuando eso falte, me retiro.
–¿No te tienta volver a Buenos Aires?
–Mi mamá está allá por problemas de salud; estuve el año pasado viviendo en Tandil. Ahora estoy acá con mi papá. Soy argentina pero mi vida es Paraguay. Siempre lo vi como el lugar donde estaba, lo que más amaba: mi familia y mi profesión.
–Algún amor, más privado, ¿también existe por aquí?
–No, mi novio es de Tandil, pero la distancia es tan difícil... Por ahora, las que me matan de amor son mis sobrinas paraguayas, Agustina (9) y Abril (4).
–¿Cómo estás en “Bailando”?
–Luchando, vamos a ver si ganamos. Me gustan las buenas causas.
–O no serías Blancanieves.
–Antes ya hicimos con Equipo Teatro “La Bella y Bestia” y “El Mago de Oz”. Ahora hacemos “Blancanieves” y me encanta porque es una obra para la familia. Es increíble la conexión que se da con el público. Para mí es hermoso que los niños se identifiquen con el personaje bueno, con la belleza y el perdón. Los chicos viven la obra, y me gritan: “¡Nooo, Blancanieves, no comas la manzana! ¡está envenenada!” (por ahí me dicen Lory también).
–¿Sos como las princesas, sensible y bondadosa?
–No soy tan rosa, aunque sí me gusta la dulzura. Trato de dar todo lo bueno que hay en mí y evitar lo malo, los celos, la envidia (porque todo es un boomerang); trato de no bajonearme cuando atacan mi autoestima. Antes me molestaba mucho que se metieran maliciosamente con mi vida; me acuerdo que mi primera productora me dijo: “Este es el mundo que elegiste. Vas a tener que ser fuerte”. Y aprendí. En estos años maduré muchísimo sobre cómo quiero ser.
–Hoy es el Día del Padre, ¿qué le agradecés al tuyo?
–El ejemplo de honestidad y que me cuide tanto (hasta hoy va a verme en cada función). Lo amo con todo mi corazón, y bueno, qué más decirte, mi papi es mi papi.
Lourdes Peralta
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