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¿Desirée Masi corrupta?

Se presta mejor servicio a la libertad de expresión con la boca cerrada. O sea, cuando nada se tiene qué decir o lo que vaya a decirse sea un despropósito.


La libertad de expresión gana en densidad y provecho cuando se la pone al servicio de la verdad, de los sentimientos nobles, de las ideas que promuevan otras mejores, del debate enriquecedor. Mal uso se hace de esa libertad cuando sólo nos anima difamar a una persona o a una colectividad.

Acabamos de salir de un insoportable griterío que nos tuvo al borde del infierno; de una política basada en el ruido y la agresividad. Cuando creíamos que había regresado algo por lo menos parecido a la cordura, salta a los medios de comunicación un dirigente liberal de Encarnación de nombre Zacarías Meza.

Fue este señor el que puso de patas para arriba a la Alianza Patriótica para el Cambio con sus gestiones en la Entidad Binacional Yacyretá para los inoportunos nombramientos, de generalizada condena. En este bochornoso caso no estuvo solo. Fue ayudado por otras personas de su misma índole. Pero estuvo solo en la difusión de la calumnia contra respetados y respetables dirigentes de la Alianza.

De acuerdo con Ultima Hora del miércoles, Zacarías Meza nombró a Carlos Filizzola, Rafael Filizzola, Desirée Masi, Miguel Abdón Saguier y Carlos Mateo Balmelli, de estar “involucrados en hechos de corrupción”. Fue porque estas personas –como la mayoría del país– se indignaron por un claro hecho de nepotismo.

Las encendidas críticas de todos los sectores obedecieron a la idea de que la Alianza aparecía como la continuidad del coloradismo en la apropiación de la función pública para su reparto entre amigos, parientes y correligionarios. “Son los mismos”, se repitió reiteradamente.

Los recomendados de Zacarías Meza renunciaron –aunque de malas ganas– y ya no están en Yacyretá. De todos modos, la Alianza salió herida no precisamente porque algunos de los suyos accedieran a la función pública –a la que tiene derecho cualquier ciudadano calificado– sino porque se percibió como el inicio de una repartija de cargos, primero entre la parentela.

Volviendo a la libertad de expresión mal entendida y peor ejercida, Zacarías Meza dijo, por ejemplo, que la doctora Desirée Masi “comercializa remedios del Hospital de Clínicas”.

No soy amigo de Desirée –cada muerte de obispo nos saludamos a la disparada– pero no hace falta serlo para conocer y admirar sus antecedentes profesionales y personales. Acusarla de robar remedios y venderlos, de vivir de la corrupción, es una infamia. Todo el mundo sabe que ella, como muchos médicos y enfermeras, hacen al revés: compran remedios de sus bolsillos para, tal vez, salvar la vida de un paciente tirado en Clínicas sin ni un centavo. Desirée ya no está como directora de Clínicas. La desahuciaron precisamente por su actitud intransigente contra la corrupción. En el citado periódico, Desirée recuerda que “desde hace cinco años no está vinculada laboralmente a Clínicas y que tampoco tiene familiares que podrían proveerle de los medicamentos a ser negociados”. Aunque los tuviese, es inimaginable que podría estar negociando los medicamentos, aunque a Zacarías Meza se le ocurrió imaginarlo, envuelto en la telaraña de sus gestiones ante Yacyretá y la formidable reacción pública.

La diputada electa anuncia que demandará por difamación y calumnia a Zacarías Meza, porque ya está cansada “de la gente que cree que puede decir lo que quiere de cualquiera”. Dice más: “De cualquier cosa me pueden acusar menos de corrupta”.

La creo con los ojos cerrados.

alcibiades@abc.com.py


Alcibiades González Delvalle

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Ultima actualizacion:
15/06/2008 00:00:00