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LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

Literatura Paraguaya

El borracho de la casa

(Julio Correa)


Prof. Luis A. Kallsen

Fidelino Quiñónez era un bebedor empedernido. Tenía, sin embargo, el buen tino de no mostrarse borracho a extraños. “Esos pobres borrachines no tienen la obligación mía para con la sociedad”, y golpeando la mesa con el puño, terminaba: “Yo soy bachiller en ciencias y letras”. Con ademanes de jactancia citaba nombres de médicos y abogados que alguna vez fueron sus condiscípulos.

La pobre mujer de Fidelino, como de costumbre, hizo acostar a sus tres hijitos para evitarles la vergüenza de ver al padre.

-Ya sabes, Fidelino, que te quiero, y no es justo que me hagas sufrir. El marido no la dejó terminar, para darle una conferencia en que encarecía la necesidad del sufrimiento para la salvación del alma y la purificación del espíritu. Miró fervorosamente en alto y continuó lleno de emoción:

-¡Señor, Señor de las alturas!: por favor te pido un reumatismo, un reumatismo para mí; y para que se purifique este pueblo... que escaseen más la carne y el azúcar, que se aumenten más los impuestos...

Se oyó un golpe en la puerta. -Mi hermano José Antonio... ¡José Antonio querido! Se dieron un abrazo.

-¿Y mis sobrinitos? ¿Y mi cuñado, Nemesia? Tengo un gran deseo de verlos...; no te puedes imaginar cuánto les eché de menos. Y avanzó llamando a cada uno por sus nombres.

El cuñado acudió primero, gritando con voz aguardentosa y lleno de un júbilo loco.

-¡José Antonio, querido, por Dios santo! ¡Te juro que no te esperaba! Lo abrazaba con entusiasmo, se retiraba y lo volvía a abrazar preguntándole asombrado:

Nemesia tomó de un brazo a Fidelino; éste se desasió dándole un empujón y volvió a los abrazos, repitiendo con terquedad su pregunta. Nemesia repetía como un estribillo:

-Es la primera vez que lo veo así, José Antonio. Estuvo con unos amigos, despedían a un compañero que se casa.

Ya hacía 8 días que José Antonio estaba en casa de su hermana e, invariablemente, todas las tardes se repetía la misma escena: Fidelino, borracho, y Nemesia, afirmando: -Es la primera vez desde que nos casamos...

El hermano miraba con pena a su cuñado, meneaba la cabeza con desaliento y aconsejábale:

-No tomes más, Fidelino; eso es envenenarte. El alcohol mata al hombre moral y físicamente. Por tu esposa, por tus hijos, te lo pido-. Y señalando a Fidelino, terminaba: -Ese dolor que tienes en el hígado es un principio de cirrosis... -Desde mañana, agua solamente, te juro; y nada de cosas fuertes, ni aunque me maten.

Don Ruperto, corredor de seguros, al saber de la vuelta de José Antonio con un capitalito, fue a visitarlo. Después de mostrarle con elocuente verbo las ventajas del seguro de vida, le insinuó tomara una póliza en favor de Nemesia.

José Antonio, que escuchaba sin mayor interés, de pronto se fijó con insistencia en el corredor de seguros, y le hizo esta pregunta: -¿Si yo asegurara a mi cuñado, por ejemplo, en favor de mi hermana?...

El corredor completó: -si él muere, su hermana cobra aunque esa desgracia ocurra el mismo día de la primera cuota.

A la mañana del día siguiente, el médico de la compañía de seguro inspeccionó a Fidelino. Se firmó la póliza. Todos estaban contentísimos, y José Antonio, mirando con sorna a su cuñado, decía para sus adentros: “Sólo así podrán sacar algo de él mi pobre hermana y mis sobrinitos”. Al despertar Fidelino, lo primero que vio junto a su lecho, fue un gran barril de caña con la canilla correspondiente y un jarro de cristal que invitaba a beber. Llamó a su mujer y le preguntó:

-¿Quién trajo este barril, Nemesia?

-José Antonio... Él dijo que es para que tomes a tu gusto.... Fidelino repuso: -No tomo, ya no tomaré un solo trago hasta de aquí a 20 años. El alcohol es un veneno y yo tengo que cobrar mi seguro.

Cuando volvió, José Antonio se sorprendió de no encontrar en estado de ebriedad a su cuñado.

Se sentaron a la mesa. Fidelino se fijó en la botella de vino que nunca faltó en sus comidas y, señalándola con el índice tieso de decisión, comenzó diciendo:

-Eso está demás aquí, yo no tomo, la arrojó por la ventana.

-Te traje la mejor caña que encontré en el pueblo. Dicho eso, fue a llenar el vaso y se lo brindó a Fidelino. Este lo rechazó con espanto. -No, no, José Antonio, el alcohol es un veneno. José Antonio invitaba y bebía con deleite para tentar a beber con el ejemplo, que en tono de hombre virtuoso, aconsejaba: -No tomes más; el alcohol es un veneno. Desde entonces, no dejó de pasar un solo día sin emborracharse ante la pena de Fidelino que le rogaba dejar el vicio. Esto se repetía todos los días. Al fin, tomó la resolución de echar de su casa a su cuñado. No podía dejar que sus hijos vieran el mal ejemplo.

-No tiene nombre tu conducta. Ya no estoy dispuesto a tenerte en mi casa. José Antonio quedó anonadado, y en su cara de beodo se veía todo el dolor que le causaban las palabras del cuñado. -Ya ves a lo que conduce el alcohol. Tu hermano ya está en el delírium trémens. Sólo la locura puede hacer que te calumnie... ¡Decir que lo emborrachas...! Si no fuera una locura, sería una infamia. Nemesia lo abrazó y le dijo entre sollozos: -Es cierto, yo le obligo, porque prefiero que sea él el borracho de la casa.

ACTIVIDADES SUGERIDAS

 Identifica el lugar y los personajes del fragmento.

 Contesta en grupo: ¿por qué Fidelino menciona los nombres de sus condiscípulos y hace uso de la expresión: “El sufrimiento sirve para la salvación del alma y la purificación del espíritu”? El corredor de seguros se acerca a José Antonio, ¿por qué? ¿Crees que Dios escuchó los ruegos de Fidelino? Investiga los síntomas del delírium trémens y la cirrosis. “El alcohol es un veneno y yo tengo que cobrar mi seguro”. ¿Será que Fidelino entendió bien el tema del seguro?, ¿él mismo podría cobrarlo?

 Inventa un texto basado en las pericias de una persona adicta a las drogas con idéntica conclusión.

Frase de hoy: “Más vale comer pan duro y vivir en paz que tener muchas fiestas y vivir peleando”. (Proverbios 17 -1)


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27/06/2008 00:00:00