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Deben recordar

Los obispos deben recordar muy bien lo que fue el régimen de terror. Debe ser difícil olvidar lágrimas de madres, esposas, hermanas y abuelas. No creo que exista algún familiar de los miles de perseguidos que no haya acudido a ellos a solicitar auxilio. Mi familia hizo lo mismo y debo reconocer de paso el gesto de monseñor Medina y de monseñor Livieres.


Ya entonces sabíamos que una cosa eran los animales que mataban y torturaban y otra, los lobos disfrazados de corderos que hacían el papel de mansos defensores del sistema; justificadores de las atrocidades, o vulgares acomodados, que preferían guardar silencio cuando tenían todo para gritar verdades y revelar los dolores que se infringían a víctimas inocentes.
Mientras la Iglesia Católica preparaba silenciosamente al campesinado paraguayo para conquistar la “tierra sin mal” a través de las Ligas Agrarias a finales de la década del 60, un grupo de lobos feroces disfrazados de cristianos corderitos exprimían el cerebro para dar un marco jurídico a una gigantesca represión en ciernes de la dictadura.
La propuesta fue presentada al Congreso que pronto dio nacimiento a la Ley 209, paradójicamente denominada de “Defensa de la paz pública y libertad de las personas”. El flamante rector de la Universidad Católica, Dr. José Antonio Moreno Ruffinelli, estaba apoltronado entre los que dieron “criteriosa aprobación” a la citada ley, que de esa forma reforzaba la cobertura represiva de la ley utilizada hasta entonces para reprimir: la 294 “De defensa de la democracia” (17-10-55)
Stroessner hizo retirar la nueva ley y ordenó otra oleada represiva, la de la década del 70, que consistió en todo tipo de atropellos: prisión sin proceso, torturas, muertes, desapariciones. No encontré ningún registro en ningún documento público donde conste la protesta de Moreno Ruffinelli, ni de nadie que haya aprobado dicha ley. Nadie de la época lo escuchó decir: “Por favor paren, esa ley no fue hecha para eso”. No, nada, ni algo parecido. Silencio absoluto.
La década de la Ley 209 fue al mismo tiempo la década de la exterminación de la experiencia liberadora de la Iglesia Católica con el campesinado paraguayo. La dictadura comenzó a “descubrir” comunistas por todos lados y apresó masivamente a miembros de la resistencia. Fue también la época de la obsecuencia de hombres de Estado que se lavaban las manos acudiendo puntualmente a misa para colaborar, sin cargo de conciencia, con los resortes del régimen.
No quiero dejar de recordar algunas muertes de esa década, que para la ilustrada mentalidad de los sostenedores de la tiranía eran simples delincuentes: Juan Carlos Dacosta, Mario Raúl Schaerer Prono, Doroteo Silvano Flores (desollado), Mario Arzamendia Flores (excombatiente), Juan de Dios Salinas, Arturo Bernal, Alejandro Falcón, Dionisio Rodas, Sixto Melgarejo, Ignacio Martínez, Juan Manuel Cabral, Jorge Zabala Esquivel, Doroteo Brandel. Ellos se liberaron de esa forma de la aplicación de la 209, pero centenares de otros padecieron en calabozos y prisiones durante años por no comulgar con la dictadura.
Me pregunto si los obispos le interrogaron a Moreno Ruffinelli ¿dónde estaba usted cuando ocurrían estos hechos? ¿Se ofreció usted a defender a aquellos inocentes procesados y encarcelados por la Ley 209? Su conciencia de cristiano ¿no le obligó a renegar del stronismo frente a estas atrocidades?
Y conste que no hablamos del atropello al Seminario Mayor, al Cristo Rey y de la expulsión de los jesuitas acusados de subversivos, por citar algunos “daños colaterales” de la dictadura.
!Qué pronto nos olvidamos del Saneamiento Moral de la Nación y de la campaña de monseñor Ismael Rolón contra los hombres escombros!


ebritez@abc.com.py


Edwin Brítez

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Ultima actualizacion:
06/07/2008 00:00:00