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DISEÑADORA DE MODAS

Las mil y una bodas

Fátima Esgaib de Daniel (53) es una de las pioneras en vestir a las novias paraguayas. Su trayectoria profesional se inicia hace 4 décadas. Muy segura, afirma: “Hoy me considero una empresaria completa: hábil, creativa y con confianza en su país. La competencia creció mucho, pero no cualquiera diseña; esto hay que sentirlo”.


Fátima hace honor a su sangre e ingenio; a través de casi 40 años ha sabido llevar con éxito su negocio de la moda. Los vestidos de novia son su especialidad y mayor gusto profesional. La pasión por el diseño despertó en ella gracias a su madre, Yamili, quien diseñaba para caballeros. “A los 9 años ya me encantaba el tema, a los 14 empecé a diseñar para mis amigas. A los 16 me casé y con mi marido iniciamos juntos una de las primeras casas de novia que hubo en Asunción, la hasta hoy Casa Líbano”.

–¿Vestías a las mujeres árabes?

–Abrí para toda la sociedad y para países vecinos. Aunque muchas musulmanas vienen hasta ahora de Ciudad del Este, las que usan manto.

–Precioso lo del manto, misterioso, respetuoso. ¿Y la paraguaya?

–La novia paraguaya, como la quinceañera, la madrina o la invitada hoy quieren verse sexys.

–Ajá, sexy son las bondades medio afuera.

–(Sonríe) Los escotes generosos, el cuerpo bien marcadito; a mí me gusta lo sexy bien hecho. Las chicas de 15 piden mucha tijera. También las novias optan por vestidos más osados (hice uno con el escote abierto hasta el ombligo). Yo aconsejo, pero nunca impongo sobre el gusto ajeno. Hoy muchas dicen que se arriesgan a llevar un gran escote, aun sabiendo que puede ser chocante en la iglesia. Pero sabemos que muchas parejas ya no se casan por iglesia.

–¿Cómo era tu vestido de novia?

–Todavía lo guardo. No era muy amplio, tipo aldeana con mangas anchas y un chalequito encima cruzadito, con moñitos. Todo trabajado a base de cintas, y blanco, claro.

–Hoy cambió todo.

–Sí, los modelos variaron. Hay más autonomía a la hora de elegir cómo quiero que me vean. Antes, las novias y quinceañeras venían con las mamás; ahora vienen solas.

–Cuando las chicas bajan modelos de Internet, ¿te ofende?

–No; es bueno, porque vienen sabiendo lo que quieren. La tecnología es innegable; en el probador se sacan fotos con el celular, llevan y miran, después vuelven para variar alguna cosa.

–Con tantas facilidades, ¿de qué sirvió capacitarse afuera?

–La capacitación fue lo mejor que hice, o no hubiera permanecido. Me capacité porque sabía que el país iba a crecer.

–¿Cuál es tu mejor inversión?

–La atención personalizada.

–¿Con cuánto tiempo de anticipación se hace un vestido?

–Lo ideal es 6 meses antes. Pero, si es preciso, lo hacemos en 24 horas.

–¿El vestido se usa una sola vez?

–Como la torta y la decoración. Algunas pocas señoras después los traen para ajustarlos para sus hijas.

–¿La situación económica nunca te hizo pensar en cerrar?

–No, yo mantengo lo que puedo controlar.

–¿Con este cambio político, cómo va la moda?

–El cambio es positivo para los diseñadores, hay muchas nuevas damas.

–¿Tus hijos (6) se dedican al diseño?

–Todas mis hijas diseñan, pero solo una me ayuda (Yamili), y me está sacando el trono.

–Contáme una anécdota de novia.

–Te voy a contar una trágica. Una chica, de mucho dinero, nos pidió que la llevásemos nosotros a la iglesia. Como teníamos el auto adecuado, con aire, música suave, etc., mi marido aceptó llevarla –junto con una de mis chicas que iba para ayudarla–. El vestido de novia era muy importante, vaporoso y con 4 metros de cola. De pronto, en el medio del camino, ella le pide a mi marido que pare porque quería ir al baño. ¿Pero dónde? No se podía parar porque estaban en el medio de la calle; así que él trata de tranquilizarla, pero la chica estaba desesperada...

–¿Pipí?

–No, más grave. Llegó hasta la iglesia y, bueno, se fue como pudo hasta el costado y ahí... Los nervios le jugaron una mala pasada. Después de eso, mi marido nunca más quiso ser chofer nupcial.

–¿Cuántas novias vestiste hasta hoy?

–Miles. Y bendije cada vestido para que mis clientas tengan matrimonios largos y felices. Todavía existen, doy mi testimonio. Vestir a una novia enamorada es algo casi espiritual. Y uno recibe mucho agradecimiento, cariño.

–¿Tu marido nunca te pidió quedarte en casa?

–No. Yo sé manejar la casa, pero si me hubiera quedado, habría matado algo en mí.

–¿Qué es lo negativo de tu trabajo?

–El estrés. No tengo vacaciones, o son los sábados y domingos que no trabajo y voy a la Iglesia evangélica.

TENDENCIAS

Fátima estudió en Asunción, después se especializó en Argentina y Brasil. La tela que más le gusta trabajar es el raso opaco, por ser “muy sentador y muy firme”. En colores, la novia paraguaya sigue optando por el blanco y el beige; prefiere el gusto latino y poco el europeo. Por su lado, las quinceañeras rompen con lo tradicional y se juegan a modelos -entre princesa y vampiresa- con tonos fuertes: rojo, negro, negro con naranja fuego, también colores pastel, como el rosa con un toque de verde agua.


Lourdes Peralta

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Ultima actualizacion:
13/07/2008 00:00:00