A las 9 de la mañana, el barrio Virgen de Luján, zona de Cateura, está en pleno movimiento: el reciclado de la basura, carritos que van y vienen, vacas y caballos sueltos, chanchos transportados en motos.
Así es este mundo. Después de sortear baches y agua estancada, pasar por la comisaría 24ª y seguir el laberíntico sendero -incluidas las miradas curiosas, desconfiadas- llegamos hasta la casita de ña Lila (61). Malvones florecidos y una bandera paraguaya eran las señas domiciliarias. “Kuña katupyry ohai ñe’ê poty” se gestó con el respaldo de la Fundación Fe y Alegría y el Departamento de Educación y Cultura de la Municipalidad de Asunción. Según la autora, el libro tuvo dos ayudas y dos momentos distintos: “Quiero agradecer a los pa’i Oliva y Valpuesta, que me alentaron desde un principio, y también a los concejales municipales porque me ayudaron a cumplir un sueño”.
Ña Lila es de Yaguarón, vino con sus padres cuando entraba a la adolescencia. Desde entonces vive en este barrio. Tiene 4 hijos y 9 nietos. Supo ganarse el pan con honestidad, fue ganchera y se define feminista. “Cuando mis hijos eran chicos, mi mamá los cuidaba mientras yo trabajaba de doméstica; cuando regresaba -de noche-, mis hijos ya estaban durmiendo. Un día, a mi mamá le dio un derrame y murió. Ahí supe lo que era ser mujer, madre y estar sola”.
-¿Y tu marido?
-Enviudé muy joven. Este que ves acá es mi segundo marido (Virgilio Brítez, 43, recolector de basura con carrito e inspirador del poema “Niño asote rekávo”). ¿Te parece joven para mí? También fue una sorpresa en el barrio cuando nos pusimos de novios. Nos conocimos siendo damnificados. Convivimos 13 años y después nos casamos. Hace 22 años que estamos juntos. Para decir que se enamoró de mí porque soy linda o porque le doy plata, no es así. Dios no me desamparó y me envió un hombre maravilloso que me ayudó a criar a mis hijos.
-Del arte, ¿cuándo te enamoraste?
-A mi papá le gustaba la música. Yo fui cantante y bailarina folclórica, trabajé en un circo. También participé en “El toque del oboe”. Conocí la poesía de Emiliano R. Fernández con mi maestro de escuela, Ramón Pereira, que me decía: “Vos, Gerónima, vas a ser luego poeta”. Después vine a Asunción y dejé el estudio, no terminé el primer curso.
-¿Tus hijos estudiaron?
-Un poco. Para estudiar hay que alimentarse bien. Hoy los 4 son gancheros.
-¿De qué hablan tus poemas?
-Poco hago de amor. Describo la violencia contra la mujer, el hambre de los niños, todo lo que sufrimos los pobres día a día en el barrio. También hice “Puertas del dolor” (caso Ycuá Bolaños). Y escribí “Felicita”, la niña mártir de Yaguarón, ¿te acordás que la mataron y nunca se agarró al culpable?
-¿La tragedia es tu inspiración?
- Las cosas que pasan.
-¿Qué significa este libro para vos?
-El 2 de julio (día del lanzamiento) no voy a olvidar nunca, porque ese día yo me descubrí, antes no me valoraba. Los concejales me ofrecieron hacer en otro lado, pero yo quise que fuera en mi barrio, con mi clase pobre. Lo que más me gustó fue que vinieron muchos escueleros y jóvenes de los barrios vecinos; sabés vos, chica, que acá hay mucha perdición.
-Sí, eso publicamos en los diarios.
-Estamos en la zona roja, muy peligrosa, de drogas, robos, gente que mata. Vivimos con ellos frente a frente. Pero también hay gente honesta, buena, pero no siempre podemos hablar con la prensa así, como dos amigas. Gracias a los pa’i y las religiosas conseguimos entender nuestra realidad y aprendimos a defendernos.
-¿Cómo?
-Organizándonos, siendo unidos y solidarios; otra ayuda no tenemos. Yo no soy autoridad, pero acá todos me respetan y me buscan para que los ayude.
-Claro, si sos la famosa “poetisa del Bañado”.
-Anduve mucho por mi libro, no me vino en bandeja. Lloré mucho...
-¿Por los temas que reflejaste?
-No por eso, sino porque al pobre se le margina, algunos decían: “¡Qué poetisa va a ser esa, guaimi vai, ni ropa tiene!”. Yo soy así, y me visto como puedo.
-¿Tienen esperanzas de cambio los gancheros?
-Sí, porque Lugo es sacerdote y conoce nuestra realidad.
“Kuña katupyty ohai ñe’ê poty” recopila 70 escritos (en guaraní y castellano), entre poemas, acrósticos y pequeños dramas. Un material valioso que desnuda al Paraguay de los gancheros. Gerónima Gamarra tiene el don de la pluma directa, sencilla y emotiva.
“Los gancheros de Cateura oguereko esa dignidad/ Omba’apo con honestidad ta’yrakuéra okaru haguâ/ Nopretendéi coche porã ni hapichápe ojode haguâ/ Péva ha’e los valores ndoperdéi ko’â tapicha”.
Para leer más, comunicarse al (0982) 812-370.
Por Lourdes Peralta
Lourdes Peralta
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