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MARCELO JIMéNEZ, JOVEN INTEGRANTE DE LA OSCA

La viola: el equilibrio entre la alegría y la melancolía

Desde Paraguarí hasta nuestra capital es un largo camino; sin embargo, desde hace dos años es recorrido por Marcelo Jiménez (20), quien, para ejecutar su viola en la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), no encuentra ningún obstáculo. Él afirma que su instrumento está en medio del retumbante chelo y el melódico violín, y le da con sus sonidos una sensación de acercamiento a Dios.


-¿Cuándo te iniciás en el mundo musical?

-Con la llegada de Sonidos de la tierra en Paraguarí, durante el 2002; así participé del primer seminario que se realizó en Caacupé.

-¿Cómo hiciste para integrar la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA)?

-Cuando me enteré de que había una audición para la OSCA, decidí presentarme; logré ingresar y desde hace dos años soy integrante.

-¿Cuál es el mayor reto que enfrentás con tu viola?

-Ser un ejemplo para mis estudiantes, pues soy instructor; trato de sobresalir cada día más, superando mis propias metas.
-¿A cuántos jóvenes enseñás?

-A 60 jóvenes en la ciudad de Pilar con el proyecto Sonidos de la Tierra. Las clases son todos los sábados de 7 a 11:30 de la mañana.

-¿El arte puede cambiar a las personas?

-Yo creo que sí. Personalmente digo que gracias al arte pude madurar más, pues tocar un instrumento -como es mi caso- requiere de dedicación y mucha responsabilidad. Más aún cuando te encaminás al ámbito profesional, porque tratás con maestros de la música.

-¿Qué es la música para vos?
-Es algo que va más allá de la realidad; es alguien con quien puedo relacionarme y a través de ella presentar mis sentimientos al mundo que está afuera. La música liga al espíritu con el alma, fundiendo las emociones que uno puede tener dentro, y al mismo tiempo brindando la sensación de acercamiento a Dios.


Por Angel Alvarez (17 años)


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19/07/2008 00:00:00