Benny Goodman fue ovacionado en el estreno del “Concierto para clarinete, orquesta de cuerdas, arpa y piano” que Aaron Copland (1900-1990) le había dedicado al clarinetista de jazz en 1948. 60 años después, en Paraguay la gran ovación fue para David Heikkinen, en el Gran Concierto 2008 de UniNorte.
La timidez y circunspección características del joven contrastaban con las contorsiones de su cuerpo al compás de la música. Indudablemente, él fue la estrella de esta temporada de la versátil, homogénea y afinada gran sinfónica del país y la región. Lucieron impecables la orquesta de cuerdas, con Regina Yugovich como solvente concertino, el arpa de Ana Villamayor, y el piano de Alicia Visconte. Diego Sánchez Haase confiesa que, en siete años al frente de la Orquesta, “las tres temporadas más desafiantes correspondieron a La Pasión según San Juan, de Bach; la Quinta Sinfonía, de Malher, y la ópera Tannhäuser, de Wagner”. El Gran Concierto 2008 desafió doblemente al maestro Sánchez Haase, que dirigió un conglomerado de calificados instrumentistas internacionales, ante un público igualmente calificado, inteligente y curioso. Músicos y público se movilizaron desde diversos puntos de la geografía continental. 100 es un número tan fácil de memorar, como las veladas de este concierto, con una conformación orquestal de más de cien músicos, que incluyó invitados de Argentina, Brasil y Estados Unidos, cuya embajada auspició el acto artístico. A la pléyade que habitualmente asiste como público de los espectáculos de UniNorte, se sumó un número considerable de estudiantes y jóvenes de las filarmónicas de Coronel Oviedo, Villarrica y otros centros urbanos del interior del país. Este es un hecho auspicioso, ya que nuestros músicos no han tenido oportunidad de conocer el fenómeno sinfónico del siglo XX, fundamental en el desarrollo cultural actual.
La temporada se abrió el 11 pasado, día en que se cumplían 71 años del fallecimiento de George Gershwin (1898-1937), que también estuvo presente en el programa. No sé de dónde salieron las bocinas a corneta de auto, pero estaban allí, accionadas por el percusionista Cristhian Menelli, con las notas exactas que eligió Gershwin. Tampoco faltaron los saxofones que pide la partitura, instrumentos que normalmente no forman parte de las sinfónicas, pero sí de las bandas de jazz. La célebre, divertida y pegadiza obra Un americano en París, del no menos célebre y divertido compositor, se había popularizado a través de la película homónima protagonizada por Gene Kelly, y más recientemente, como banda sonora de conocidos dibujos animados de la televisión.
Al frente de la Sinfónica Municipal de Buenos Aires, nuestro compatriota Florentín Giménez había dirigido la Sinfonía Del Nuevo Mundo en los años ochenta. En su Japón natal, la hermana Josefina Yamada supo de la existencia de nuestro continente, cuando escuchó por primera vez la Sinfonía del Nuevo Mundo. Ella asistió al Gran Concierto llena de emoción, tras décadas de residencia en este país americano. La hermana Josefina en Japón y el maestro Giménez en Buenos Aires, presagiaban el Gran Concierto 2008, en que la obra de Dvorak sería interpretada por primera vez con todos los recursos establecidos por la exigente partitura. En el primer movimiento, en el solo de flauta de Guadalupe Planes, resaltó el fragmento de “Swing low, sweet chariot” que Dvorak había tomado de las bandas populares de jazz. Los sonidos del corno inglés de Robert Herman por su parte, endulzaron el Segundo movimiento, donde el compositor creó una melodía con estructura armónica y rítmica típica de los spirituals que cantaban los esclavos negros de Estados Unidos. Pero Dvorak no abandonó sus raíces checas en su gran obra. La extraña combinación de ritmos populares estadounidenses con clásicas formas musicales europeas, constituye el principal atractivo de la Sinfonía Del Nuevo Mundo. Aunque los vientos quedaron exhaustos tras el esfuerzo Del Nuevo Mundo, ante la insistencia del público, el maestro Sánchez Haase accedió a que la Orquesta interpretara fuera de programa, la “Fanfarria para un hombre común”, de Copland, una breve composición que permitió oír resplandecientes los excelentes timbales con que cuenta UniNorte, percutidos con destreza y sentimiento por Daisy Vivé.
¡Una fiesta inolvidable!
Rodolfo Gómez
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