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EXPRESION AL OLEO

Flores para la emoción

La pintora Marta Lía Caggiano de Rovira se expresa a través de “Aroma de flores”, una atrayente colección de 14 cuadros al óleo sobre tela. El trabajo está basado en bellezas paraguayas y puede verse en el Paseo de las Artes, del Mariscal López Shopping.


Marta es arquitecta, con cursos de posgrado en Urbanismo. Dice que amó mucho su profesión y la ejerció, pero la pasión por la pintura siempre pudo más. “Crecí en una casa con cuadros hermosos; mis padres eran paraguayos descendientes de italianos. Siempre me gustó dibujar y pintar: de niña hice dibujos a carbonilla con Ofelia Echagüe, que era una artista fenomenal”, recuerda Marta con placer. “A los 24 años me casé con mi primer novio, Joaquín (hoy mi esposo), luego fueron viniendo los hijos (4) y encontrar tiempo para la pintura era cosa difícil. En el año 79 nos mudamos a Ciudad del Este por el trabajo de mi marido y vivimos allá hasta el 2001. Cuando llegué a esa ciudad no había más que cursos de pintura en porcelana, así que los tomé. Fue una experiencia muy linda (con viajes y exposiciones en Ciudad del Este, San Pablo y Foz de Iguazú), pero yo quería pintar al óleo”.

–Era, o el óleo o nada.

–Creo que sí. Empecé como todo el mundo, con el abc de la pintura: la naturaleza muerta. En Ciudad del Este, hice un seminario con el profesor Gaja. Después, como iba y venía a Asunción, tomé cursos de arte con Olga Blinder. En el 2001 regresé con mi familia a Asunción; desde entonces me metí de lleno en la pintura. Estudié con Hernán Miranda, Beatriz Ortigoza y Félix Toranzos. Ahora estoy con la profesora Yuki Hayashi.

–¿Por qué elegiste pintar flores?

–Tengo otros motivos, pero esta exposición es de flores paraguayas (no solo nativas). La primera inspiración la encuentro en el jardín de mi casa, lleno de orquídeas. Y después en la calle; soy de las que para el coche y se baja fascinada a tomar fotos de las flores de la ciudad. ¿Nunca viste el samu’û que está en la esquina del colegio Cristo Rey? Cuando florece me enamoro de él. Lástima que su flor no dura. Y hasta hace poco estaban en flor los tulipanes de la India; vi unos en una vereda y le dije a mi marido “arrancame un pimpollo”.

–Una buena foto ¿no representa a la flor?

–Una foto puede captar la flor, pero la pintura lleva la esencia del pintor. Mi pintura trasmite mi estado de ánimo, puedo pintar estando triste.

–¿Y das flores tristes?

–También hay, por ejemplo, con colores apagados. Por eso me gusta el óleo, por los colores esfumados; nunca hice nada espatulado. Ya pensé en hacer flores marchitas.

–Es que las mujeres y las flores son comparables.

–Así dicen. Antes se decía que la mujer era como un flor, y que no se le debía pegar ni con un pétalo. Imaginate cómo estamos hoy. Bueno, pero yo no soy feminista, aunque sí defensora de los derechos de la mujer.

–Pintás chivatos, jazmines y mburucuyás, pero faltan rosas, margaritas y violetas.

–Pinto lo que me gusta, me impresiona. El ceibo, por decirte, lo fotografié en una ruta; es un árbol que está en extinción, eso me produce pena, preocupación; me hace pensar.

–Entiendo, y la rosa es una hueca presumida.

–La rosa me parece muy reina, las margaritas son bellas pero no me mueven, y pintar violetas me encantaría, pero nunca las vi florecer.

–¿Hay algún lugar en el mundo que te inspiró especialmente?

–Una villa en el sur de Italia. Tenía 30 mil vulgos de tulipanes, era impresionante.

–¿Pintás todos los días?

–No. En la casa siempre hay interrupciones. A veces vienen mis nietos (3) y me dicen: “¡Abuela, yo también quiero pintar!”, así que ahí se quedan al ladito mío, “pintando al óleo”. Para estar tranquila prefiero ir al taller porque ahí pinto, sin parar, desde las 9 de la mañana hasta la 1 de la tarde.

–¿Tu marido no odia nada de esto?

–(Sonríe) No, él me hace los bastidores con las telas, ¡y me financia!

–¿Será que esta exposición atraerá solo mujeres?

–No, hay muchos hombres sensibles a la belleza, capaces de comprar cuadros de flores para su sala.

–¿Qué te molesta que se diga de tus cuadros?

–No me gustan los cumplidos fingidos. Tampoco que digan “le hace falta más color”. Porque por algún motivo pinto ese cuadro con esa intensidad.

–El óleo no es para los ansiosos (por el secado), deduciendo: sos tranquilísima.

–Soy muy ansiosa y muy impulsiva, pero me gusta el óleo.

–¿Qué le aportás a la sociedad con esta exposición?

–Aporto belleza, romanticismo y esperanza. Siempre hay un pimpollo que florece.

–¿Cómo nos invitarías a disfrutar de “Aroma de flores”?

–Diría: “Vengan a enamorarse de las flores”, ¿te convence? No, mejor borrá eso. Yo no soy literata, mi expresión es la pintura. Vengan y sientan.


Lourdes Peralta

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20/07/2008 00:00:00