Sonó el teléfono. ..
Magdalena: ¡Holaaa!
Tía: ¡Aló! Soy la tía Elvira. ¿Cómo estás?
–¡Heeey! todo bien, ¿y vos?
–Bien. Estoy trabajando mucho, gracias a Dios conseguí un buen lugar que da la posibilidad de ahorrar un poco y enviar lo más que pueda a mis hijos. La vida aquí en Madrid está muy difícil, sobre todo si sos extranjera.
Magdalena: sí, me imagino.
Tía: ¿Y qué hay de novedad por ahí?
Magdalena: Todo sigue igual. Sin ningún salto importante, salvo la esperanza de toda la gente en el nuevo gobierno.
Tía: ¡Aay! ¡sí! No te hacés idea de la esperanza de la gente que estamos aquí, que no tuvimos más opción que venir hasta el otro lado del mundo, para poder conseguir un mejor ingreso económico –que no es tanto como se dice– y así darle la posibilidad a nuestros hijos de que estudien, cuiden su salud y más adelante, sean hombres de bien. No quisiera que mis hijos pasen lo que estoy viviendo yo aquí.
Magdalena: Sí, aquí se escuchan muchos casos de gente que tuvieron que dejar como podían a sus hijos e irse a buscar mejores ingresos.
–Pero te cuento una cosa... (la voz se quiebra y se oye un gran esfuerzo por decir unas palabras, como para no dejar caer algunas lágrimas). Además del dolor de dejar a los niños, de perdernos etapas importantes de sus vidas, de acompañarlos; muchas familias se pierden. Sobre todo cuando la madre o el padre sale de la casa, la unión familiar se quiebra, porque en su mayoría, los que vienen solos forman aquí otra familia, se pierden los vínculos con los hijos que quedan en Paraguay y los valores desaparecen.
Magdalena: eso se comenta...

Tía: No te hacés idea de lo que daríamos por volver. He conversado con varias madres y la gran preocupación gira en torno a lo que puede hacer el nuevo gobierno en cuanto a la necesidad de establecer una política laboral que permita a las madres volver junto a sus hijos y educarlos. Ahora, muchos no lo perciben pero si los niños se crían lejos de sus padres, podrían convertirse en un “chico problema”. No quisiéramos que la sociedad paraguaya sufra la inestabilidad de sus ciudadanos por falta de orientación familiar. Creo firmemente que todo comienza con la enseñanza en el hogar, pero si no podemos darles mínimas condiciones de crecimiento a nuestros hijos, qué más podemos hacer aparte de emigrar.
Magdalena: ... (silencio)...
Tía: Si yo tuviera la seguridad de que mis hijos tendrán buena educación y salud, y yo una oportunidad laboral no dudaría en volver. ¿Sabés si el nuevo presidente habló alguna vez de eso? De establecer una política laboral para las madres que queremos volver y ver crecer a nuestros hijos...
Magdalena: ... (siguió escuchando)...
Tía: Y esa es nuestra ilusión. Ojalá todos aquellos que son llamados a trabajar por el país lo hagan sin mirar quién está al lado y quién no. Que trabajen sin más condiciones que la de sacar del “fondo del pozo” a la familia paraguaya... Disculpá Magda, se acaba mi tarjeta... Les llamo en cualquier momento. ¡Besos a todos! Chau...
Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia.
¡Feliz domingo!
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