No hace mucho brindamos al Presidente electo, con formato de libro, algunos ensayos y sugerencias sobre la realidad nacional. Son añejos quebrantos que se hallan incrustados en el alma del pueblo; anhelos del hombre común que concurre a los mercados a sobrevivir, a los estadios de fútbol a olvidar sus penas y a las iglesias a buscar esperanzas; son, al fin, los motivos por los cuales la población se decidió por el cambio el 20 de abril del 2008.
En este artículo, además de lo ya expuesto en ese libro sobre energía y medio ambiente, cuestión que me cupo analizar, ampliaré algunas reflexiones sobre Itaipú, la institución más poderosa del país luego de la Presidencia de la República; pero antes, como es mi costumbre, les presentaré algunas palabras bíblicas (Apóstol Pablo), las cuales Fernando Lugo las conoce muy bien porque peleó, en su época de soldado en San Pedro, la buena batalla:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.
Pelear la buena batalla es incomprensible para muchos. Algunos creen que significa llegar a la meta velozmente y a cualquier precio; otros piensan que la misma dura toda una vida y se corre al ritmo cadencioso de las estaciones. Los más precavidos llevan poco peso y mucha valentía, así como Josué, Gedeón y David; los más incautos, como Goliat, llevan armas pesadas, corazas y yelmos que impiden la visión de su entorno y su libertad de movimiento. De cualquier manera, este combate está reservado solamente para hombres valientes que cambian el curso de la historia.
En Itaipú, los líderes del cambio no pasan una docena; la triste mayoría, anestesiada por el miedo y la grasa que ceban sus corazones, se ha encamado con la abulia y el poder de turno. Muchos gerentes y directores han hipotecado su libertad y dignidad a cambio de canonjías, prebendas, niveles salariales y puestos para sus parientes; al final, acaban sus días enfermos y solitarios, sin ninguna compañera de vida e hijos y nietos que acaricien sus canas.
El poder en Itaipú
¿Qué representó históricamente el poder en Itaipú? ¿La capacidad de firmar contratos sobrefacturados y directamente adjudicados, o la capacidad de formar clientelas políticas pensando en las próximas elecciones? Los hombres de bien creen que el poder político se utiliza para hacer el bien; los hombres malvados utilizan el poder para beneficio personal y para acrecentar su poder. Todos rendiremos cuenta de los talentos que nos entregan para administrar; yo rendiré sobre la pluma que hoy manejo; otros rendirán sobre sus cargos, muchos rendirán sobre sus muchos bienes, pero todos, absolutamente todos, rendiremos ante un tribunal supremo que no se vende.
Señor Presidente, en Itaipú subsisten hasta hoy grupos con mucho poder político y económico; algunos los llaman “barones” y otros “monjes negros”; todos ellos, sin Dios, sin patria y sin amigos. Son resistentes a los cambios políticos, a las auditorías y a las investigaciones periodísticas. Sobrevivieron en varios gobiernos colorados y pretenden seguir en el suyo. Están bien organizados y pertrechados; coparon todas las direcciones; manejan todos los contratos, especialmente los del transporte y las obras de “desarrollo”. Usan las asesorías, las oficinas de planificación, de control y hasta los sindicatos para sus fechorías. No tienen escrúpulos y, como toda alimaña, les temen a la luz y a la verdad. Controlan, además de las contratistas y las fiscalizaciones de la entidad, a casi todos los directores. Tienen, al igual que un “acuerdo constitucional”, la venia y la protección de políticos de mucho peso. Muchas de las empresas que los directores y altos gerentes manejan son de ellos mismos, pero a través de los testaferros.
Cifras que tumbarían cualquier gobierno
Dicen que en Paraguay cualquiera que tenga diez millones de dólares puede llegar a la presidencia, un millón a la senaduría y cien mil, a la Cámara de Diputados. La alternancia se logró rompiendo ese esquema maléfico y excluyente. Fernando Lugo representa el anhelo y la esperanza del cambio verdadero; no está atado, sino a su conciencia y al Dios de Abraham, de Isaac y Jacob, que lo puso en la primera magistratura de la nación. El país ya no podría aguantar otra decepción; si así ocurriese la Alianza Patriótica para el Cambio se diluiría en pocos años y el pueblo quedaría hecho trizas.
Hecha esta exposición política sería bueno que el Presidente sepa de la existencia en Itaipú, me consta, de grupos que hicieron de todo para que su candidatura fracase. Esos quieren reciclarse prendidos de la nueva administración que viene. Están conformados por ex directores, altos gerentes, contratistas, sindicalistas y logias oscuras que fueron desplazados por la administración de Federico Zayas. Temen a los patriotas y hombres libres y los consideran “peligrosos” y “conflictivos”, pues no se prestan a sus negociados.
Los dilemas de Mateo
Si Mateo Balmelli escucha los cantos de sirena de estos cíclopes del poder, su administración será efímera y habrá terminado como una hierba del campo. Los artesanos de la patria contratista sumados a la arrogancia de Nicanor y la soberbia de Bernal hicieron que el Partido Colorado caiga estrepitosamente. No podemos darnos el lujo que le pase lo mismo a la APC.
Muchos políticos como Calé, que manejaban los tres poderes del Estado sin ningún mérito académico, hicieron que especialistas, técnicos, PhD y Master hoy estén sujetos a juicios por enriquecimiento ilícito y a la devolución de los bienes que escamotearon al pueblo. Muchos de estos acabarán sin sus fortunas, sin prestigio y con vergüenza. Los que optaron por la dignidad, al igual que Borda, Canese, Cardozo Florentín y otros anónimos, siempre tendrán una segunda y tercera oportunidad. Como dice el poeta: “El que canta a la belleza, aunque esté en el medio del desierto, siempre tendrá público”.
La tabla (ver la infografía que acompaña este materia) nos muestra, como la punta de un témpano, lo que la Contraloría General de la República encontrará después del 15 de agosto.
Sería prudente nombrar a otros patriotas y valientes en los demás cargos del Directorio y del Consejo de Administración; solo estos podrán abrir las pesadas puertas de la corrupción y del entreguismo más perverso de nuestra historia; de lo contrario, los pesos pesados del “baronazgo”, sumados a los especialistas de Itamaraty, que quieren mantener el statu quo, le arrollarán a nuestro estimado Mateo Balmelli ¡Sr. Presidente, aún está a tiempo, así como el Rey David, de rodearse de valientes! No todo lo que brilla es oro y no todos los “luchadores sociales” son tales.
(*) Ingeniero agrónomo. Empleado de la Itaipú hace 29 años.
Columnista invitado
Ing. Luis María Fleitas Vega (*)
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