Con la colaboración del doctor Rogelio Careaga, economista paraguayo radicado en Pennsylvania, quien conoció a Joseph Stiglitz cuando este era profesor en la Universidad de Stanford y él candidato a PhD en esta prestigiosa institución, contactamos con el Premio Nobel de Economía y viajamos a Nueva York a entrevistarlo. Confirmó que viene al Paraguay del 13 al 15 de agosto y que estará en la toma de poder de Fernando Lugo. Se mostró genuinamente entusiasmado con el momento histórico que vive nuestro país y dijo que está dispuesto a colaborar y compartir sin costo sus experiencias con el nuevo gobierno.

El Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, conversa con ABC en su oficina en la Universidad de Columbia.
NUEVA YORK (Armando Rivarola, enviado especial).- Todavía faltaban unos minutos para la hora pactada para la entrevista. El doctor Careaga y yo hacíamos tiempo en el lobby del edificio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, en la alta zona oeste de Manhattan, en cuyo octavo piso Joseph Stiglitz tiene su oficina, cuando pasó raudamente un hombre de unos 60 y tantos años, algo desarreglado y con unos cuantos kilos de más, poco pelo y barba emblanquecida, mirada vivaz y buen humor. Stiglitz en persona.
Nos acercamos a presentarnos y nos respondió con suma cordialidad. “He venido del Paraguay a entrevistarlo, profesor Stiglitz, el diario ABC Color y nosotros le estamos muy agradecidos por recibirnos”, le dije. “¡Soy yo el que tengo que entrevistarlos!”, me contestó, mientras nos invitaba a subir con él en el ascensor.
Y así fue. Nos hizo muchas preguntas sobre el país con verdadero interés. Quería saber por qué el Partido Colorado continuó en el poder luego de la caída de la dictadura y por qué fue derrotado en las últimas elecciones. Preguntó sobre Lugo, sobre el poder real y el nivel de intervención de las Fuerzas Armadas, sobre el grado de injerencia de los Estados Unidos, sobre la libertad de prensa, sobre la corrupción, bastante sobre Itaipú.
Le dijimos que el Partido Colorado es una organización poderosa, que aún tiene muchos adherentes en el Paraguay. Pareció entenderlo mejor cuando lo comparamos con el PRI de México. Le hablamos del perfil y la popularidad de Fernando Lugo, de su coalición con el principal partido de la oposición y del descrédito en el que había caído el gobierno saliente como un conjunto de factores que precipitaron el golpe político de timón, aunque él mismo se encargó de puntualizar que estos son nuevos tiempos y que los vientos de cambio están soplando en todas partes.
También conversamos sobre la necesidad de institucionalizar el país y acabar con la alta corrupción. Asimismo, sobre las relaciones con el Brasil y los Estados Unidos, las hidroeléctricas binacionales y la adminstración de los recursos naturales.
Su curiosidad no se sacia fácilmente, pero tuve que interrumpir, porque de lo contrario realmente los entrevistados habríamos sido nosotros, los lectores perderían todo interés y yo probablemente me habría quedado sin empleo.
-Profesor, hemos viajado hasta aquí porque en el Paraguay se ha informado que usted será asesor del nuevo gobierno, ¿es así?
-(Se ríe con ganas) ¿Es eso cierto? ¿Es lo que están diciendo? Okay, por mi parte, yo estoy muy interesado.

Entrada principal de la célebre Columbia University, en Nueva York, donde Joseph Stiglitz investiga y enseña en la Escuela de Negocios, el Departamento de Economía de la Escuela de Artes y Ciencias y la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales.
-Aceptará el ofrecimiento, entonces.
-Bueno, estoy yendo para allá, voy a reunirme con las nuevas autoridades, y estoy muy ilusionado con el prospecto.
-¿Podemos preguntarle si son muy elevados sus honorarios?
-En casos como estos, yo no cobro. Obviamente, la primera transición pacífica y democrática de un partido a otro en la historia del Paraguay es un tiempo sumamente excitante. Si hay algo en lo que yo pueda colaborar, estaré honrado de hacerlo, dentro de mis posibilidades y en todo lo que esté a mi alcance.
-Esa es una gran noticia.
-América Latina ha enfrentado tiempos muy difíciles, política y económicamente. Ahora por suerte los miembros de los gobiernos representan los intereses de mayorías más amplias de la sociedad y son mucho más controlables democráticamente. Pero es un desafío enorme hacer que las democracias realmente funcionen y no podemos negarnos a ayudar si algo está en nuestras manos.
-Fortalecer la democracia sigue siendo la prioridad.
-Absolutamente. Podemos tener elecciones aparentemente libres y aun tener democracias distorsionadas. No solo en América Latina. En los Estados Unidos tuvimos una elección robada en el año 2000. Como digo, hacer que la democracia funcione no es fácil, y es algo muy apasionante trabajar en ello, tanto en la agenda económica como en la agenda democrática.
-¿Cuál sería su función?
-La pregunta que cualquier asesor de cualquier gobierno necesita hacerse es cuál es el rol del extraño. Difícilmente alguien de afuera conozca los detalles, los matices, las particularidades de un país. Sin embargo, hay muchas experiencias que otros han atravesado, similitudes, problemas comunes en un mundo globalizado, que alguien como yo, que ha recorrido tantos países y los ha estudiado, y que incluso ha estado en la administración gubernamental, puede intentar traer a consideración. Pienso que lo mejor que podría hacer es eso, tratar de compartir algunas de esas experiencias.
arivarola@abc.com.py
MAÑANA: qué piensa Joseph Stiglitz sobre la postura paraguaya en Itaipú.
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