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Urge un “golpe de timón” a la industria cementera del país

Lo que ha venido sucediendo con la producción y comercialización de un material clave para la industria de la construcción revela que somos un pueblo “extremadamente generoso” con los gobernantes de turno: siempre dispuesto a dar todo a cambio de nada. El desabastecimiento del cemento es un problema que el país viene arrastrando hace dos décadas, sin mencionar las arbitrariedades y el enorme latrocinio cometidos durante la pasada dictadura de stronista en la Industria Nacional del Cemento (INC).


A raíz de esta situación, las obras públicas y privadas están constantemente sujetas a incrementos de costos, muchos se ven obligados a pagar coimas para poder acceder a un volumen mínimo de cemento, y así evitar la paralización total de sus trabajos, lo que, a su vez, ocasiona atrasos en los plazos contractuales, perjudiciales para el cliente y para el contratista. Por el lado de los obreros de la construcción, estos sí son víctimas indefensas, porque ante la falta de cemento nadie le repone el jornal perdido, situación muy injusta en mi opinión, sobre todo si la comparamos con el “resarcimiento” que reciben habitualmente los pescadores en épocas de veda. Todo un tema aparte a analizar.

Este viejo mal pareciera que no va a tener una modificación con el nuevo gobierno, que podría estar cayendo en el mismo error de los colorados que nunca se mostraron dispuestos a buscar soluciones duraderas. La escasez de cemento se ha estado agravando, porque tampoco se consigue el producto en los mercados limítrofes, debido a la alta demanda que tiene en estos países, que no deja excedentes para la exportación en cantidades suficientes.

Cada día perdido en encontrar una solución adecuada a este drama, el perjuicio seguirá en aumento y la economía paraguaya no podrá superar el estancamiento, no generarán los empleos prometidos y no se podrá combatir la pobreza, porque el cemento es uno de los componentes vitales en ese menester. No obstante, se habla de algunas opciones, entre las cuales podemos citar las siguientes dos: 1) la modernización de las plantas de Vallemí y Villeta, propiedades de la INC, y 2) la instalación de nuevas fábricas con capital privado, sin compromiso financiero para el Estado. Supongamos que el Gobierno se decide por la primera, habrá que ver de dónde va a conseguir el financiamiento, y si estaría de acuerdo con que el Estado avale nuevos préstamos, cuyo monto estaría por los 45.000.000 de dólares.

Inyección de capital privado

Los gremios de la construcción han sugerido inyectar capital privado a la empresa estatal, lo cual requerirá de un marco jurídico que no existe garantice. Previamente, se requerirá –con suma urgencia– responder a las siguientes preguntas: a) cuál de las partes se hará cargo de las deudas de la INC con el Estado paraguayo y con la ANDE por el consumo de energía, y b) quién se hará cargo del pasivo laboral, que representaría unos 40.000.000 de dólares. Considerando la urgencia del caso, cualquier postergación significará mayor incertidumbre para el futuro de este ente.

También habría que analizar el papel que van a cumplir en esta ocasión los ¡nueve sindicatos! de la INC. Cabe recordar que en 1995, una de las tantas y efímeras administraciones de la empresa realizó una licitación pública internacional, con el objeto de recuperar los dos hornos de clínker mal transformados durante la dictadura stronista, y que había enviado “por las cañerías” nada menos que 62 millones de dólares. Iba a ser un proyecto con financiamiento del propio contratista, y que sería pagado con clínker hasta su amortización total, permaneciendo los hornos y las mejoras como propiedad del Estado. El proyecto provocó airadas reacciones de los sindicalistas en Vallemí y Villeta, y el proceso se frustró una semana antes de la presentación de las ofertas. A esta altura la empresa hubiera estado trabajando sin mayores sobresaltos, con suficiente clínker y, quizás, con recursos como para ejecutar algún proyecto de actualización tecnológica. Pero hoy esos dos hornos son chatarras inservibles.

¿Petrodólares?

Por otra parte, hay versiones de que el dictador venezolano, Hugo Chávez, planteó a Fernando Lugo financiar la modernización de la INC. Pero aquí surge la pregunta: ¿a cambio de qué? Si hoy nos estamos lamentando de nuestra suerte en Itaipú y Yacyretá, ¿qué podríamos esperar si llegásemos a adoptar la misma figura para la industria del cemento? En todo caso, hasta este momento nadie está sopesando la grave situación de desabastecimiento que puede empeorar los próximos años, y aún cuando se adoptase una solución en los tres años siguientes, seguiría siendo imposible conseguir fuente alternativas importantes de suministro de cemento en la región.

Lo mejor que puede hacer el nuevo gobierno es abrir el mercado, facilitar la venida de inversión privada, sustentar reglas claras del juego y administrar la INC bajo criterios empresariales, de modo que no siga siendo un “botín de guerra” para nadie.


Julio Alberto Fleitas

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Ultima actualizacion:
03/08/2008 00:00:00