A través de la historia, el dinero ha tenido un rol protagónico en la vida humana. La educación, la salud, el trabajo, la producción han dependido y están cada vez más influenciados por el factor dinero. Nuestras relaciones interpersonales también suelen sufrir alteraciones por el dinero y hasta nuestra tranquilidad y nuestro futuro dependen del dinero.

Muchas veces contamos con el dinero necesario como para no preocuparnos, pero a veces se convierte en una adicción. El dinero es un medio y no un fin, y su destino es la circulación. La expresión máxima del materialismo es el dinero y su sentido es el consumismo. Sin embargo, hay cosas que el dinero no puede comprar, cosas no tangibles como son los sentimientos, los afectos, el amor, la amistad, la compasión y otras cosas más. Lo mejor de la vida no tiene precio, como por ejemplo: un día de sol o de luna, observar el cielo estrellado, la primavera, los colores en otoño y el buen humor, pero hoy día, todo eso no nos alcanza para vivir. Nuestro relacionamiento con el dinero determina nuestros valores y la importancia que tiene para nosotros expresa nuestra forma de ver el mundo.
El dinero significa poder
El poderoso necesita dinero para sentirse superior, pero no tiene importancia a la hora de buscar trabajo, ya que en ese momento sólo importa la tarea que debe ser desarrollada. Muchas veces, el dinero se convierte en un enemigo nuestro, divide a la familia creando resentimientos y envidias, conduce a una decadencia moral. De nosotros depende la forma correcta de utilizar el dinero en beneficio de las personas que nos rodean y, de esa manera, llegar a formar parte de una sociedad sana.
EL HOMBRE DE PLÁSTICO
Mientras en el mundo existe una extrema pobreza, hay una sociedad opulenta en Occidente que está enferma. De ella surge el hombre de plástico, expresión fiel del materialismo y el individualismo, sin moral y valores. El objetivo principal de su vida es el bienestar, por lo tanto, su modo de vida se centra en el consumo y la búsqueda del placer sin compromisos. Es un hombre hueco, con título pero sin información, superficial, frívolo e indiferente. No tiene convicciones firmes; le complace ir a la deriva con un sólo interés: la moda y su comodidad.
El dinero lo tiene para que los demás lo tengan en cuenta, apoyándose en una máscara que lo libera de los vínculos sinceros. El hombre de plástico se dobla, no se rompe, porque transita un camino sin riesgos. Este tipo de personalidad es el producto de una sociedad que prioriza el dinero y anula la dimensión afectiva y espiritual del hombre.
El hombre quiere ser libre y en nombre de esa libertad se queda solo y sin ideales, endiosando lo más oscuro de sí mismo, perdiéndose en un laberinto sin salida y sin objetivos. No tiene realizaciones personales y el bienestar le proporciona una felicidad de plástico. Su identidad se basa en el traje que usa, la casa que tiene, el auto último modelo que tiene; sus temas de conversación giran alrededor de la vida ajena, los viajes, los espectáculos y las últimas adquisiciones realizadas. Debemos destacar que cuanto mayor es la abundancia, menor es su capacidad espiritual e intelectual. El lema del hombre de plástico es pasar bien, sin ánimo de aspirar a otra cosa más.
Y tú ¿qué clase de hombre quisieras ser? ¿Un hombre de plástico?
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