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PERSPECTIVAS

Mi tío “el presidente”

El tema de la parentela siempre fue difícil. Quién no sufrió de niño aquello de “dale un beso a la tía Clotilde”. O “dale un besito al primito, al tío, a la madrina, a la abuela”. Después uno crece y va conociendo mejor a los parientes. Hay familias que se quieren mucho y otras que no se pueden ver ni en figuritas. Muchos parientes son insufribles y uno, que trata de ser íntegro, termina preguntándose sobre las diversas deformaciones de la estirpe.


En el nuevo gobierno, todos dicen que buscan un equipo “de confianza”, aún predomina el vicio de querer meter a un chorizo de familiares. Después del escándalo por el sobrino de Lugo, la gente empezó a atender policialmente a quiénes ponían en cada cargo, aunque sabemos que larga es la fila de los que esperan ubicarse en algún puestito. Tenemos que definir capaz de qué, porque el tema es ser capaz de trabajar hon- radamente por el bien de todos.

La bola crece cuando los hijos, sobrinos, primos, hermanos empiezan con descaro a rondar al pariente que está mejor ubicado. Esa droga no la podemos dejar. ¡Cuánta parentela ansiosa por sumarse “al cambio”!

El desfile de candidatos/as es un carnaval de ambiciones. Algunas ya se hicieron chapa y pintura para festejar este patriotismo que llegó inesperadamente. ¿Dónde habrán estaban estos fanáticos del país? ¿Qué hacían? ¿Cómo eran sus vidas y sueldos?

Los que no somos empleados públicos dormimos más tranquilos y estamos expectantes de que se cumpla lo anunciado: que habrá selección, orden, que de nepotismo, clientelismo y amiguismo, cero (que sean ceros a la izquierda). A mí la piedra que me queda en el zapato es este aguante que hay que hacerle a la transición. Me pone de mal humor sostener a tantos oportunistas “parientes de”, que ya venían ocupando cargos. No tengo ganas de analizar; vendría mejor una escoba justiciera que barriera con todos los que están colgados de las ubres del Estado. En el Paraguay que heredamos y sostuvimos, la rectitud y la virtud siempre acabaron mal paradas.

Hoy necesitamos despertar, ser de otra manera, vivir con moralidad y espiritualidad. O no habrá cambio alguno. Bien se puede abandonar el sueño mediocre de que ser funcionario público es una lotería. En la vida hay otros caminos de realización personal y social. Obviamente, todos necesitamos de los funcionarios públicos, pero no de los parásitos que sostienen una estructura injusta de poder, sino de los que ansían ejercer una vocación de trasparencia, agilidad y servicio.

Fernando Lugo ganó las elecciones porque a la gente le parece un buen tipo, sin mancha. Esperemos que no aparezcan parientes por doquier mal usufructuando esa bondad; que no suceda con él, ni con Franco, ni con cada uno de los que cortarán la torta y repartirán los bocaditos laborales. En este nuevo tiempo debe prevalecer la idoneidad y no el chantaje familiar. Basta de protegidos, no queremos más favoritismo a los parientes.

Por eso, que los mismos familiares del presidente, el vicepresidente, los ministros, jueces y parlamentarios tengan la altura de no andar merodeando como buitres detrás de la podredumbre que queremos enterrar: el acomodo, la prepotencia, el robo, el “¿Usted no sabe que soy la hija del padrino del primo de la mamá del gran fulano?”. A ver si aprendemos que la familia somos todos o no somos nada.

lperalta@abc.com.py


Lourdes Peralta

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Ultima actualizacion:
17/08/2008 00:00:00