Hace una semana era el primer domingo con nuevo Presidente de la República, ya en pleno ejercicio de sus funciones. Estaban aún vigentes los comentarios sobre el traspaso de mando, el look de Lugo, las llegadas y declaraciones de cada uno de los gobernantes extranjeros que participaron del acto. Se recordaba el “sí, juro” a gritos del ex obispo, los stiletos de Cristina Fernández de Kirchner perfectamente combinados con su cinturón y carterita, el discurso dificultoso para González Quintana.
Igual que el estribillo “caaambia, todo caaambia!” del trío Lugo-Congo-Chávez, el juramento de los nuevos ministros, los suspiros que arrancaron de las chicas Felipe de Borbón y Rafael Correa, el tosco ataque de los guardias del mandatario venezolano al trabajo de periodistas y los primeros decretos firmados por Fernando Lugo en Palacio de López, hace exactamente 7 días.
Hoy, una semana después, la ciudadanía sigue atentamente cada día de gobierno pero ya hablan de otros temas: el temor de una barrida de los funcionarios públicos, las primeras jornadas de trabajo de los ministros y directores de entes estatales, diagnósticos, planes de acción y las audiencias de diferentes sectores en el Palacio de Gobierno. También ya se reclama al mandatario porque no está cumpliendo sus promesas inmediatamente. En fin, hay comentarios en cantidad y variedad, conjeturas y más.
Ahora es tiempo de que el pueblo, como célula de este país que es, piense, comente y asuma el rol fundamental que tiene para los cambios tan peticionados al gobierno.
A propósito de una nueva etapa de la historia que debemos escribirla entre todos. Las cadenas de emails, por lo general, leerlas y reenviarlas son un fastidio. Hace un tiempo llegó a mi casilla electrónica un mensaje titulado “Paraguay. Léelo atentamente”. Lo envió un amigo, pero este a su vez seguía una larga cadena que no pude identificar quién la inició. La intención de la cadena era difundir entre la mayor cantidad de pobladores de la tierra guaraní que algo estaba pasando con nosotros, como materia prima de un país. Citaba una serie de defectos que nos impide ser mejores como población.
Sabemos que se evaden impuestos, se piden coimas, se falsifican certificados, licencias para conducir, se adquieren puestos de trabajo más por favores que por idoneidad. Conocemos de la lamentable irresponsabilidad, de la ausencia de memoria política e histórica y de mucho más.
En contrapartida, cada paraguayo y paraguaya es noble. Aunque a veces apáticos para hacer prevalecer sus ideas y para discutir a cualquiera con orgullo patriótico.
El pueblo paraguayo es grande y capaz de tomar sus decisiones. Paraguay se dio cuenta de que puede; así lo demostró cuando fue a las urnas el 20 de abril, haciendo valer su voluntad, con una jornada destacada por un elevado espíritu cívico, con una participación masiva y tranquila. No hace falta que te llegue el email que a mí me llegó. Tampoco es nueva la premisa del determinante papel de cada ciudadano para forjar lo que cada uno desea para sí mismo, para sus hijos y para sus compatriotas. Cada uno de nosotros puede contribuir con una conducta democrática, honesta y humana.
Lilian Sánchez
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