La pesadilla que vivió la estudiante de Derecho baleada, Leticia Verónica Lugo Frasqueri (20 años), fue indescriptible. Ahora intenta recuperar su vida y ruega que sea con normalidad, aunque todavía tiene una bala en la espalda. En esta nota relata lo que vivió la noche del ataque.

Al pie de su cama Verónica tiene la imagen de la Virgen “que la protegió y protege siempre”, dice su mamá, Ramona de Lugo.
Cuando uno ingresa a su dormitorio, claramente se percata de que hace solo unos años dejó la adolescencia. Peluches y un edredón con distintivos infantiles la delatan.
Fue la misma chica que puso en vela, por una semana, a la opinión pública, debido a que al mando de su vehículo “corrió para salvar su vida”. “Hace un año que manejo, no soy experta, pero mi hermano me suele llevar al autódromo para practicar cómo girar, perfeccionarme”, aclaró nuestra entrevistada.
Verónica volvió a rememorar lo que vivió el pasado viernes 22 de agosto. A continuación, una nota extensa, ahora en su fase recuperatoria.
–¿Podés relatarnos lo que viviste?
–Estaba estacionada a una cuadra de la entrada a Itá; tenía necesidades fisiológicas, quería orinar, más exactamente. Me bajé del auto, el motor estaba apagado; miré si no había nadie; luego una camioneta, totalmente con las luces apagadas, se acerca y prende las luces por mis partes íntimas. Me asusté, subí a mi auto, al subirme se bloquearon las puertas, en eso se acerca todo la camioneta, se bajan cinco policías y rodean mi auto.
Uno de ellos –continúa–, a quien identifiqué perfectamente por televisión, un gordito, peladito, medio enano (sería el suboficial Néstor Darío Chaparro), me rompió el vidrio, no sé si con el codo o la mano, diciéndome: “bajate”. Pronunció guasadas que ni siquiera quiero reproducir. Me asusté, traté de encender mi vehículo, sonó la alarma, no podía, y gracias a Dios que arrancó no sé cómo y salí disparada del lugar.
–¿No te pidieron nada, algún documento?
–No, no, no me pidieron ningún documento. En un primer momento yo bajé el vidrio y le pregunté: ¿qué pasa?, ¿quiere mi documento?, ¿qué quiere?, porque tenía todo yo. Ni siquiera me preguntan qué hacía en el lugar, solo me decían: “bajate, bajate”, en tono más alto, fuerte y chocante.
–¿Desde ese momento te siguieron?
–Sí, me siguieron.
–¿Recordás desde qué momento empezaron a disparar?
–No fue al principio; al comienzo solo querían echarme a la banquina, con el vehículo hacia el costado, me apretaban para que me caiga. No disparaban todavía, no gritaban nada...
–¿Te hacían gestos?
–Sí, frente al Real (supermercado, Acceso Sur). Eso fue, ya cuando se acercaron a mí, se pusieron a mi lado y me trataban de disparar a la cabeza. Me hacían gestos, me sacaban la lengua de manera morbosa, se reían de mí y trataban de apuntarme. Ellos estaban jugando conmigo.
–Creíste que eran balas de goma...
–La verdad es que primero pensé que eran de goma, parecían pedregullos, nada más, porque ellos venían atrás de mí, pero cuando me alcanzaron frente al Real vi que eran balas de verdad. Más me di cuenta cuando me dieron en la pierna izquierda y vine manejando de ahí con la pierna derecha porque se me quedó la otra inmovilizada. Pude llegar a mi casa, pero ahí no fue todo, porque llegué y ellos seguían disparando.
–¿Te diste cuenta de que ya eran varias patrulleras las que te seguían?
–Sí, claro que me di cuenta, porque eso ya fue cerca de Ytororó que vinieron como tres patrulleras más detrás mío, ya eran cuatro.
–¿De todas las patrulleras sentías que disparaban o solo la que empezó la persecución, de Itá?

Leticia Verónica accedió a hablar de manera extensa pese a los dolores propios tras haber recibido tres balas.
–Yo no pude percatarme porque del susto no me recuerdo bien. Pero el que sí me sacaba la lengua y trababa de dispararme a la cabeza era ese rubio que aquí a mi casa vino (sería Antonio Peralta Velázquez) y me bajó del cuello luego, y es el que ahora está llorando y dice que tiene hija, que tiene una mujer embarazada, y es el que peor me hizo.
–¿El se unió a la persecución?
–Sí, ahí, eso sí me acuerdo porque no era de Itá. Los de Itá solamente este enanito sin cabello es el que me acuerdo que rompió el vidrio.
–¿A cuántos policías estás dispuesta a reconocer?
–Dos, tres por ahí. Porque cuando me bajé acá en mi casa, otro me dice: “por qué corriste”, en mi cara. La sangre le puse al rubio que me agarró del cuello, el que tanto ahora se lamenta por su hija, pero jamás pensó en eso cuando me estuvo disparando; se ve que ni siquiera su familia le importa porque ahora recién está pensando en eso. Qué lástima, yo no le guardo rencor, pero sí me da lástima.
–¿Hasta ahora creés que ellos te quisieron hacer algo, abusar de vos?
–No encuentro otra explicación. Yo creo que me querían violar, matar y dejarme por ahí y llevar mi auto, era lo que venía pensando en todo momento.
–¿No pensaste buscar auxilio en algún lugar del trayecto?
–Si entraba en una estación de servicio, ahí mismo me acribillaban. ¿No ves?, entré a mi casa pero igual me seguían disparando. ¿Qué iba a pasar?: un playero no me iba a defender de quinientos tipos que me están persiguiendo con armas de fuego. Si entraba a una comisaría, igual me iban a hacer. Si entraba en el peaje, en el peaje no había nadie, un alma en pena en el peaje, y tuve que pasar de largo.
–¿No pensaste que al llegar a tu casa te iban a seguir disparando?
–No, ni se me pasó por la mente porque yo ya paré, ya frené en frente de mi casa. Me balearon estando de espalda, a quemarropa, igual, si ya no estaba corriendo y me bajaron del cuello. Solo me acuerdo que llegué a mi casa y sentí que me dieron, estaba con mis cinco sentidos. Perfectamente me acuerdo en dónde fue cada bala. La de mi pierna fue frente al Real y la de mi espalda fue aquí en mi casa.
–¿Qué pensás ahora, que solo cuatro de ellos dieron positivo a nitritos y nitratos y tu auto tuvo más de veinte disparos?
–Mi papá me explicó, él tiene una armería; dice que para pasar la parafina es fácil: apenas disparan, se orinan por la mano, se pasan todo querosén, creo que, y se lavan bien la mano y por eso pasan. Ellos saben perfectamente cómo hacer, toda su vida manejaron armas.
Mañana: Verónica dice que las acusaciones en su contra son una mentira.
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