Los sucesos políticos a raíz del juramento de Duarte Frutos,maniobra llevada adelante por el presidente del Senado,González Quintana,no pudieron ser el resultado de la inspiración improvisada de uno de los dos.Tiene que ser parte de un proceso,concebido con anticipación y ejecutado con la malicia como para tener diseñado cada paso y medidas sus consecuencias.Pero no habrán sido los dos principales actores de este caso,Duarte y Oviedo,y sus estrategas los únicos.Es obvio que para EE.UU.,Argentina y Brasil en particular este último,no era lo mismo que triunfase la candidata de Duarte que Lugo.Con Ovelar todo continuaría igual.Yacyretá,Itaipú,las farsas integracionistas del Mercosur,etc.Con Lugo,estos nudos conflictivos tendrían un derrotero impredecible y posiblemente desagradable.
Los sucesos políticos que se precipitaron a raíz del juramento forzado de Nicanor Duarte Frutos, maniobra llevada adelante a los ponchazos por el presidente de la Cámara de Senadores, Enrique González Quintana, no pudieron ser el resultado de la inspiración improvisada de uno de los dos o de ambos. Tiene que ser parte de un proceso de mayor aliento, concebido con anticipación y ejecutado con la malicia indispensable como para tener diseñado cada paso dado y medidas sus consecuencias.
¿Qué grupo político o quiénes fueron los primeros en idear y luego proponer la candidatura de Enrique González Quintana para la presidencia de la Cámara de Senadores? He aquí una buena cuestión inicial a ser indagada y develada. Porque ahora queda claro que este político fue puesto en ese cargo precisamente para promover y facilitar lo que se está ejecutando y, consecuentemente, lo que vendrá después, que todavía ignoramos. Si bien aparenta que esa elección del actual titular del Senado fue el resultado de algo normal, que contó con la anuencia de los legisladores de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), no es menos cierto que estos tuvieron que tragar sapo para conseguir una alianza necesaria en estos momentos para el gobierno de Lugo. Por supuesto, con el beneplácito de oviedistas y colorados.
¿Quiénes más, aparte de sus ya escasos partidarios, tendrían tanto interés en que Nicanor fuera senador regular, aun teniendo para ello que enfrentar tantos obstáculos y generando una larga y onerosa crisis?
Si se recuerda que como senador vitalicio no podría presidir el Congreso pero en esta otra condición sí, tal vez se podría inferir que existe una intención subyacente, aunque hoy de difícil concreción: convertirlo en presidente del Congreso y, en tal posición, posicionarlo en segundo lugar en la lista de sucesión al cargo de Presidente de la República.
Si se toma en cuenta que Duarte Frutos inventó e impuso a su partido las candidaturas de su ministra Blanca Ovelar y de su amanuense Santacruz para quedar él mismo en la estratégica posición de primer senador y heredero al trono, confiando en que manejaría a su antojo a Ovelar y a Santacruz e, inclusive, llegado el caso, en que tendría la capacidad de forzar a ambos a renunciar y dejarle expedito el camino a la primera magistratura (repitiendo la loca pero exitosa aventura de Lucho González), entonces todo este intríngulis comenzaría a tener sentido.
¿Qué papel podría estar cumpliendo en todo esto Lino Oviedo, cuya ascendencia intelectual y política sobre González Quintana es obvia y pública? La rapidez judicial súbitamente aplicada a sus procesos ya dio la evidencia clara e inconfundible de que Nicanor había pactado con Lino. Un arreglo en el cual el primero ordenaría a sus fiscales, jueces y magistrados que arreglen rápidamente la libertad del militar y la solución de sus procesos pendientes. Pero… ¿con qué contraprestación le compensaría el favorecido?
Esta pregunta nunca acabó de responderse, pues se especulaba con que el Unace retribuiría con apoyo electoral, que no sucedió; después, con que el apoyo se daría en el Congreso para que la presidenta Blanca Ovelar tuviera gobernabilidad, pero al triunfar Lugo este servicio dejó de tener sentido. Siguiendo esta línea especulativa, sucedería que Lino Oviedo y el Unace aún tienen impaga su factura con Nicanor.
El triunfo de Fernando Lugo no era un hecho con posibilidades suficientemente altas hace veinte meses. Después, cuando las encuestas fueron levantándolas, tanto Duarte Frutos como Oviedo –y algunos estrategas más– tuvieron que comenzar a imaginarse a sí mismos en la eventual posición de perdedores. ¿Qué hacer entonces? ¿Planificar sus acciones futuras juntos o separados? La libertad y la agilización judicial concedidas a Oviedo nos responden a esta última cuestión.
Pero no habrán sido ellos y sus estrategas los únicos en dibujar un cuadro de futuro sin eliminar ninguna alternativa política. También se habrá hecho lo mismo en algunas embajadas extranjeras acreditadas en nuestro país y en sus respectivas cancillerías. Es obvio que para EE.UU., Argentina y Brasil –en particular para este último país– no era lo mismo que triunfase la candidata de Duarte Frutos que Fernando Lugo. Con Blanca Ovelar todo continuaría igual: Yacyretá, Itaipú, las farsas integracionistas del Mercosur, etc. Con Lugo, estos nudos conflictivos tendrían un derrotero impredecible y posiblemente desagradable.
Si esta grave crisis que paraliza actualmente al Senado es un eslabón más de una cadena de acontecimientos pensados, previstos, diseñados hace mucho tiempo; si es parte de un plan en el que estén directamente involucrados Duarte Frutos, Lino Oviedo y sus respectivos equipos y grupos; si alguna potencia extranjera les apoya, o siquiera les envía señales complacientes, estaríamos ante una conspiración formidable, con los ingredientes principales para alcanzar el éxito.
¿Cuál sería el objetivo central de esta eventual conspiración? Ningún otro, por supuesto, que el socavamiento del novel gobierno y poner a Lugo entre la espada y la pared, forzándolo a negociar, a aliarse o a renunciar. En el último de los casos, para destituirlo a él y al vicepresidente Franco por medio del juicio político o por algún otro mecanismo que en nuestro país –y en nuestra justicia– es fácil inventar.
Queda suspendida una última especulación: el retorno triunfal del oviedismo al seno del Partido Colorado. ¿Quién estaría tan feliz como el nicanorismo de que esto sucediera? No se nos ocurre pensar en nadie más que en Itamaraty. Manejaron y se aprovecharon tan bien de este país con el Partido Colorado, durante los últimos cincuenta años, que en sus oficinas de Brasilia deben estar soñando despiertos con su retorno al poder.
Algunos podrán acusarnos de formular especulaciones febriles. Sin embargo, nadie podría alegar que carecen de fundamento en los hechos reales y en la experiencia histórica. Aunque debemos decir nuevamente: ojalá no pasen de ser especulaciones febriles, para bien de nuestro castigado país y de nuestros descendientes, que no merecen heredar esto.
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