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AMERICA LATINA ES LA REGION MAS DESIGUAL DEL PLANETA

La pobreza se combate con equidad y una alianza Estado-empresas

Para el economista y sociólogo argentino Bernardo Kliksberg un tema central para América Latina es reducir las desigualdades para eliminar “las trampas de la pobreza”. Afirma que para ello hay que apostar primero a la gente con educación y salud. Pero advierte que el Estado no podrá hacerlo solo y precisará de una alianza con empresarios que asuman sus negocios con responsabilidad social, en un contexto generado por una economía más ética.


Bernardo Kliksberg ha asesorado a varios mandatarios latinoamericanos sobre temas de desarrollo y modernización estatal.

Su libro de cabecera es la Biblia. “Un best-seller absoluto, el texto más vendido y traducido en la historia del género humano”, afirma Kliksberg. De ahí rescata dos frases que considera muy útiles para que la reflexionen los empresarios paraguayos.

Una está en Levítico (libro tercero de Moisés, Antiguo Testamento) y refiere que Dios al dirigirse a su pueblo exhorta: “No te desentiendas de la sangre de tu prójimo”.

Según Kliksberg, está prohibido por el texto bíblico ser insensible ante el sufrimiento del otro. “En Paraguay, hay mucho sufrimiento, hay muchas madres que mueren en el parto, hay muchos niños que no llegan a los cinco años de vida. Los empresarios tienen un rol tan importante y no pueden desentenderse de la sangre de su prójimo”, asegura.

La segunda frase bíblica dice: “El que ayuda al otro se ayuda a sí mismo” y partiendo de esa base, el empresario que contribuye con las políticas públicas, se ayuda a sí mismo construyendo una sociedad más sustentable, con menos tensiones y más atractiva para la inversiones. Es como si creara un “ambiente de negocio” –como suele decirse– más favorable.

Más desigualdad, más pobreza

Paraguay es uno de los países con mayor desigualdad de América Latina, que a su vez es la región del planeta más desigual. Este es un tema que Kliksberg ha estudiado a profundidad, advirtiendo sobre la necesidad de alianzas entre el sector público y privado.

–¿Qué dicen las estadísticas sobre la realidad latinoamericana?
–Las estadísticas dicen que América Latina es desigual en todo: en ingresos, educación, salud. Por eso es un tema central. La distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre es de 50 veces. En España es 10 veces y en Noruega es 6, para tener una idea comparativa. América Latina es potencialmente muy rica, pero el 40% de su población (200 millones de personas) está por debajo de la línea de la pobreza.

–¿Cómo incide la desigualdad en la pobreza?

–La desigualdad es la razón central del porqué en América Latina hay tanta pobreza. Por ejemplo, aunque la escuela es gratuita y todos ingresen, la tasa de deserción escolar en los sectores pobres es mucho mayor porque esos niños tienen que trabajar desde edades tempranas, tienen hambre, su salud es más vulnerable o sus familias están desarticuladas. Eso genera “las trampas de la pobreza”. Solo uno de cada dos termina la secundaria en toda América Latina.

Paraguay tiene una tasa de escolaridad promedio de 7,3 que es bajísima. Eso significa que muchos no terminan la secundaria, no tendrán un trabajo en la economía formal y serán marginales. A su vez, estos jóvenes van a reproducir hogares de las mismas características. Entonces, aunque la escuela sea igualitaria y gratuita, la desigualdad en el contexto social hace que se genere una brecha de escolaridad que será decisiva en el mercado de trabajo.

–¿Cómo se combate esa desigualdad?
–Con educación para todos, lo cual significa romper las trampas de la pobreza con políticas públicas muy activas en alianza con la responsabilidad social de la empresa privada. La desigualdad no se combate mágicamente, se combate con educación, salud y trabajo para todos. Combatir la desigualdad es la manera más efectiva de reducir la pobreza.

La empresa como aliada
–¿El sector privado puede ser una aliado importante?

–Debería serlo a través de la idea de responsabilidad social. Romper las trampas de la pobreza quiere decir incorporar políticas públicas que abran oportunidades para los más pobres en forma concreta, que protejan a la madre para que pueda trabajar y al mismo tiempo ocuparse de la educación de los hijos, que la protejan con prescolares o guarderías para que sus hijos estén educados mientras la madre trabaja.

–¿Las empresas deben tener un rol más activo en la sociedad?

–Sí, porque la desigualdad se puede combatir con políticas públicas en alianza con las empresas socialmente responsables que, por ejemplo, brinden oportunidades de trabajo a jóvenes que no han terminado la secundaria. En Chile hay un gran programa llamado “Chile joven”, en el cual el Estado apoya a empresas que toman y capacitan a jóvenes que no hayan terminado la secundaria. El programa ha sido muy exitoso y más del 80% de los beneficiarios ha sido contratado. Estas alianzas pueden sacar a muchas familias de la pobreza.

–¿La responsabilidad social empresarial (RSE) es un tema clave?
–La RSE es un tema central del siglo XXI. Pero en los países desarrollados un empresario paraguayo tipo no sería aceptado, no tendría ninguna oportunidad de sobrevivir porque la opinión pública lo cuestionaría totalmente. En esos países, la opinión pública democrática ha logrado que la empresa privada suba sus estándares de compromiso con el contexto y con los problemas del contexto. La RSE es producto de una demanda social muy fuerte. Así como se pide ética a los políticos, en países como Estados Unidos, Francia, Holanda e Inglaterra se está pidiendo ética a los empresarios.

–¿Cómo se comportan los empresarios frente a lo que plantea la RSE?
–Hay tres estadios. El primer estadio es el de la empresa narcisista que solo busca su beneficio. Aquí el empresario está dispuesto a sobornar a gente del sector público para aumentar sus beneficios, con la destrucción moral que ello implica. Un segundo estadio es el de la filantropía empresarial. Hacer donaciones está muy bien, pero la opinión pública en la sociedad democrática quiere más que esto, exige empresas con responsabilidad social, que forman parte del tercer estadio en donde también se busca un beneficio de la sociedad.

–¿Cómo se benefician las empresas con políticas de RSE?
–Las empresas que tienen RSE les va mucho mejor. Hay todo tipo de investigaciones que confirman que son más competitivas en los mercados, atraen más inversores, tienen mayor productividad porque su personal está motivado, tienen más posibilidades de reclutar a los mejores talentos. En un mundo cada vez más globalizado esto va a incidir cada vez más, por eso es importante dar un salto en la cultura empresarial.

Ciudadanía cada vez más crítica
–¿Comunicar y difundir estas prácticas pueden tener un impacto positivo para ir generando mayor conciencia?

–Comunicar es fundamental. Hay varios periódicos de América Latina que publican suplementos de RSE y varias revistas especializadas en este tema. España está llena de revistas y espacios en Internet. Hay que educar a los empresarios latinoamericanos, la presión de la opinión pública, de los medios de comunicación y de las universidades es muy importante, para crear una nueva conciencia, para establecer una economía más ética.

–¿El consumidor también debe llegar a un grado de madurez como para exigir a los empresarios conductas éticas?
–Según el New York Times se estima que en Estados Unidos hay 60 millones de consumidores éticos, que cuando van a comprar se fijan si una empresa es pro verde, pro orgánico o pro salud. Eso está creciendo día a día, una ONG de Brasil lanzó una campaña de educación masiva que recuerda a los consumidores que cuando compra algo es como si estuviera votando en una elección. Tienen en Internet los datos de 80 empresas medidas por sus políticas de RSE, entonces se le da a la gente los elementos para que sepa por quien va a votar al comprar un determinado producto. La campaña apuntando a un consumo responsable. Entonces, las empresas que se tienen que preparar, tienen que ver que esto viene con una fuerza cada vez mayor.

Impunidad cero
–¿Con la corrupción y la impunidad tan arraigada es posible lograr estas transformaciones en el sector público y privado?

–La corrupción es el enemigo número uno. En un continente con 40% de pobres es de una inmoralidad absoluta. Robar está prohibido por el mejor tratado de política moral que es la Biblia, pero además hacerlo en una sociedad donde hay tanta pobreza es de un nivel de egoísmo demente, es un enemigo que hay que combatir con cero impunidad. Si la sociedad deja a la corrupción impune la está incentivando. Los corruptos están educando para el mal si una persona encumbrada roba y queda impune se está indicando a los jóvenes que ese es el camino.


Paraguay tiene un nuevo gobierno que ha generado muchas expectativas y esperanzas. Pero frente a tantos problemas sociales ¿hacia dónde se debe apuntar primero?
–El presidente (Fernando) Lugo es un luchador de toda la vida, con una trayectoria al servicio de los más humildes y creo que sus prioridades están claras: privilegiar la inclusión social y los grandes sufrimientos del pueblo paraguayo. Como digo en mi último libro que publiqué con el premio Nobel de Economía, Amartya Sen, “primero la gente”, se empieza potenciando a la gente con salud y educación. Paraguay tiene que hacer una inversión importante en salud y educación a través de una alianza estratégica entre gobierno y empresa. Así empezó hace treinta años Finlandia que sin tener recursos naturales hoy es una potencia, porque tomaron como eje central la educación, la salud, la ciencia y tecnología. Hay que hacer esto, primero por consideraciones éticas, y segundo por competitividad.

PALABRA AUTORIZADA
Bernardo Kliksberg obtuvo cinco títulos universitarios, entre ellos dos doctorados en Ciencias Económicas y en Ciencias Administrativas. Estuvo en nuestro país para el lanzamiento de la Red Local del Pacto Global de las Naciones Unidas y dictó la conferencia “Responsabilidad social empresarial: claves para el desarrollo sustentable en el siglo XXI”.

Asesoró a más de 30 países, a presidentes, gabinetes de ministros, congresos, gobernadores, organismos de la sociedad civil y empresariales, en áreas críticas del desarrollo. Asesor especial de la ONU, BID, Unesco, Unicef, OEA, OPS y otros organismos internacionales. Es autor de 42 obras y centenares de artículos técnicos. Es una reconocida autoridad en capital social, y lidera en el continente la ética para el desarrollo.

Entre sus últimas obras se hallan los best-sellers “Hacia una economía con rostro humano” (Fondo de Cultura Económica, 14 ediciones en diversos países) y “Mas ética, más desarrollo”.


Nancy Pérez

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13/09/2008 00:00:00