Un novedoso sistema de combate a las plagas que afectan a las hortalizas desarrollan los labriegos de la Colonia Yguazú, en Alto Paraná, mediante la cooperación de voluntarios japoneses. Se trata de producir un fungicida natural denominado “ácido piroleñoso” a partir del humo que proviene de un tatakua carbonero. El próximo 25 de setiembre se cumplen 30 años de la venida de voluntarios enviados por el Gobierno del Japón a través de su agencia de cooperación, la JICA. Esta presencia cambia la vida de los campesinos.

Activo colaborador de la zona es Ichiro Fukui, presidente de la Comisión para el Desarrollo de Yguazú.
¿Es tóxico para los humanos ese líquido? fue la primera pregunta que hicimos a Ichiro Fukui, presidente de la Comisión para el Desarrollo de Yguazú. El hombre metió el dedo en el balde donde se acumulaba el zumo oscuro y se lo llevó a la boca. La respuesta no pudo ser más ilustrativa.
Se trata de lo que llaman “ácido piroleñoso”, un fungicida natural para combatir los nemátodos del suelo. Se obtiene condensando el humo que despide la leña –no muy seca– a través de un ingenioso y rudimentario horno carbonero que los mismos productores fabricaron.
El horno que visitamos pertenece a uno de los 22 socios agricultores que tiene la Comisión de Siembra Directa de Santo Domingo, en Colonia Yguazú. Ellos tienen la asistencia del voluntario japonés Tomoya Sakai, de 25 años, cuya especialidad es la horticultura, aunque también estudió floricultura en los Estados Unidos, antes de recalar en nuestro país, a través de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) para una misión de dos años.
Sakai llegó hace un mes y aún está en etapa de adaptación. Su misión es continuar con la labor del voluntario anterior con el que los labriegos desarrollaron el fungicida. Trae consigo una experiencia de cuna en horticultura, pues su familia se dedica a este rubro en Japón. “Estamos recorriendo para ver las necesidades de los productores en cuanto a tecnología para el combate de plagas y la fabricación de abonos, siguiendo la política del voluntario anterior”, dice.
El horno en el que se fabrica el ácido piroleñoso fue copiado de los japoneses de la zona de Colonia Yguazú. “Nos dio mucho dolor de cabeza obtener el punto exacto, pero ahora funciona muy bien”, asegura uno de los productores al destacar que la presencia de los voluntarios les cambia la vida.

Notable ingenio. El voluntario japonés Tomoya Sakai inspecciona, junto a un campesino de la zona de Santo Domingo, distrito de Colonia Yguazú, el tatakua carbonero que sirve para la producción del ácido piroleñoso.
Dionisio Espinoza, otro de los agricultores, comenta que hace cuatro años se dedican a la horticultura con la técnica de la siembra directa. El problema principal del lugar era la baja calidad del suelo, pero ahora lo están recuperando con la asistencia japonesa.
Agregó que el manejo de los productores ya no es tan empírico sino mucho más organizado y programado. Por ejemplo, la tierra ya es tratada con el ácido piroleñoso antes de su utilización. También aplican diversos tipos de abonos, tanto para invierno como para verano para un mejor aprovechamiento.
Para Manuel Carrillo, el aporte de los voluntarios es muy valioso, puesto que los ayudó a desarrollar técnicas naturales para mejorar los cultivos. “En los rozados siempre hay muchos nemátodos que atacan los cultivos. Antes fracasábamos, pero ahora cultivamos con muy buenos resultados pepino, melón y tomates usando el ácido piroleñoso”, explica.
“Es muy grande la diferencia que notamos aquí desde la presencia de los voluntarios japoneses. Las técnicas de antes de los paraguayos tenían muchas deficiencias. Ahora hemos mejorado bastante y vendemos los productos aquí mismo o enviamos al Abasto de Ciudad del Este, Encarnación y Asunción”, menciona.

El humo proveniente del horno se distribuye por estas cañerías y en los tambores que llevan agua fría en la parte superior se condensa para gotear como fungicida.
Ichiro Fukui, el presidente de la Comisión para el Desarrollo, es un gran precursor para el campesinado de la zona. Nació en Japón y vino a nuestro país con 3 años cuando sus padres se instalaron en Colonia Yguazú. Fue funcionario de JICA y hace 11 años trabaja con los agricultores desde la comisión. La meta es dar a los agricultores un nivel técnico y profesional, pero no precisamente en el estudio, sino en el campo, en el terreno. A su criterio, el logro más importante de los últimos tiempos es el ácido piroleñoso, pues la zona está minada de nemátodos que atacan las raíces de las hortalizas. “Es un producto muy noble, natural, que se obtiene del ordeñe del humo. Tenemos tres hornos en la región donde los agricultores cooperan entre sí y cuidan las 24 horas el horno cuando está en funcionamiento”, dice.
Cada uno de los socios produce su propio ácido piroleñoso, pues se debe custodiar permanentemente el horno para que el fuego no consuma de una vez las leñas, sino produzca suficiente humo para condensar.
“Yo soy agricultor de corazón y es la profesión que me da de comer. Tengo el título de Lic. en Administración, pero eso no me sostiene. Ando más con los agricultores para transmitirles mis conocimientos y ver nuevas técnicas. Lo importante es que estamos buscando alternativas para que la gente pueda progresar”, explica.
La conclusión es indiscutible. La presencia de voluntarios entre los agricultores de la zona ha revolucionado la forma de encarar la actividad agropecuaria a pequeña escala.
CÓMO FUNCIONA EL HORNO
El tatakua de tipo carbonero está hecho de ladrillo y barro y es sellado casi totalmente con la leña semiseca y el fuego en su interior.
Todo depende de la cantidad de leña y el humo que se producen. El fuego no debe encenderse por completo y la leña debe ir consumiéndose poco a poco mediante el despido del humo. Este va por un conducto y al ingresar en un tambor entra en contacto con otro recipiente que contiene agua fría, se condensa y gotea en un balde.
De un horno de este tipo salen 80 litros de ácido piroleñoso que pueden ser utilizados en forma pura para combatir a los nematodos del suelo. Para fumigación en trasplantes se lo mezcla con agua.
No se trata básicamente de un insecticida, sino tiene más bien un efecto repelente sobre las plagas.
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