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DIJO QUE TODOS LOS RECURSOS DISPONIBLES SERAN USADOS PARA CAPTURAR A SECUESTRADORES

Secuestradores están preparados para enfrentar un pelotón de 200 policías

Un grupo con alto nivel de preparación, ágiles y bien entrenados para sobrevivir en un terreno difícil. Muy tranquilos y hasta cocinaban. Siempre usaban pasamontañas y cuidaron hasta el más mínimo detalle. En ningún momento se sintieron presionados. Se reían de la Policía. Hasta tenían la frecuencia de radio de la Policía. Se burlaban constantemente de lo que escuchaban en los medios de prensa. En cuanto a armas tienen de todo y están preparados para enfrentar a un pelotón de 200 policías. En estos términos definió Luis Alberto Lindstron al grupo que lo mantuvo secuestrado durante más de 40 días.


De nuevo en casa. Luis Alberto Lindstron leyendo diario en su domicilio en Tacuatí. Mañana volverá a trabajar, adelantó.

Después de 44 días, Luis Alberto Lindstron, tras ser liberado, pudo compartir un día completo con sus hijas en la ciudad de Tacuatí. En medio de constantes visitas, por cierto muy emotivas, nos recibió en su casa y nos invitó a un almuerzo. De lo que menos quería hablar era del secuestro, pero después comenzó a comentar detalles de cómo se sucedieron las cosas. Dijo que fueron “días muy duros de los que quiero olvidarme lo antes posible y no quiero que a nadie le suceda”.

Luis Alberto Lindstron antes pidió que preparásemos una suerte de cuestionario previo, con la advertencia de que no abusemos de su predisposición para conversar. Así lo hicimos y aquí está la conversación:

-¿Cómo lo agarraron sus captores?

-Llegué a la estancia el 31 de julio aproximadamente a las 15:30 y ahí fui sorprendido por cinco sujetos fuertemente armados y encapuchados, quienes me hicieron sentar en la pieza en donde ya estaban de prisioneros cinco peones míos de la estancia. Ahí me explicaron cuál era el objetivo y después de una hora me exigieron la inmediata entrega de una determinada cantidad de dinero. Les dije que ya era demasiado y les ofrecí un monto muy inferior. Ellos se negaron. Esto hizo que pasáramos la noche en el lugar, pero a la mañana siguiente se complicó el tema cuando algunas personas intentaron llegar hasta el lugar y temieron ser descubiertos y decidieron salir de allí para dirigirnos en mi camioneta hasta Paso Tuyá. A mí me ubicaron en la cabina y uno de ellos se hizo del enfermo y se acostó en la carrocería cubriéndose el rostro.

-¿Qué sucedió en Paso Tuyá esa mañana?

-Llegamos hasta la zona boscosa, ahí dejaron la camioneta y seguimos a pie, pero casi nos alcanzan los policías. Estuvieron muy cerca. Se sucedieron varios disparos. Mis captores hirieron a dos y la policía estuvo muy cerca de herirme.

Añadió que en ningún momento se quedaron en esta zona. “De día caminamos sin parar como 9 horas y todo por el monte”, refirió.

-¿De Paso Tuyá adónde se fueron?

-Es difícil saber, pero solo parábamos para dormir y comer. Algunas veces, dependiendo de la situación, nos quedábamos un poco más y hasta cocinaban. Son muy tranquilos y conocían perfectamente la zona porque nunca ni siquiera nos aproximamos a alguna calle. Siempre nos mantuvimos lejos de cualquier ruta o camino.

-¿Pudo verles la cara en algún momento y cómo se hablaban entre ellos?

-Siempre hablaron en guaraní y nunca les vi la cara. Siempre usaban pasamontañas y otras veces me vendaban los ojos, se cuidaron hasta el más mínimo detalle y además en ningún momento se sintieron presionados. Se reían de la Policía porque ellos se manejaban por medio de una radio, hasta tenían la frecuencia de la Policía y se burlaban constantemente por lo que escuchaban en los medios de prensa. Por ejemplo, la historia del grito de auxilio en el monte y las topadoras que destruyeron esa parte boscosa. Eso ya fue suficiente para que ellos se sintieran seguros de que no corrían ningún peligro de ser descubiertos.

-¿Y los demás días cómo transcurrieron?

-Siempre fueron muy duros entre montes y esterales. Dormíamos en el suelo con lluvia o sin lluvia. Ellos contaban con pequeñas carpas y otros tantos elementos para la supervivencia. Es un grupo de alto nivel de preparación. Así transcurrieron los casi 40 días.

-¿Qué tipo de armas poseen?

-Por lo que pude observar tienen de todo y están preparados para enfrentar a un pelotón de 200 policías. Son ágiles y bien entrenados, sobre todo para vivir en terreno difícil. Será muy difícil a la Policía dar con ellos. No son principiantes y tienen la ventaja de conocer metro por metro la zona.

Una pobladora vino caminando desde 10 kilómetros con su imagen de la Virgen para saludar a Don Luis.

-¿Cree que se trata del grupo de Cristaldo Mieres?

-No, de ninguna manera. No quiero salir en contra de mis hermanos, pero yo no puedo acusar a nadie y dudo de que mis hermanos hayan estado frente a frente y a cara descubierta. Esto es imposible porque pasé con ellos más de 40 días y nunca me permitieron verles sus rostros.

-¿Qué tan cerca estuvieron los policías?

-En un momento se acercaron a 5 metros, pero por aire. Ellos estaban tranquilamente sentados y recostados por los árboles.

-¿Cómo fue su liberación?

-Tres días antes me avisaron que se había pagado y que me quedara tranquilo porque esperarán unos días para liberarme por seguridad de todos y así fue. La noche del jueves me dijeron que llegó el momento. Aparecieron dos de ellos en una moto. Me alzaron con ellos y viajamos entre tres en una misma moto. Llegamos a un punto y ahí me bajaron, pero pusieron una bolsa negra en mi cabeza diciéndome que me podía sacar después de 10 minutos.

Eran como las 21 horas cuando inicié mi larga caminata hasta salir a la ruta que conduce a Horqueta. Caminé unos 32 kilómetros. Mi idea era llegar a pie hasta el domicilio del médico y luego seguir caminando hasta Tacuatí, pero sentía desvanecerme.

-¿Abandonará Tacuatí?

-Lo tenía resuelto. Dije que vendería todos mis bienes para salir de la zona, pero la gran multitud que me esperó, y sobre todo en la forma tan emotiva como me recibieron -hasta ahora sigo recibiendo a los pobladores-, me hizo cambiar. Me dieron fuerzas y estoy más que nunca decidido a seguir en esta comunidad en donde desde el lunes reiniciaré las actividades. No me queda otra, hay que trabajar.

-¿Qué espera del Gobierno?

-Nada. ¿Qué puedo exigirles? Que hagan lo que puedan. Yo quiero justicia, pero entre tantas necesidades que existe en este país, ¿qué puedo pedir yo?, si hasta combustible tenés que poner a la Policía para que puedan hacer su trabajo.

-¿Va a recibir al presidente Lugo?

-Sí, claro. Es mi socio, fuimos compañeros. Hablaremos de todo si es que viene.

-¿Qué le dice a la gente?

-¡Muchas gracias! No tengo otra forma de agradecerles, a mis amigos quienes pusieron el dinero para mi liberación, a la prensa y en especial a mi querido pueblo Tacuatí por la que seguiré trabajando, deseando hacerlo en paz y que nunca a nadie le suceda lo que a mí me pasó.

Así concluyó su conversación con nosotros Luis A. Lindstron y aclaró que físicamente no sufrió ningún maltrato y que seguirá siendo el mismo Luis Lindstron.


Cristino Peralta Bernal (San Pedro)

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Ultima actualizacion:
14/09/2008 00:00:00