El nuevo premio ganado por “Hamaca Paraguaya”, esta vez el “Luis Buñuel”, como mejor película Iberoamericana del año, fue la excusa para conocer mejor a su creadora. Paz Encina, mujer de sentimientos sinceros que confiesa: “Soy difícil de querer, solo entro en un estado sublime cuando filmo”.

“Hoy el cine es cada vez más tierra de nadie. Las nuevas tecnologías pueden permitir a muchos desarrollar un lenguaje, y también que hagan en video lo que no pueden hacer en cine. No estoy de acuerdo, yo no construyo una casa si no soy arquitecto”.
Siguiendo estrictamente su dirección anotamos: Paz Encina. “Nada más, ese es mi nombre, y aunque muchos no lo sepan, vivo acá”, dice al comenzar la charla. Paz tiene 37 años, está casada hace 2 años y medio con un argentino (historiador). Hoy, tras el éxito en Cannes, se considera con mérito suficiente para exigir respeto nacional como cineasta. No es para menos, fue la paraguaya que llevó nuestra historia y arte al mundo entero. Ganó y festejó, pero ya está en otra: “El premio de Hamaca pasó; ya es tiempo de volver a filmar”. Paz estudió cine en una universidad privada de Buenos Aires, donde vivió durante 6 años, pero yendo y viniendo. “La experiencia allá fue muy buena, encontré gente que quería hacer lo mismo que yo”.
–¿Venís de padres artistas?
–No, nadie en la familia. Soy la tercera de 5 hermanos; todos, como mi papá, son abogados. Mi mamá es escribana.
–¿Siempre te gustó el cine?
–No, no era ninguna fanática del cine. Mi mamá nos mandó a todos a estudiar algún arte, y, en cada uno, algo se fue quedando. Yo ni siquiera elegí estudiar cine, todo se dio para que eso sucediera. Siempre digo que el cine me eligió a mí.
–Antes de ese llamado, ¿cómo eras?
–Siempre fui callada, buena alumna en el colegio. Entré en Las Teresas y después me pasé al Asunción; ahí sí fui muy cabezuda, pero feliz, porque había gente con la que me identificaba mucho.
–¿Sos de clasificar a la gente?
–No. Aunque hay gente con la que nunca estaría.
–¿Encontrás rostros cinematográficos en Paraguay?
–Me cuesta mucho escribir sin imaginarme a Ramón del Río; él es un personaje para muchas películas.
–¿Y en la calle?
–Todo el tiempo. A veces veo alguien que pasa y digo: “¡Qué mirada dulce!, ¡qué rasgos!”. No es que esté atenta, sino que capto naturalmente.
–Estudiar afuera te hace diferente, ¿no?
–Tuve la gran bendición de estudiar sin tener que trabajar, mis padres me pagaron la carrera. Pero en el extranjero también hay escuelas estatales, no es algo imposible.
–¿Qué te dio la universidad?
–No aprendés cine porque estudiás guión, dirección o fotografía, sino porque leés mucha literatura. Eso te puede ayudar a que tengas una estructura lógica de pensamiento.
–¿Acaso el cine tiene una estructura lógica?
–No, pero pensar en cine sí. Hay que armar el marco de cómo va a ser tu película y después dale a la intuición lo que quieras.
–¿Marcó Buenos Aires tu forma de narrar?
–Un tiempo, sí. Yo hacía un largometraje por año para ver qué había pasado conmigo. Hice “Los encantos del jazmín”, que es muy porteño, pero no es algo propio. Gracias a que lo hice, enseguida vi que me podía dejar influenciar o perder, y volví. También siento que en esa experiencia había mucho de mi proceso, porque no me puedo imaginar una historia que no sea paraguaya.
–¿Cómo encaraste el regreso?
–Llegué y empecé a repartir mi currículum. Mi antecedente acá era “El Ojo”.
–¿Sentiste envidia después de lo de Cannes?
–Por ahí, de algunos, “ah, pero vos te fuiste a estudiar”, me decían. Sin embargo, lo que gané en Cannes fue el resultado de haber hecho un trecho enorme y muy sacrificado. Hay una gran diferencia entre querer filmar y querer irte al Festival de Cannes. Si lo que querés es estar en Cannes, ya perdiste.
–¿“Hamaca” fue hecha para los paraguayos?
–100%, te lo aseguro. No hago películas para los franceses. Ahora, que el sentido de la vista esté engolosinado ya no es mi problema; de cualquier manera, si a alguien no le gustó, es completamente lícito. El público de Asunción fue siempre mi mayor miedo. El lugar donde mejor recepción tuvo Hamaca fue en el interior. El piropo más lindo lo recibí en el Guairá: “Así somos”, me dijeron. Pero Hamaca es algo ya visto, la mayoría la agarró como propia aunque no la haya entendido.
–La hamaca es pereza, siesta, silencio, cosas tan nuestras, ¿significaba eso?
–Es todo eso, pero sobre todo el vaivén, la esperanza y la desesperanza. Decime, ¿vos viste la película?
–No.
–Entonces me ponés incómoda, te voy a hablar de cosas que no me vas a entender.
–¿Qué pensás de los que no la vimos?
–La gente cree muy poco en lo que nosotros hacemos. Lo mío es industria nacional.
–¿Cuánto dinero ganaste en Cannes?
–Dinero no dan. Es el prestigio. Ahora en el “Luis Buñuel”, sí, pero no alcanza para empezar a filmar.
–¿No viste en el Fondec?
–El Fondec ayuda, pero el cine es caro.
–O sea, el país presume de tu premio, pero ayuda real no hay.
–Sí, tengo esa sensación. En un momento dije que no iba a dar más entrevistas, porque para mí es un desgaste. Uno termina sintiendo que, aunque haga todo eso, no va a cambiar nada. ¿Sabés? tengo una prima en Buenos Aires que es artista plástica y tiene una beca estatal de por vida, 2.000 dólares mensuales para estudiar, investigar, vivir para crear.
De suspiro en suspiro
“El cine es un amor profundo que me hizo llorar mucho, para bien y para mal. Porque estás muy cansada, porque no sabés si vas a volver a filmar. Porque lo que hacés no te sirve para vivir. Te desesperás. Y también hay lágrimas de felicidad cuando sentís que nunca más vas a hacer lo que amás, de repente cae una alegría”.
–¿Paz Encina no hace nada light?
–No tengo propuestas, creo que la gente piensa que si me llama voy a hacer Hamaca. Bueno, también es cierto que voy a tratar de ser selectiva. Por otro lado, realmente Hamaca me ha demandado mucho, tengo que estar atrás de ella; en los festivales me quieren ver a mí también.
–¿Hacés cine para los demás?
–No, para mí es una cuestión de vida o muerte. Solo entro en un estado de pura paz, de dulzura cuando filmo, es como si me pasaran un manto santo. Pero si no, soy caótica.
–Una mujer de fama internacional, ¿cómo se plantea las obligaciones estéticas?
–No me las planteo. Por mucho tiempo sufrí ese tema, ya no. Yo soy yo. No es un acto de rebeldía, sino algo más sano: no me interesa.
–¿Qué película está naciendo de tu mente y corazón?
–Ya tengo todo, se va a llamar: “Un suspiro” (creo).
–¿Es para pensar?
–Sí. Todo en la vida tendría que ser para pensar, o te debilita.
–¿Sos intelectual?
–(Sonríe) No, pero me encantaría.

Una escena de la película “Hamaca Paraguaya”, filme que ganó el “Luis Buñuel” como mejor película Iberoamericana del año. (Archivo/ABC Color)
Su ópera prima
En 2006 “Hamaca Paraguaya” ganó el premio “Una Mirada Peculiar”, como la película más destacada en la segunda categoría dentro del Festival de Cannes. Recientemente se adjudicó el prestigioso “Luis Buñuel” como la mejor película iberoamericana del año. “No soy la única dueña –cuenta Paz–, Hamaca tiene 5 dueños. Puede que no se vea justo, pero yo sola nunca la habría hecho llegar a los Países Bajos o a los asiáticos”.
Lourdes Peralta
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