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Los agroquímicos solo son “agrotóxicos” en el Paraguay

Desde el momento en que Fernando Lugo nombró a Dionisio Borda ministro de Hacienda, este ya anunció que promovería una reforma de la legislación tributaria –que él mismo ya había procurado como ministro de Duarte Frutos– a fin de aumentar aún más los recursos del Estado, cargando con más tributos a la población trabajadora, entre esta en particular a los productores de granos y de carne vacuna. El presidente Lugo no es ajeno a la cuestión. Ante las Naciones Unidas usó el término “terroristas”, que según han entendido los productores –en especial los de soja– se refería a ellos en razón del uso de agroquímicos. Estos son calificados como “agrotóxicos” por ciertos grupos sociales, particularmente los “sintierras”.


Desde el momento en que Fernando Lugo, entonces presidente electo, nominó al doctor Dionisio Borda como su futuro ministro de Hacienda, este último ya anunció que al ocupar el cargo promovería una reforma de la legislación tributaria –que él mismo ya había procurado como ministro de Hacienda de Duarte Frutos–, a fin de aumentar aún más los recursos del Estado, cargando con más tributos a la población trabajadora del país, entre esta en particular a los productores de granos y de carne vacuna.

El Congreso instalado el 1 de julio pasado no quedó a la espera de un proyecto del Ejecutivo. La Cámara de Diputados ya recibió y giró a comisiones un proyecto de ley presentado por algunos de sus miembros que gravaría la producción agrícola con el 15 por ciento de su valor.

El presidente Lugo no es ajeno a la cuestión. Ante la Asamblea de las Naciones Unidas tuvo una frase –malinterpretada, dicen sus allegados– en la que usó el término de “terroristas” que, según han entendido los productores rurales y en especial los de soja, se refería a ellos en razón de su uso de agroquímicos. Estos productos son, en efecto, unánimemente calificados como “agrotóxicos” por ciertos grupos sociales, particularmente los de autodenominados “sintierras”.

En definitiva, lo que se estaría proponiendo el Gobierno actual sería abrir una política parecida a la que promovió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina, la cual dio lugar a un fuerte enfrentamiento con los productores agrícolas. Sin embargo, cabe señalar que en la Argentina no se habló para nada de “agrotóxicos”. Tampoco se usa esa palabra en otros grandes productores –de soja, en especial– como los Estados Unidos y el Brasil. Los agroquímicos solo se convierten en “agrotóxicos” en el Paraguay. ¿Será acaso que solamente en nuestro país los productores de soja han recurrido a sustancias químicas distintas a las que se usan en esos otros países? Nadie lo aclara.

Lo cierto y seguro es que el Gobierno nacional quiere más dinero en sus arcas. Está procurando aumentar los ingresos por la venta de energía paraguaya de Itaipú al Brasil, ha recibido donaciones y préstamos de otros países, ha hablado asimismo de acabar con la corrupción y los negociados de todo tipo de gobernantes anteriores que saquearon y malversaron las rentas públicas, y se encuentra además frente a una administración pública gigantesca llena de funcionarios innecesarios, pero lo que pretende lograr en el momento es sobre todo el alza de los tributos que paga la población laboriosa del país.

La situación del agro, para más, no es nada tranquila. La seguridad es allí por lo menos sumamente incierta. Muchas fincas rurales se ven amenazadas por invasores, depredadores de montes, abigeos y hasta por secuestradores. La “descriminalización de las luchas sociales” se está convirtiendo en una realidad fáctica.

Ante todo este negro cuadro, todavía se le quiere aumentar los impuestos.

Existe un problema real en el país. La población campesina tradicional carece de futuro. En gran número ha migrado a las ciudades y a otros países. Y para atender esa grave situación, el Gobierno parecería estar pensando en el asistencialismo más que en cualquier otra cosa.

El conflicto está aquí entre la ignorancia y el conocimiento; entre lo tradicional y vetusto y la modernidad. La educación, es cierto, demanda tiempo y esfuerzo, y cierto nivel de asistencialismo puede ser necesario, pero con mayores tributos a los más capaces la nivelación se hará por lo bajo; no mejorarán los pobres, sino que disminuirán los productores capaces. Cabe recordar además que la actual coyuntura mundial que elevó los precios de las materias primas, en general, entre ellos los alimentos, es fugaz. En el campo siempre hay años buenos y años malos, y estos últimos suelen ser los menos.

Por lo demás, un país no puede mirar a su futuro pensando como en el pasado. Tiene que procurar la modernidad, en un mejor porvenir para sus hijos.


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01/10/2008 00:00:00