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PERSPECTIVAS

Vestidos “torta”

Es una frivolidad lo que voy a comentar. Sin embargo, es algo que quiero compartirlo, y sin ánimos de molestar a nadie. Acostumbro a asistir a fiestas de 15 años, y aún con más frecuencia veo fotografías de quinceañeras. Son tantas las chicas que se visten con trajes de faldas enormes, hechas con volados armados que se parecen a hojas de repollo, o a pétalos superpuestos de margaritas, con tules por tonelada o con un conjunto de cinco sobrefaldas que logran un efecto tornasolado, entre otras extravagancias.


Y en el corsage (parte superior del vestido, desde el talle, hasta debajo del pecho) las más raras combinaciones de lentejuelas, piezas de plásticos transparentes multicolores (las que de manera inapropiada los modistos llaman ¨cristales¨ y hacen que su aplicación en los vestidos aumente el precio de los mismos). Se forman con sobrecargados bordados: flores, estrellas, moños, claves de sol y, exagerando un poco, hasta pentagramas. Diseños totalmente distantes a lo que las adolescentes actualmente usan para cualquier evento social. En pocas palabras, para resumir la idea y haciendo uso de un término conocido en el ambiente, diríamos que las quinceañeras de nuestro tiempo usan vestidos “torta”.

Ahora bien, me pregunto: ¿Por qué los visten? Me cuesta creer que chicas modernas elijan atuendos con tales características.

La vestimenta evolucionó. En su momento, la Era Victoriana impuso un estilo, María Antonieta desde Versalles también marcó época. Así como en la antigua Grecia las mujeres usaban peplo, y más adelante túnicas de lino. Y todo sirvió y sirve de inspiración para diseños posteriores y tendencias actuales. En este punto, hay que tener en cuenta que inspiración es diferente a mezclar en una sola prenda tantos elementos y que el resultado no sea armonioso.

Comprendo perfectamente y con ternura que la fiesta de quince años de una adolescente significa un momento muy especial, en donde todo es soñado. Estoy de acuerdo en que querrán lucir como unas verdaderas princesas. Pero hay formas y formas de ser princesa. El buen gusto para elegir telas y combinar colores y la premisa de que menos siempre es más son fundamentales para lucir hermosas. Honestamente, percibo hoy en día a más quinceañeras disfrazadas que a señoritas cómodas, pero elegantes, que disfrutan de su esperada fiesta.

Con tantos volados y telas que encandilan, escotes armados, rebordados y con terminaciones puntiagudas, con rulos firmes en sus peinados y coronas en sus cabezas, me vuelvo a preguntar si serán las jóvenes las que eligen esos looks, o son sus madres u otras personas las que concretan en ellas propios y antiguos deseos de juventud, tal vez no cumplidos. O, quizá, se sugiere a las chicas respondiendo a un mandato familiar o social que se hizo costumbre.

Tal como expresa la primera oración del comentario, esto es fútil. Todas las quinceañeras que usaron vestidos “torta” y las que usarán pueden decir que este es un país libre, en el cual se elige lo que uno quiere. Y es cierto. Al mismo tiempo, es una realidad, y es divertido narrar la variedad de piezas encontradas en fiestas de 15. La manera en que uno decide vestirse es totalmente personal, así como lo son las apreciaciones.

lsanchez@abc.com.py


Lilian Sánchez

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12/10/2008 00:00:00