El próximo martes se cumplen 35 años del fallecimiento de don Paolo Federico Alberzoni Figaroli, un inmigrante italiano que aportó su esfuerzo y sus conocimientos a engrandecer la producción nacional y a desarrollar toda una amplia región del país.

Don Paolo Alberzoni.
El próximo 21 de octubre se
conmemoran 35 años, como
dijimos, del fallecimiento,
en su tierra natal, de don Federico
Paolo Alberzoni Figaroli, más cono-
cido como “el profesor”, quien hace
ocho décadas se sumó a la actividad
productiva nacional, colaborando
con el bienestar de los pilarenses y
con la industria nacional, a la que
dotó de la más importante planta
textil que conoció nuestro país.
Ave fénix en la bota de Europa
Don Paolo Alberzoni vino al
mundo –según cuenta el historiador
villetano radicado en Pilar, profesor
Carlos Alberto Mazó, en un intere-
sante libro sobre la vida del indus-
trial– el 28 de julio de 1889, en la
población italiana de Darío Boario
Terme, en la norteña provincia de
Brescia.
Esta familia tenía condición noble -el título que ostentaba el principal era el de conde- y propiedad de ella
era un antiquísimo castillo de más de 500 años en la ciudad de Gorzone.
Era de origen noble, pero venida a menos por las aventuras de su padre,
quien, luego de despilfarrar la fortuna familiar, murió a menos de dos meses
del nacimiento de Paolo Federico y de su hermana gemela, Paola.

Don Paolo Alberzoni vino de Italia e instaló su complejo industrial en Pilar.
Esta situación obligó a la madre
y a los hermanos Alberzoni Figaroli
a trabajar duro desde pequeños. Ya
de adolescente, tuvo que ganarse la
vida fuera de Gorzone, trabajando
en empresas textiles en jornadas de
12 ó 15 horas diarias, para ayudar a
la economía familiar. Sus hermanos
trabajaban recogiendo capullos de
gusano de seda en los alrededo-
res. Ese régimen de vida moldeó
la personalidad del joven Paolo en
el trabajo. Aprendió a hablar otros
idiomas, como el francés, el inglés y
el alemán. También se inscribió en
un instituto de enseñanza profesio-
nal en el área textil, de donde egresó
como técnico en ese rubro.

Hoy esa vieja fábrica es un moderno centro de producción textil.
Algún tiempo después ya esta-
ba, a su vez, enseñando en presti-
giosas instituciones de formación
profesional; con apenas 23 años, fue
designado director de la Escuela del
Instituto de Enseñanza Profesional
de Bérgamo.
Héroe de guerra
En 1914 estalló la primera con-
flagración mundial. El joven docen-
te abandonó las aulas y se alistó en
el Ejército italiano como simple
soldado. Actuó en varias unidades
hasta febrero de 1918, en que fue
licenciado, obteniendo ascensos y
condecoraciones, como la Cruz al
Mérito de Guerra.

Terminada la guerra, el pano-
rama era desalentador, pero había
que seguir adelante.
El trabajo y nuevosdesafíos
A poco de terminar la guerra,
Alberzoni participa de una con-
ferencia mundial sobre algodón,
como secretario de la delegación
italiana. De esa reunión, Alberzoni
trae la idea de hacerse represen-
tante de marcas extranjeras, espe-
cialmente norteamericanas, activi-
dad que desarrolla durante algún
tiempo, para luego pasar a ocupar
cargos ejecutivos en importantes
empresas textiles. A fínales de la
década de los años 20 del siglo
pasado, era accionista y presidente
de una de las importantes compa-
ñías textiles italianas e, inclusive,
designado director de la Asocia-
ción Italiana del Algodón.
Con el régimen fascista de Mus-
solini como espada de Damocles, Alberzoni decidió buscar nuevos
horizontes. La alternativa era someterse a los designios el fascismo,
con su posición y sus recursos, obtenidos con trabajo y dedicación.
Fue así como decidió trasladarse
a América. Visitó varios países, entre ellos el Paraguay, en 1929. Recorrió varias ciudades, como Asunción, Villeta, Villa Rica y Encarnación. Ese año llegó a Pilar, ciudad por la que optó dada su condición de villa portuaria.
Vivía en Pilar una importante población de italianos, con quienes
habla de su proyecto; además algunos compatriotas suyos tenían unas pequeñas desmotadoras, procesando algodón de buenísima calidad.
Empresario en el Paraguay

Se contactó con las autoridades municipales, que le ofrecieron un amplio terreno para instalar su fábrica. De esa manera inició su aventura paraguaya. Luego de un breve viaje a Italia, volvió y fundó la Usina y Manufactura de Pilar de Paolo Federico Alberzoni y, primeramente,
se dedicó a la producción de energía eléctrica, consiguiendo
un contrato por 20 años con la Municipalidad local para dicho efecto; así convirtió a Pilar en una de las pocas poblaciones que contaban
con el servicio de energía eléctrica, inaugurado el lunes 12 de octubre de 1931, a las 7 de la tarde, día de la patrona de la ciudad.
“Pilar –dice Carlos Alberto Mazó– se sacudió industrialmente con la implantación de una industria
textil (…). Actualmente es un complejo poderoso que emplea a más de dos mil trabajadores y que absorbe toda la producción algodonera de la zona y de otras partes del país”.
Atrás se quedó la estampa de don Tomás Farolero y “las luces de velas y querosene fueron reemplazadas
Días finales
Luego de 45 años de presencia en el país –su país por adopción–, donde se ganó el respeto de la ciudadanía,
especialmente la pilarense –y por ende, ñeembuquense– ciudad,
zona y habitantes a los que ayudó a desarrollarse económica y socialmente. El peso de los años empezó a hacerse sentir en sus cansados
hombros.
Enfermo y fatigado, el 3 de abril de 1973 viajó a Europa para tratarse en el entonces célebre sanatorio de la doctora Aslam. Luego volvió a Italia y el 7 de mayo fue internado por su sobrino Bautista –quien fue adueñándose del emporio del tío– en la Casa di cura le Betulle, un lujoso asilo de ancianos milanés. Seis meses después, el domingo 21 de octubre, fallecía lejos de su querida
Pilar.
Cuando se supo la noticia, en respetuoso homenaje, la fábrica –máquinas y personal– y la ciudadanía
pilarense guardaron un solemne silencio. Sus restos llegaron al país en un vuelo regular de Varig, a las 13:45 del 1 de noviembre. En el aeropuerto
le esperaban altas autoridades nacionales y se le rindieron honores oficiales. A las 15 llegó a Pilar y el pueblo pilarense se volcó a recibirle y conducir su féretro en hombros hasta la fábrica donde fueron velados sus restos. De allí, nuevamente en hombros,
su féretro fue conducido hasta su última morada, en presencia de altas autoridades nacionales, políticas, empresariales, industriales y un multitudinario
pueblo, siendo depositado en una cripta del la iglesia de Nuestra Señora del Pilar.
Hoy la empresa sigue funcionando
e inyectando recursos a la economía
sureña, aunque ya en otras manos.
por los brillantes focos”. Durante casi 6 años, la usina de Alberzoni proveyó de energía eléctrica
a la ciudad, hasta que en 1987, la ciudad fue incorporada al servicio
eléctrico nacional.
El emporio pilarense

La fábrica pilarense tiene un interesante museo con objetos personales del profesor Alberzoni y viejos telares y otros elementos utilizados en la producción de tejidos.
La fábrica textil fue montada con 40 telares, de segunda mano, de las marcas Gorizzia, italiana, y Draper, norteamericana. Para 1933, en plena Guerra de Chaco, la fábrica
funcionaba con 80 obreros y 54 telares. Casi la totalidad del plantel de obreros eran mujeres. Los principales
“hombreadores” de más de dos toneladas de algodón eran don Paolo y dos muchachitos: Hércules algoAliana
y Tomás Azzarini.
Con el transcurso del tiempo, la empresa fue creciendo. Para ello, don Paolo había impuesto una rígida disciplina
con sus operarios. Cualquier ausencia era castigada con el despido.
De esa manera construyó todo un imperio productivo, con unos 80 obreros iniciales, que a su muerte sumaban 2.300; y 200.000 dólares de capital inicial a 15.000.000, en 1973.
Amor esquivo
Don Paolo se había casado con una mujer alemana, Elena Busch, de quien poco después de separó. Algún tiempo formó pareja con una pilarense
con quien tuvo una hija. Posteriormente
se casó, en México, con una desequilibrada aventurera llamada Paulette Donati, con quien tuvo una tormentosa relación, que acabó con el suicidio de la mujer. Don Paolo llegó a ser acusado de asesinato.
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