Ahora que nuestro país tiene un gobierno autodenominado socialista, y que sus voceros –incluido el propio presidente Lugo– hablan con insistencia de la liberación de los habitantes del yugo de la pobreza, para cuyo efecto proyectan la creación de nuevos impuestos con el falaz argumento de que supuestamente es de estricta justicia, se impone que procedan a explicar con términos bien claros cuál es la idea que tiene el Gobierno del “pobre” y, consecuentemente, establecer la línea divisoria entre el rico y el pobre para que la gente sepa a qué atenerse. El Gobierno ya está tomando decisiones a base de dicha división, pero no sabe –ni nadie sabe– cuál es su criterio para fijar la línea divisoria. De esta forma, en la realidad, se está fomentando la doctrina de la discriminación social.
Ahora que nuestro país tiene un gobierno autodenominado socialista, y que sus voceros –incluido el propio presidente Fernando Lugo– hablan con insistencia de la liberación de los habitantes del yugo de la pobreza, para cuyo efecto proyectan la creación de nuevos impuestos con el falaz argumento de que supuestamente es de estricta justicia, se impone que procedan a explicar con términos bien claros cuál es la idea que tiene el Gobierno del “pobre” y, consecuentemente, establecer la línea divisoria entre el rico y el pobre para que la gente sepa a qué atenerse.
Se sabe que la división de la sociedad en pobres y ricos fue sistematizada en Europa por el marxismo en el siglo XIX, para sostener la legitimidad de la lucha de clases, argumento probablemente explicable en ese tiempo por cuanto estaba vigente una sociedad feudal, preindustrial y precapitalista, en que la movilidad social era aun muy difícil. En ese tiempo, quien descendía del feudal era otro feudal o “rico”, y quien nacía siervo o pobre era otro “pobre”. Pero con la instalación de la sociedad abierta caracterizada por la igualdad, la libertad y el progreso a base del esfuerzo propio, la educación y el talento, aquella absurda configuración no tiene ya ninguna razón de ser en el mundo. Esa postura la siguen sosteniendo solo naciones totalitarias donde están vigentes dictaduras al estilo de los Castro en Cuba, de algunos países africanos y asiáticos, o quienes aspiran a ejercer el poder total por tiempo indefinido, como Chávez en Venezuela.
Si el criterio es el ingreso que tienen unos y otros, es muy importante que el Gobierno diga claramente dónde está la línea divisoria entre el pobre y el rico porque en nuestra sociedad coexisten personas con ingresos muy dispares, producto precisamente de su trabajo honesto y esfuerzo propio, pese al cúmulo de trabas existente que lamentablemente se fomenta desde el propio Estado bajo la forma de monopolios ilegales, prebendas y privilegios, intervencionismo, burocracias paralizantes y la corrupción pública que sigue existiendo en todos los ámbitos.
¿Quién es “el rico” entre un gerente que gana 15 millones de guaraníes mensuales y los dueños de la empresa que factura diez mil millones al año? ¿Quién es “pobre” y quién es “rico” cuando un vendedor obtiene a duras penas un ingreso de 2.500.000 por mes, que sumados a lo que esforzadamente gana su esposa con algún trabajo les permite tener en su casa una empleada doméstica que gana 500 ó 600 mil guaraníes?
El Gobierno ya está tomando decisiones a base de la idea de la división entre “el rico” y “el pobre”, pero no sabe –ni nadie sabe– cuál es su criterio para fijar la línea divisoria. De esta forma, en la realidad, se está fomentando la doctrina de la discriminación social, con lo cual se legitiman violaciones de leyes y códigos. Se está pensando crear nuevos impuestos para “liberar” a pobres, pero al mismo tiempo castigar a quienes se avienen al formalismo y que mediante sus esfuerzos logran crear riquezas y ahorros. Por desgracia –hay que decirlo– se está cayendo en el mismo vicio de los gobiernos anteriores corruptos, que a través de las prebendas y el asistencialismo han cometido barbaridades con consecuencias funestas. Con este criterio, para no ser castigado cada vez con mayores impuestos, conviene más ser “pobre” que impulsar la creación de riquezas.
En un mundo globalizado donde la libertad y las oportunidades se multiplican por efecto de la dinámica de la sociedad del conocimiento, la única línea divisoria que se puede sostener válidamente para seguir hablando de pobres y ricos es la educación. Quien tiene educación es “rico”, se puede mantener, pero el que es ignorante en el Paraguay no sabe hacer nada, su ignorancia lo atenaza y lo mantendrá en la pobreza mientras el gobierno de Lugo y los que vengan después sigan la política de los gobiernos colorados, que durante los últimos 60 años se preocuparon de mantener al pueblo paraguayo, sobre todo a los campesinos, EN LA IGNORANCIA, para utilizarlo como carne de cañón política, y atraerlo con panchos y cervecitas a los arreos electorales, tal cual se vio en las elecciones del pasado 20 de abril. ¡Bandidos! No tienen perdón..., un país de 300 kilómetros de ancho, lleno de analfabetos funcionales...
El ciudadano de nuestra sociedad y del mundo, si quiere sobrevivir y progresar, no tiene otra salida que apoderarse del “know how”, es decir, del saber hacer las cosas. El gobierno que pierde de vista esta verdad e impulsa una peligrosa lucha de clases, sin duda alguna, condenará al pueblo al atraso, a la mediocridad y a más pobreza. Salvo que ese sea el objetivo.
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