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Si Lugo va a la izquierda, liberales irán a la derecha

El rumbo ideológico que vaya a tomar el presidente Fernando Lugo es una incógnita. Los liberales, sus socios principales, advierten que si toma el camino del socialismo bolivariano, ellos irán a la derecha. Los colorados, si bien se declaran socialistas y agraristas, serán más críticos si Lugo se alinea a la política de confrontación social que asumieron presidentes como Hugo Chávez y Evo Morales. En tanto, el sociólogo Carlos Martini no lo ve a Lugo ni en la derecha ni en la izquierda revolucionaria, sino como un obispo profundamente pragmático y con sensibilidad social.



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“Hasta tanto Lugo no se defina abiertamente, el partido lo va a acompañar”. Eso sí, lo que los liberales, por lo menos un sector, parecen tener claro es que “si de repente (Lugo) dice que tomará el modelo de (Hugo) Chávez, ahí tomaremos nuestra decisión, porque nosotros tenemos nuestra propia convicción, nuestra doctrina”. Gustavo Cardozo

El movimiento casi misterioso, todavía muy de obispo, del presidente Fernando Lugo despierta incertidumbre en sus propios compañeros de ruta en la función de gobierno. La firma de una carta de intención, con trece proyectos de acuerdos y convenios, al día siguiente de su asunción con el polémico caudillo bolivariano Hugo Chávez abonó aún más su inclinación hacia ese plan de expansión venezolana. Peor aún, el secreto con que se manejó esos acuerdos. Nadie supo explicar por qué se guardaron esos documentos. Ni el irresoluto canciller ni los “facilitadores” de la información que integran el amarañado sistema de comunicación del Gobierno dieron fin al alcance de los acuerdos. Por si fuera poco, el presidente Lugo, como una burla a los que cuestionaron la poca transparencia, dijo que no era ningún secreto ya que se firmó ante una “muchedumbre solitaria” de 5 mil personas.
Esta y otras actitudes sigilosas del actual jefe de Estado nos llevan a plantear a líderes de partidos tradicionales sobre la visión que tienen sobre el futuro doctrinario del gobierno de la alianza.

Si se desvía a la izquierda, pisaremos freno…

Los liberales, copilotos de Lugo en esta carrera hacia una meta todavía incierta, admiten, por lo menos su presidente, que “primero que nada nosotros sabíamos de la tendencia de Lugo, no podemos ser ingenuos, pero de todas maneras apostamos a él”.
No obstante, no puede precisar con exactitud cuánto durará ese estado dubitativo del “ya pero todavía no” que registró como marca Lugo. Por eso, Gustavo Cardozo prefiere la cautela: “Hasta tanto Lugo no se defina abiertamente, el partido lo acompañará”. Eso sí, lo que los liberales, por lo menos un sector, parecen tener claro es que “si de repente (Lugo) dice que tomará el modelo de (Hugo) Chávez, ahí tomaremos nuestra decisión porque nosotros tenemos nuestra propia convicción, nuestra doctrina”. Para no dejar dudas, remarca: “Repito, si Lugo dice que irá a la izquierda, entonces pisaremos freno y tomaremos nuestra decisión”.
Entonces fue el momento de plantear la famosa “Carta de Intención” firmada entre Chávez y Lugo, el 16 de agosto. Ante la pregunta de qué participación tuvieron los liberales en ese asunto, Cardozo queda en off side y reconoce: “Hay errores, somos partes de este gobierno, pero creo que necesitamos mayor comunicación. Recién esta semana (10/10/08) recibimos en el Parlamento esos acuerdos”, y arriesga un poco sobre la posible consecuencia: “La suma de esos detalles podría afectar la relación entre el Ejecutivo y el Parlamento. Necesitamos información de primera mano, porque no podemos ayudar si no sabemos en qué andamos. Se necesita mayor comunicación, este tema de las firmas de convenio se tuvo que comunicar al partido”.
Ahí fue el momento de recordarle que Federico Franco, presidente con permiso del partido, es el vicepresidente de la República. No tuvo alternativa que reconocer que “tampoco tiene la información de primera mano, y cuando hablo del partido lo incluimos a él. El Ejecutivo tiene que informar de sus acciones al partido”, y concluye con un recordatorio que suena a advertencia: “Porque somos nosotros, los 29 diputados y 15 senadores los que defenderán los proyectos del Gobierno”.
Por ahora, siguen juntos en la misma máquina, sin que todavía se defina muy bien si los liberales serán copilotos, equipos de apoyo o espectadores.

Si los partidos no sirven…

Para Lilian Samaniego, presidenta fuera de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, el triunfo de Fernando Lugo y el posicionamiento de los partidos y movimientos sociales es poco más claro: “Los partidos estamos descreídos porque no nos ocupamos del problema de la gente. ¿De qué le sirve a la gente pertenecer a un partido si no encuentra solución?”.
Hace una pausa, mira para adelante y se contesta: “Tenemos que aprender eso, si no, la misma ciudadanía irá dejando de lado a los partidos”.
Ante la posibilidad de que esos espacios que puedan ir dejando los partidos tradicionales sean ocupados por los partidos de izquierda y movimientos sociales de la mano de Lugo y Chávez, Samaniego recuerda que su partido “tiene su ideología nacionalista y socialista”. Como tampoco en su partido la situación está definida adelanta que “oportunamente nos pronunciaremos sobre el tema”. Empero, deja su impresión personal: “Creo que tenemos que darle más tiempo al gobierno de Lugo, pero estoy segura de que el partido tendrá su postura con relación a la tendencia ideológica del Gobierno”. Todavía aclara más: “Hay modelos que la mayoría de la gente no acepta, como la confrontación, la violencia para imponer una ideología, como la de Chávez”.

Ni de derecha ni de izquierda…

Carlos Martini, sociólogo, comunicador y catedrático, conoció a Fernando Lugo cuando ambos regresaron de estudiar en Europa. Uno de España y el otro de Italia. Trabajaron juntos, como asesores en la Pastoral Social. De eso hace 20 años. Desde esa experiencia personal y a la luz del conocimiento teórico, lo define así: “El obispo Lugo nunca fue la bestia negra del comunismo ni mucho menos proclive al secuestro, es un típico cristiano con sensibilidad social. Se equivocan los que quieren encontrar en él un revolucionario. No es un revolucionario; se equivocan los que quieran encontrar en él una persona de derecha; tampoco es de izquierda, no pertenece a una versión que puede denominarse oligárquica. Es una persona que tiene sensibilidad social y que se mueve con mucho pragmatismo, y proviene de una institución que ha dado enseñanza de poder, durante dos mil años que es la Iglesia Católica”.
Sin dejar casi margen de dudas, le planteamos si no lo ve a ese obispo pragmático y sensible liderar un frente izquierdista en el Paraguay. A la definición que hizo suma otros aspectos: “Entre ellos hay marcadas diferencias, están los marxistas leninistas, hasta de centro izquierda”. Y analiza a sus actores: “Veamos, Rafael Filizzola y Camilo Soares, uno ubicado en el centro izquierda, y otro de izquierda revolucionaria. Tekojoja que tiene un discurso más nacionalista de izquierda antes que marxista leninista como el caso del P-MAS, que además tienen competencia entre ellos”. Luego se pregunta: “Si no existe un liderazgo que aglutine, ¿cómo crecerá esa izquierda? Es muy difícil” -se contesta-.
Luego insiste en que no está observando en el Paraguay a sectores fuertes que puedan unirse al movimiento del socialismo bolivariano. Es más, remarca que Lugo no está en la izquierda revolucionaria y menciona como ejemplo la composición de su gabinete donde se mezclan liberales, los de centro y los marxistas.

Pero al aclarar un poco más sobre la arremetida de Chávez y su propaganda de socialismo bolivariano resume: “No veo a otros socialismos como tan estrictos, yo creo que el de Chávez es más bien un capitalismo autoritario; el de Evo Morales, un nacionalismo indigenista, y el de Rafael Correa es una suerte de rechazo a una clase política fracasada en Ecuador con mucha miseria”.

Y todavía va un poco más adelante. “Además, tenemos que tener en cuenta que los tres países son capitalistas. A Venezuela lo sostiene Estados Unidos con la compra de su petróleo, recibe 54 mil millones de dólares al año. Por eso es un sistema muy peculiar donde hay una excelente relación comercial con el enemigo…”.

En síntesis, espera que como Lula en el 2002, que arrancó con un cuco para el capitalismo y que de a poco fue disipando hasta lograr durante su gobierno la mayor inversión en la historia del Brasil, también Lugo consiga, “primero estabilidad política para que los inversores nacionales y extranjeros vean que este es un gobierno capaz de sostenerse en el tiempo; segundo, que haya gobernabilidad, social, económica, que no haya descontroles, desbordes ni crisis sociales permanentes, y seguridad jurídica para los inversores. Es decir, las reglas de juego van a ser claras para la inversión, y una política clara en términos de los inversionistas nacionales e internacionales.


acantero@abc.com.py


Alfredo Cantero

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20/10/2008 00:00:00