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FRANCIA QUIERE LIDERAR TRANSFORMACION

El mundo se prepara para la “civilización postpetróleo”

La Tour Montparnasse, con 210 metros y 59 pisos, es el edificio más alto de París y de Francia. Cuando se construyó, a principios de los años 70, los parisinos armaron tal escándalo por el impacto al paisaje urbano de la célebre capital que se tuvo que sancionar una ley para prohibir los rascacielos en un amplio radio de la ciudad. Todo eso está por cambiar, nos dice la alcaldesa adjunta, Anne Hidalgo.


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PARIS (Armando Rivarola, enviado especial). En la última campaña presidencial francesa, el conocido periodista Nicolás Hulot les hizo a los candidatos una curiosa amenaza. Si en un plazo determinado no firmaban un pacto en el que se comprometían a darle la máxima prioridad al medio ambiente, él mismo se presentaría a las elecciones, y las ganaría.

Contra los pronósticos de muchos, Hulot comenzó rápidamente a escalar en las encuestas, lo que hizo que uno a uno, incluyendo el entonces aspirante Nicolás Sarkozy, se apresuraran a desfilar por su programa para firmar públicamente el documento.

Para cuando Hulot se dio por satisfecho y anunció solemnemente la renuncia a su “candidatura”, ya había provocado una verdadera convulsión. No solamente logró poner el tema en el primer lugar de la agenda de todas las principales fuerzas políticas del país, sino que se le atribuye haber conseguido un cambio de actitud duradero en la sociedad francesa en general.

Los resultados no se hicieron esperar. Poco después de las elecciones se convocó a lo que denominaron el “Grenelle del Medio Ambiente”, en alusión al famoso “Grenelle de la Educación”, el gran pacto nacional firmado en esa calle de París luego del Mayo del 68, un símbolo de las conquistas sociales francesas.

En el marco del Grenelle del Medio Ambiente, un amplísimo abanico de sectores, públicos y privados, se pusieron de acuerdo en hacer su parte para que Francia se ponga al frente de una transformación nacional y global en esa dirección.

Sarkozy, como una de sus primeras medidas, convirtió lo que antes era un pequeño departamento de medio ambiente en la principal agencia gubernamental de Francia, bajo el nombre de Ministerio de Ecología, Desarrollo Sustentable y Planificación.

La entidad, en manos del “superministro” Jean-Louis Borloo, recibe la mayor asignación presupuestaria del Estado francés y tiene a su cargo el transporte, la energía, la ecología y el ordenamiento territorial, todos asuntos claves que, en adelante, deberán ser enfocados coordinadamente en línea con los objetivos y metas ambientales.

Además, el Presidente ha hecho suyas 280 recomendaciones del “Grenelle” y ya se han comenzado a implementar muchas medidas en consecuencia, aseguró Nahtalie Kosciusko-Morizet, secretaria de Estado encargada de la Ecología.

Entre los planes mencionó la reducción de las emisiones de las viviendas, la construcción de otros 2.000 kilómetros de líneas de trenes de alta velocidad, la quintuplicación de los sistemas de transporte público en las áreas metropolitanas, y el fortalecimiento de la cooperación internacional francesa –incluyendo a América Latina– en materia de transporte, construcción de redes de aguas servidas y energía.

Una medida de gran impacto ha sido la de crear un “bonus” (descuento en el precio inicial) para los que compran autos de bajo consumo y un “malus” (recargo) para los que adquieren vehículos de alto consumo. La venta de los primeros ha crecido un 45 por ciento y la de los segundos ha decrecido en un porcentaje similar.

“Lo que tenemos en mente es prepararnos para la civilización postpetróleo”, resumió la alcaldesa adjunta de París, Anne Hidalgo, con quien tuvimos ocasión de conversar en el histórico Hotel de Ville, sede del gobierno de la ciudad, donde en 1871 se proclamó la Comuna de París.

“Nuestros hijos y nietos verán el final de la energía fósil y debemos actuar ya”, señaló.

Una de las consecuencias de esta visión será “crecer para arriba” para “densificar” París, contrariamente a lo que ha sido su tradición arquitectónica. Por supuesto, el centro de la ciudad no cambiará, pero en los alrededores se están planificando nuevos barrios de gran altura. “No hablamos solo de hacernos más eficientes, hablamos de hacernos viables”, indicó.

Los nuevos edificios tendrán que cumplir estrictas normas de ahorro de energía, con el fin de que no sobrepasen un consumo de 50 KW/h por metro cuadrado, mientras los antiguos deberán adecuarse a un máximo de 80 KW/h por metro cuadrado.

También están reduciendo drásticamente el tránsito y han implementado, por ejemplo, un novedoso sistema de bicicletas públicas.

Para 2020 Francia pretende estar a la vanguardia de lo que vislumbra será una transformación mundial.


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21/10/2008 00:00:00