Una de las acciones políticas que puede llevar a revertir la decadente situación ambiental en la que estamos metidos los habitantes del planeta Tierra es una decidida “voluntad política”. La ausencia de ésta es la que mayor daño hace al hábitat cuyo día celebramos el pasado 6 de octubre. ¿Será que aún no hemos recibido el mensaje pertinente de parte de la naturaleza para que podamos reaccionar de manera positiva para disponernos a recomponer la degradación de la casa común de todos? En este sentido, la educación no debe bajar la guardia ante el deterioro ambiental que comporta una cuestión ética que debe comprometer a todos.
Carlos Riquelme
El Día del Hábitat, acontecimiento celebrado anualmente por las Naciones Unidas a fin de llamar la atención sobre los abusos cometidos contra el planeta (la única casa que tenemos) y los peligros que podría ocasionar la irracionalidad respecto a él, es un llamado a la acción. La realidad ambiental que nos toca vivir no es alentadora; es preciso reconocer de nuevo la urgencia de tomar medidas en diferentes sectores para revertir la situación caótica y no llegar a una catástrofe que pueda comprometer la vida de millones de personas que habitamos la Tierra.
Si tuviéramos que poner un ejemplo, partiendo de indicadores de expertos y aseveraciones de organismos internacionales, en solo uno de los problemas globales del cual nadie escapa, el calentamiento de la Tierra causante del cambio climático, puede hacer subir el nivel del mar, provocar lluvias incesantes, inundaciones, sequías y, en consecuencia, peligrar la salud de miles de personas; de hecho, así ya está ocurriendo. Situaciones similares las estamos padeciendo en el Chaco paraguayo, aunque algunos opinan lo contrario.
Otras consecuencias posibles se podrían evidenciar a través de la falta de alimentos, con lo que se elevará el índice de hambruna y desnutrición; puede aumentar el ritmo de desaparición de especies, especialmente en ecosistemas vulnerables, y así muchas formas vivientes podrían colapsar. La destrucción continuada de los bosques –que hasta el día de hoy no para– hará disminuir la capacidad natural del entorno para almacenar carbono y, consecuentemente, aumentará el calentamiento del globo.
A pesar de estas terribles advertencias, se sigue dañando la casa común de todos a costa de los intereses de las generaciones presentes y venideras. Ante esta situación decadente, es preciso que las autoridades del Estado (a nivel mundial, regional y de cada país) que deben atender estos asuntos –en primer término– reaccionen y puedan ser partícipes en la solución de los grandes temas ambientales, pero como siempre sucede, las nobles pretensiones caen por tierra a causa principalmente de la desidia gubernamental, o políticas amañadas, que no hacen sino acentuar más aún la caótica realidad ambiental que aqueja a las personas y demás seres vivientes del planeta.
En Paraguay, son innumerables las tareas pendientes en materia ambiental, pero si por lo menos aplicáramos cinco acciones, como ser: superar la desidia gubernamental; aplicar debidamente la ley del delito ecológico; frenar el contrabando y la indiscriminada tala de árboles; educar a la gente en un manejo adecuado de los recursos naturales y, finalmente, destinar correctamente el presupuesto pertinente para el desarrollo. Creemos que con estas acciones encaminadas correctamente, el Paraguay se podría inscribir en la lista de naciones que verdaderamente se preocupa y encamina una política ambiental de desarrollo que pueda tener un impacto no solamente a nivel nacional sino en todo el globo.
Frases para reflexionar y discutir con los compañeros docentes:
- La educación no debe bajar la guardia; el deterioro ambiental comporta una cuestión de orden ético que compromete a todos.
- La realidad ambiental que nos toca vivir no es alentadora; es preciso reconocer de nuevo la urgencia de tomar medidas urgentes en todos los sectores.
- A pesar de estas terribles advertencias, se sigue dañando la casa común de todos a costa de los intereses de las generaciones presentes y venideras.
Para tener en cuenta
Cinco acciones que pueden llevar a revertir la situación caótica:
1. Superar la desidia gubernamental.
2. Aplicar debidamente la ley del delito ecológico.
3. Frenar el contrabando y la indiscriminada tala de árboles.
4. Educar a la gente en un manejo adecuando de los recursos naturales.
5. Destinar correctamente el presupuesto pertinente para un «desarrollo sostenible» del país.
Con estas acciones llevadas correctamente, creemos que el Paraguay estaría inscripto en la lista de las naciones que verdaderamente se preocupa y quiere encaminar una política ambiental de desarrollo, con impacto no solamente a nivel nacional sino global.
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