La primera impresión es que Fernando Lugo es un perfecto inútil, pero en realidad la ambigüedad es supuesta. La inacción del Presidente de la República permite la consolidación del liderazgo campesino radicalizado. Lugo está jugando con fuego y pone en riesgo la vida de su gente. La violencia se convirtió en opción política.
LIMA, departamento de San Pedro (Enviado especial). En este momento, ¿existe gobierno en el Paraguay? Todo parece indicar que no.
No sabemos absolutamente nada del presidente de la República, Fernando Lugo; no se toman decisiones y la única reacción que se tuvo en el último mes fue para protestar por los ejercicios militares del Brasil.
Todo lo demás está paralizado.
¿Adónde conduce esta inacción de Fernando Lugo?
La ambigüedad de Fernando Lugo difícilmente sea inutilidad del ex monseñor y mucho menos incapacidad para tomar decisiones: esta suerte de indefinición permite la consolidación de las organizaciones campesinas.
El objetivo es presentar hechos consumados en el momento en que se establezcan negociaciones con el sector productivo.
La violencia en el interior del país no es casual, sino es una técnica de negociación para imponer condiciones.
La supuesta inacción no es otra cosa sino una medida para ganar tiempo y permitir de este modo el fortalecimiento de la dirigencia campesina radicalizada.
HOMBRES ARMADOS
La colonia Yvype es un dramático reflejo del nivel de violencia que impera en San Pedro: la colonia fue tomada por asalto por seguidores de Elvio Benítez, dirigente de la Coordinadora de Productores Agrícolas de San Pedro Norte.
El objetivo es la asfixia económica para que abandonen sus tierras, y para lograrlo paralizan todas las actividades económicas, por la vía del terror.
Nada se mueve en la colonia Yvype, que está copada por hombres armados que responden a Elvio Benítez.
Casi la totalidad de los colonos tienen títulos de propiedad de sus tierras; una buena parte son paraguayos descendientes de brasileños que compraron fracciones de los dueños originales.
Elvio Benítez reclama la expulsión de los brasileños, sin importar el dominio legítimo de las tierras y menos aún le interesa que muchos de ellos sean en realidad ciudadanos paraguayos, nacidos en esta tierra.
No es casual la elección de este período para buscar el choque con los colonos. Hay que preparar la tierra para la siembra y, dada la abundancia de lluvias, en pocos días las parcelas estarán llenas de arbustos si no se fumigan a tiempo.
Esto significa pérdidas multimillonarias para los productores. En el caso de la colonia Yvype hablamos de pequeñas propiedades con un promedio que oscila entre 60 y 80 hectáreas. No existe ningún latifundio en la colonia.
El caso de Pablo Velilla es particular: compró 1.000 hectáreas del entonces Instituto de Bienestar Rural, la tierra está titulada. No existe cuestionamiento legal a la operación y menos el invento común de alegar “excedente en la compra” para invadir la tierra.
Velilla alquiló la tierra a un paraguayo descendiente de brasileño, pero el productor no puede trabajar. Recibió la amenaza de que su maquinaria agrícola será incendiada si llega a la chacra.
En este momento en San Pedro se emplean técnicas y tácticas terroristas con la anuencia tácita del presidente Fernando Lugo.
Si Lugo no estuviera de acuerdo con lo que sucede no habría permitido el acorralamiento de comunidades enteras en manos de Elvio Benítez, dirigente que abiertamente reclama la destrucción del Estado paraguayo.
REACCIÓN VIOLENTA
Cecilio Sanguina es dueño de 70 hectáreas, comenzó a trabajar en agricultura mecanizada con cinco hectáreas y en cuatro años pudo adquirir propiedades lindantes.
Tiene seis días para fumigar la parcela donde ya están apareciendo arbustos, caso contrario perderá 300 millones de guaraníes.
“Nadie va a pagar mi crédito y no importa cómo, pero voy a fumigar, porque tengo que trabajar”, expresó.
La dirigencia campesina acusa a Cecilio Sanguina de “vivir como brasileño”, es decir, trabaja y lucha por salir de la miseria. Se cuestionan su trabajo y su esfuerzo.
Los seguidores de Elvio Benítez están armados, imponen terror con las armas.
Es ingenuo suponer que los pequeños productores, que tienen hipotecada su vida en esas 50 hectáreas, no estén también armados.
Un hombre a punto de perder la tierra que permite a su familia vivir con dignidad es capaz de todo y, si es necesario, saldrá a defender con sangre su propiedad.
Fernando Lugo está jugando con fuego y con la vida de su gente.
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