abc Google  

PERSPECTIVAS

De Quito al cerro

Con la historia de prepararnos para el verano, las mujeres (y algunos hombres también) hacemos de todo para ponernos en forma, para lucir cómodas ese bikini que nos costó un cuarto del sueldo del mes en la playa, y con la idea de pasar del “dicho al hecho” recurrimos –con un par de amigas– a un personal trainer que nos recomendó hacer footing o caminata.


Necesitábamos un buen lugar (había muchas calorías por quemar), que tenga buena pista, naturaleza y, por qué no, una buena vista. Algún rincón que nos inspire volver al menos dos veces a la semana. Ñu Guazú nos quedaba lejos; entonces, ¿qué mejor sitio que el cerro Lambaré? Vivimos en la zona. Es de fácil acceso, mucha vegetación y la brisa del río Paraguay lo convierte en un lugar muy aprovechable para la práctica de ejercicios.
Con entusiasmo, vestimos los joggings y las zapatillas deportivas el tercer sábado del pasado mes de julio, cuando todavía no se creaba tanto show mediático y riña seccionalera entre los representantes de asuncenos y lambareños por quedarse con el cerro.
A pesar de nuestras dudas sobre el estado real del lugar, llegamos hasta ahí. Y vimos lo que temíamos. Al pie de la entrada del cerro, un aburrido oficial de policía –en solitario– chateaba al costado de su precaria cabina. Por tanto, habría que mantenerse atentas, pues la seguridad ya era un punto en contra en nuestro afán por mover el cuerpo.
El trayecto en partes se presentaba empinado, y al paso de la caminata trabajaba hasta el más pequeño de los músculos. Eso nos mantenía entusiasmadas, porque como había muchos centímetros que restar...
Pero la visual y la opinión del grupo fue cambiando a medida que subíamos. La pista de asfalto tenía cráteres, al igual que cualquier calle de Asunción o de Lambaré, los cordones estaban despintados, nada de señales de tránsito (a pesar de que también subían y bajaban automóviles), las veredas rotas y hundidas, y la valla de protección derrumbada hacia los barrancos naturales del Cerro. ¿Con qué más nos podríamos topar? Ya sin mucho ánimo, llegamos a la cima, y, para más decepción, solo nos recibieron unos flacuchentos árboles ávidos de agua y cuidados; nada de flores, un monumento despintado y poco atractivo y, como punto final, ni una sola fuente de agua para beber.
Por estos días, nosotras seguimos con el footing, pero cambiamos de pista. Pues ese espacio natural se ve igual de abandonado como cuando nadie peleaba por él y sin ningún atractivo que motive a la gente a visitarlo con frecuencia para practicar deportes o recrearse en familia. Si el cerro hablara, de seguro ya querría pedirle ayuda aunque más sea a “Superman”, porque al llamado de “¡oh!, y ahora ¿quién podría ayudarme?” no apareció hasta ahora ningún valiente “Chapulín Colorado” que le dé un mejor aspecto. De día, la vegetación se ve opaca y de noche solo reina la oscuridad.
Ahora que acabó el burumbumbum –como diría el conocido relator deportivo Julio González Cabello– de la lucha entrar a discutir de qué municipio es legal o ilegalmente el cerro no interesa, lo que es preciso saber es qué se hará con él a corto o mediano plazo.
Les paso un dato. En Quito, en la cima de un cerro –en la zona conocida como Casco Histórico–, el municipio capitalino recreó con soportes de metal y luces un gran pesebre iluminado, de gran atractivo visual, que engalana toda la ciudad de día o de noche. Aquí se podría hacer lo mismo, aprovechando la altura del cerro y que se acerca la celebración de las fiestas de fin de año. Un pequeño detalle que –católicos o no– podríamos disfrutar después de tanto alboroto.

¡Feliz domingo!


Viviana Benítez Yambay

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

54.288

635.315

Ayer

65.528

937.757

Ultima actualizacion:
26/10/2008 00:00:00