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DEL LIBRO LOS DERECHOS DEL PARAGUAY SOBRE LOS SALTOS DEL GUAIRA DE EFRAíM CARDOZO

Un millón de paraguayos sucumbieron para que los Saltos del Guairá continuaran paraguayos

Desde sus osarios, un millón de paraguayos perpetuamente proclaman a las generaciones que prefirieron la muerte antes que capitular ante el Imperio del Brasil y sus pretensiones territoriales que tendían a convertir al Paraguay en un “fantasma de nación”. Con el mismo concepto, el mariscal López, que encarnó la resistencia nacional, escribió la página inmortal de Cerro Corá. Y entre los bienes por los cuales el pueblo paraguayo y su indómito caudillo derramaron su sangre, estaban los Saltos del Guairá.


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José María da Silva Paranhos, vizconde de Río Branco, hábil diplomático brasileño, buscaba la alianza con la Argentina para llevar la guerra al Paraguay y resolver el problema de límites.

FENECEN LOS PLAZOS

En 1862 fenecieron los plazos estipulados para el arreglo de los límites del Paraguay con sus dos importantes vecinos, el Imperio del Brasil y la República Argentina. La situación paraguaya no podía ser más delicada. Las exigencias territoriales de ambos países, a ser consentidas, convertirían al Paraguay en un “fantasma de nación”, según las palabras de Solano López.

José Paulino Soares de Souza, prominente estadista del Imperio, declaró en un Relatorio oficial que “sólo la guerra podría desatar las cuestiones con el Paraguay”. El as de la diplomacia brasileña, José María da Silva Paranhos, se empeñó en buscar la alianza argentina para la guerra que consideraba inevitable. En 1857 ella fue propuesta al presidente de la Confederación Argentina, general Urquiza. Paranhos le espejeó las grandes ventajas que resultarían de la guerra al Paraguay, que descontaba sería victoriosa. Entre ellas, la ocupación de los territorios litigados. Urquiza manifestó su recelo de que el Paraguay, más tarde, se levantase contra esa ocupación. El estadista brasileño procuró desvanecer tales temores. Le aseguró: “El golpe, si el Paraguay lo provocase, ¡será muy fuerte para que pueda levantarse tan pronto!”. La guerra de exterminio estaba al cabo de los planes de la diplomacia imperial. Un Paraguay fuerte sería una amenaza perpetua para la seguridad del Brasil. Un Paraguay exánime forzosamente tenía que entregarse al Imperio para evitar ser absorbido por la Argentina.

En el año de la expiración de los plazos, hubo en el Parlamento brasileño inquietantes debates. Se puso de manifiesto la decisión de recurrir a la guerra para destruir el creciente poder paraguayo y para resolver la cuestión de límites en la forma proyectada por la diplomacia imperial. Y en las actas de las sesiones quedó constancia de que el senador por Mato Grosso no entraba en el recinto de las leyes sin proferir, como Catón, la frase: Delendus est Paraguayus. ¡Había que destruir al Paraguay! Destrucción por la guerra, y luego por el empequeñecimiento geográfico para luego dominar mejor a lo que restara de su grandeza.

SOLANO LÓPEZ EN EL PODER

Ese mismo año de 1862 daba término a su memorable gobierno y a su vida, el presidente Carlos Antonio López. En el lecho de muerte formuló a su sucesor constitucional, el general Francisco Solano López, un consejo que reflejó patéticamente sus preocupaciones por el porvenir de su patria, floreciente pero con densos nubarrones en sus horizontes. “Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse”, le dijo, “pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil”.

Solano López no echó el consejo en saco roto. En los primeros tiempos de su gobierno buscó entendimientos con los vecinos. Con el Presidente de la Argentina, general Bartolomé Mitre, entabló correspondencia en que mucho adelantó en dirección a la solución del problema de límites. Con el Imperio fue mucho más lejos. Propuso una alianza del modo más estrecho que pueda imaginarse. Pero los estadistas brasileños no le tomaron en serio; ni siquiera consideraron sus sugestivas propuestas.

Finalmente, una y otra gestión fueron barridas por la vorágine de la guerra civil uruguaya, estallada en 1863 y motivo ocasional de la pavorosa conflagración en que se vieron envueltos el Paraguay, el Brasil, la Argentina y el Uruguay, desde 1864 a 1870. Uno de los motivos cardinales del arrojo con que el Paraguay se lanzó a la desigual lucha fue la conservación y recuperación de sus límites históricos. Y dentro de ellos estaban los Saltos del Guairá.

UN MOJÓN A ORILLAS DE LOS SALTOS

José Paulino Soares de Sousa, estadista brasileño, propiciaba la guerra para destrabar el problema limítrofe con el Paraguay.

Precisamente uno de los principales actos de López, apenas asumió el gobierno, consistió en el envío de una expedición al mando del teniente Domingo Patiño para explorar y confirmar la posesión paraguaya de la zona de los Saltos. Patiño salió de Villa Encarnación el 26 de enero de 1863 y el 27 del mes llegó frente a los Saltos, donde plantó un mojón con las iniciales “R. del P.” (República del Paraguay) según consignó en su “Diario”, que se publicó íntegramente en “El Semanario” de octubre y noviembre de ese mismo año y que fue reproducido en un folleto editado en 1881. En ese “Diario”, notable documento literario, se lee: “El Gran Salto de Guairá es en el territorio paraguayo lo más grande, bello e imponente de cuanto despliega de magnífico la rica naturaleza de su suelo”. El Brasil no protestó por este acto positivo de soberanía por parte del Paraguay.

LA EXPEDICIÓN A MATO GROSSO

Las hostilidades con el Imperio del Brasil comenzaron cuando, desoída la Protesta paraguaya del 30 de agosto de 1864, fuerzas brasileñas invadieron el territorio uruguayo. El Paraguay recogió el guante y se puso en pie de guerra. Pero la inicial operación militar no tuvo como objetivo acudir en socorro de los orientales, sino recuperar las tierras usurpadas por el Brasil. En diciembre de 1864 una expedición naval salió en dirección a Mato Grosso con designios claramente perfilados por el órgano oficial “El Semanario” en su edición del 31 del mismo mes y año. “El primer acto del gobierno”, dijo, “se dirige a reivindicar los derechos y las propiedades de la nación usurpadas, a la vez de despejar los peligros que por estas fronteras pueden amagarle cuando tenga que atender las operaciones que habrán de iniciarse en otro terreno en defensa de la autonomía de la República Oriental, llamando asimismo la atención del desdeñoso Imperio, que no ha querido dar oídos a las repetidas protestas de nuestro gobierno”.

El más completo éxito coronó las operaciones de las tres columnas destacadas al Norte. El coronel Barrios se apoderó de Coimbra y Alburquerque (actual Corumbá). La flota paraguaya, en persecución de la brasileña, avanzó por el río Paraguay hasta el río San Lorenzo, capturando por abordaje al “Ahamambai”. Entre los barcos que tremolaban la bandera tricolor estaba el “Salto del Guairá”. Mientras tanto, la división del norte, comandada por el coronel Resquín, atravesaba el Apa en Bella Vista y ocupó Colonia Miranda, Nioac, Villa de Miranda y Coxim. La tercera columna, dirigida por el capitán Urbieta, conquistó Colonia Dourados. De este modo, para el 6 de enero de 1865, estaban recuperados todos los territorios que el Brasil había usurpado y que el Paraguay reivindicó como de su histórica pertenencia, hasta los ríos Jaurú y Mbotetey.

MAÑANA:Un millón de paraguayos sucumbieron para que los Saltos del Guairá continuaran...(Segunda parte)


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09/11/2008 00:00:00