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El imperio y la gente

Es probable que me tilden de ingenua. Lo cual no podría ofenderme ya que soy de los que en principio creemos en la gente, quizás porque nosotros mismos somos buena gente y conocemos a mucha gente que nos ha dado prueba de serlo. Es más, me parece natural que el ser humano sea humano, tenga sentimientos humanos, y aun cuando son muchos los débiles que se dejan desvirtuar por la codicia, o algún otro pecado capital, sigue naciendo, creciendo, reproduciéndose gente que termina muriéndose sin dejar de ser buena.


De no ser así, este mundo ya no existiría. Hace mucho tiempo que Thanatos hubiera vencido a Eros.

En fin, más allá de esta reflexión introductiva, lo que quiero contar es que la victoria de Barack Obama me ha traído una nueva y reconfortante carga de optimismo.

No solamente porque la mayor potencia del mundo, y me reitero en que es una potencia imperialista, haya sido capaz de elegir como Presidente a un hombre negro e hijo de un inmigrante –con lo que Occidente consolida el final de los prejuicios de castas, de razas, de religiones y de clases–, sino porque creo que han optado por alguien que es buena gente.

No me detengo a imaginar qué hará Obama por el Paraguay. Es más, la pregunta me parece pueblerina, chata y hasta mezquina. Pero me permito pensar que hará mucho por la humanidad.

Barack Obama recibe la presidencia de los Estados Unidos de América en un momento de inusual crisis financiera y su electorado le impone la prioridad de reactivar la economía. Y él tendrá que optar entre diversas alternativas. Una de ellas era la que ya adoptaba McCain cuando anunciaba la permanencia de las tropas en Irak: el armamentismo, la gran industria creadora de enormes ganancias, cuyo mercado son las guerras.

En estos días, todos los medios gráficos nos recordaron el sufrimiento de miles de millones de personas, al reflejar las imágenes de los refugiados congoleños, expulsados de sus hogares y asolados por la hambruna. Rostros de padres y niños, negritos absolutamente desamparados.

Los expertos de Naciones Unidas afirman que en el mundo no hay escasez de alimentos, que la falencia es la distribución. Qué repugnante ironía.

Personalmente, confío en que el presidente Obama sepa reconocer en esos rostros la auténtica prioridad humana y que en su condición de comandante de la gran potencia, busque el imperio de la paz.

pkostianovsky@abc.com.py


pepa kostianovsky

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09/11/2008 00:00:00