abc Google  

MAQUILLAJE PROFESIONAL

Un toque angelical

Sabrina Ayala es una maquilladora paraguaya que en poco tiempo elevó su brocha por talento, simpatía y calidad humana. Fue descubierta y formada por Mabby Autino.


Se llama Sabrina por Los Angeles de Charlie: su mamá era fanática de la serie. “Mi niñez fue linda, estudiaba danza, por eso me maquillaba desde los 10 años. Cuando mis padres salían a cenar, yo entraba a la pieza de ellos y me pintaba. Frente al toillete, jugaba a que era exitosa, que me sacaban fotos y me hacían notas. Después, cuando mamá volvía, tardísimo, me encontraba con la cara como un payaso. ¡Me daba cada reto!”, recuerda con humor. Sabrina Violeta es la segunda de las 3 hijas de Casiano y Ana Didi, ambos abogados –ya fallecidos–. “Perdí a mi papá hace 16 años y, hace 8 murió mi mamá. Ella era muy coqueta, alegre y creativa, le encantaba disfrazarme: fui desde La Pequeña Lulú hasta conejita de Playboy. Pero en realidad, soñaba con que yo fuera abogada, me decía que la belleza no bastaba, además tenía que ser inteligente”.

–¿Cómo fue tu encuentro con Mabby?
–Yo estudiaba Diseño Industrial en la UCA. Era muy sacrificado, porque ya no tenía el apoyo económico de mi mamá. A la par que estudiaba, trabajaba de cajera, de secretaria, pero me aburrió estar encerrada y dejé. Me puse a hacer y vender cajas artesanales. Por ese tiempo se hizo el Asunción Fashion Week (2003). Yo conocía a los organizadores, así que ofrecí mi ayuda. Me dieron el papel de recibir a los invitados especiales. Ahí me vio Mabby Autino (famosa maquilladora argentina).

–Resaltaste entre modelos y promotoras.

–Pero no lo sabía. Después de unos meses, sonó mi celular. Era la gente de Fuschia, “por una cita de trabajo”. Ellos insistieron y fui; entonces me contaron que Mabby quedó impactada conmigo y quería que fuera representante exclusiva de su marca de maquillaje en Paraguay.

–¿Qué le gustó de vos?

–Será eso, el maquillaje. Para el AFW me pintaba diferente todos los días. Siempre fui una exagerada, iba a los té de mis amigas maquillada como para una fiesta.

–¿No lo pensaste profesionalmente?
–No, esto es algo que no busqué ni deseé, tampoco sospeché que me haría tan feliz el contacto con la gente. Antes hacía experimentos conmigo, compraba todo el maquillaje que veía, caro y barato. En Buenos Aires cambió mi percepción, pero no por aprender la técnica o a manejar el pincel (eso lo hace cualquiera que tiene mano), sino por el trato al cliente; aprendí a ser cautelosa y no chismosa.
–¿Dejaste la facultad?
–Sí, a un año de terminar; tuve que elegir entre los dos amores. Tampoco soy lo que quiso mi mamá, pero estoy orgullosa de nunca haber usado su nombre frente a un ministro para conseguir trabajo.

–En tu ambiente, ¿cómo te oxigenás de la envidia?
–Cuando empecé, Marilé Dos Santos me advirtió: “En el mundo de la belleza vas a encontrar mucha envidia; a veces, nace sin querer”. Yo hago terapia y leo autoayuda. Voy bien, estoy por cumplir 30 años y por primera vez me siento linda.

–Quien te ve diría que la vida siempre te sonrió.

–La gente ve una chica bien y prejuzga. Los prejuicios son el peor mal de nuestra sociedad. En algunos trabajos, mis compañeras decían: “Ella para qué viene si no necesita”. ¿Qué saben? Yo trabajo para vivir. Estoy bien vestida porque es parte de mi profesión, y si tengo un autito –usado, que me regaló un pariente– tampoco significa que sea una diva. Después, cuando me conocen mejor, dicen: “Ah, no eras una creída como yo pensé”.

–¿Por qué no te quedaste a vivir en Buenos Aires?
–¡Porque soy reparaguayísima! Qué bueno que puedo trabajar acá. Pienso en los jóvenes que se suicidan, se drogan o enloquecen por falta de metas; yo también pasé muchas cosas difíciles y aquí estoy, entera. El año pasado festejé mi cumpleaños en un hogar infantil, quise agradecer por estar sana.

–¿Nuestro clima no perjudica tu profesión?
–No, el maquillaje de hoy viene a prueba de tsunamis.

–¿Cuánto cuesta despertar a tu ángel maquillador?
–Soy carera, porque uso buenos productos, interpreto tu rostro y estilo de mujer.
–¿Se puede estar linda sin maquillaje?
–Para mí eso tiene un nombre: haraganería. Un brillo labial y una máscara suave de pestañas te lleva 5 minutos. Un maquillaje simple, nada fatal, te cambia el humor, conquista y alegra el mundo.


Vida cromática: De Mabby Autino quedó la enseñanza y una eterna amistad; hoy, Sabrina trabaja de manera independiente (en Dino). Expresa su talento en producciones de moda de revistas y diarios, y en campañas publicitarias de marcas nacionales e internacionales. Además de maquillar, sueña con ser actriz. Femeninamente confiesa estar muy enamorada de su pareja, Alessandro Galitelli, con quien anhela formar una familia.


Lourdes Peralta

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

69.772

918.327

Ayer

68.145

890.403

Ultima actualizacion:
16/11/2008 00:00:00