Un lustrabotas de 11 años murió de un tiro de pistola, disparado supuestamente en forma accidental por un suboficial de la Marina. El homicidio ocurrió ayer a la siesta en la Armada, en el microcentro de Asunción.

Amiguitos y familiares de Marcelo Ojeda lloran mientras el cuerpo del menor es trasladado por efectivos de la Prefectura General Naval, hacia la Morgue Judicial.
El trágico episodio se produjo cerca de las 12:30, cuando el niño Marcelo Javier Ojeda, de 11 años, esperaba clientes en la oficina de guardia de la Prefectura General Naval, ubicada en las calles Benjamín Constant esquina Colón de la capital.
El suboficial de 3ª Eduardo Vargas Gaona verificaba su pistola reglamentaria calibre 9mm, para dejarla en la guardia e ir a almorzar.
Supuestamente, al manipularla, se descerrajó accidentalmente un balazo accidental que impactó en la espalda del menor y le traspasó el pecho. El niño murió en forma instantánea.
Tras lo ocurrido, los camaradas del supuesto autor intentaron socorrer al niño, pero constaron que este ya había fallecido, según los datos suministrados.
Tras conocerse lo sucedido llegaron al lugar pobladores del barrio “Chacarita”, donde vivía la víctima. Se observaron momentos de angustia y desesperación, ya que no se tenía certeza acerca de la identidad del fallecido. Cerca de las 15:00, los uniformados aún no daban el nombre del menor y tampoco permitían ingresar a familiares para reconocer a la víctima.
Recién cuando un agente de Homicidios de la Policía contó que el pequeño vestía un pantalón y una camisilla con un número impreso en el pecho, Marta Ojeda, abuela del infante, se tiró al suelo desconsolada, con lo que se confirmó que se trataba del chico de 11 años.

Marta Ojeda, abuela del niño de once años, llora desconsoladamente junto a otros familiares al conocer que la víctima del mortal disparo fue su nieto lustrabotas.
“¡Militares asesinos!” gritaron las más 200 personas que estaban apostadas en la explanada de la Armada Nacional. Las personas trataron de impedir que el cuerpo fuera trasladado a la Morgue Judicial, al pretender llevarlo directamente a la casa de su familia. Pero se logró un acuerdo y finalmente el cadáver fue retirado en camilla, tapado con una bolsa de plástico.
“Papaíto”, como era conocido el niño, trabajaba de lustrabotas porque su padre, Filemón Ojeda (39), sufrió un accidente de trabajo hace unos meses y está postrado en una cama. Su madre está en Caaguazú. Cursaba el 4º grado en la escuela “Rodríguez de Francia”.
LLAMATIVAS CONTRADICCIONES
Muchas contradicciones hay en los reportes de la Armada, sobre el lugar donde ocurrió el hecho. En uno de los informes, se aclara que el menor estaba arrodillado frente a la puerta de la guardia, lustrándole los zapatos al suboficial Juan Bautista Zaracho Carreras. Pero el capitán Luis Vera dijo que el niño no hacía tarea alguna. Otro hecho llamativo es que el disparo se produjo en la puerta de la oficina de guardia, pero cuando los primeros testigos y periodistas llegaron al sitio no encontraron a la víctima en dicho lugar, pues la puerta de acceso tiene una abertura circular por donde se puede ver el interior. El cuerpo del lustrabotas habría sido llevado de ese lugar.
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