Lic. Emilia Piris Galeano
Tres cuentos entretenidos
El título parece un trabalenguas: trata de invertir el orden de las palabras y ya te servirá de diversión; a propósito de divertirte, siempre en la búsqueda de apoyar los paréntesis que realices mientras preparas tus exámenes, hoy te proponemos estos relatos. Tómate un recreo con ellos; reléelos, pues “detrás” de las simples palabras tal vez haya algo más que los autores quisieron transmitir y, quizás, tú seas el destinatario especial de esos mensajes.
El hombre que aprendió a ladrar
Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar.¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar.” Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta, y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime, Leo, con toda franqueza:¿qué opinas de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano”.
Mario Benedetti (uruguayo, 1920)
El vencedor
El poderoso Doberman atacó al raquítico perrito callejero y lo dejó maltrecho y sangrante. No lo mató porque apareció el dueño, le colocó el dogal y la cadena, y se lo llevó para atarlo al poste de siempre. Allí cautivo, el Doberman sentía en la boca el gusto de la sangre, y era amargo. El perrito se arrastró hasta el arroyo, dejó que el agua lavara sus heridas, y bebió. Y el agua era dulce, porque tenía el gusto de la libertad.
Mario Halley Mora (paraguayo, 1926-2003)
El puercoespín mimoso
-Esta mañana –dijo el profesor– haremos un ejercicio de zoomiótica. Ustedes ya conocen que en el lenguaje popular hay muchos dichos, frases hechas, lugares comunes, etcétera, que incluyen nombres de animales. Verbigracia: vista de lince, talle de avispa, y tantos otros. Bien, yo voy ahora a decirles datos, referencias, conductas humanas, y ustedes deberán encontrar la metáfora zoológica correspondiente. ¿Entendido?
-Sí, profesor.
-Veamos entonces. Señorita Silva. A un político, tan acaudalado como populista, se le quiebra la voz cuando se refiere a los pobres de la tierra.
-Lágrimas de cocodrilo.
-Exacto. Señor Rodríguez. ¿Qué siente cuando ve en la televisión ciertas matanzas de estudiantes?
-Se me pone la piel de gallina.
-Bien, señor Méndez. El nuevo ministro de Economía examina la situación del país y se alarma ante la faena que le espera.
-Que no es moco de pavo.
-Entre otras cosas. A ver, señorita Ortega. Tengo entendido que a su hermanito no hay quien lo despierte por las mañanas.
-Es cierto. Duerme como un lirón.
-Ésa era fácil, ¿no? Señor Duarte. Todos saben que A es un oscuro funcionario, uno del montón, y sin embargo se ha comprado un Mercedes Benz.
-Evidentemente, hay gato encerrado.
- No está mal. Ahora usted, señor Risso. En la frontera siempre hay muy buena gente que pasa ilegalmente pequeños artículos: radios a transistores, perfumes, relojes, cosas así.
-Contrabando hormiga.
-Correcto. Señorita Undurraga. A aquel diputado lo insultaban, le mentaban la madre, y él nunca perdía la calma.
-Sangre de pato, o también frío como un pescado.
-Doblemente adecuado. Señor Arosa. Auita, el fondista marroquí, acaba de establecer una nueva marca mundial.
-Corre como un gamo.
-Señor Sienra. Cuando aquel hombre se enteró de que su principal acreedor había muerto de un síncope, estalló en carcajadas.
-Risa de hiena, claro.
-Muy bien. Señorita López, ¿me disculparía si interrumpo sus palabras cruzadas?
-Oh, perdón, profesor.
-Digamos que un gángster, tras asaltar dos bancos en la misma jornada, regresa a su casa y se refugia en el amor y las caricias de su joven esposa.
-Éste sí que es difícil, profesor. Pero veamos. ¡Es puercoespín mimoso! ¿Puede ser?
-Le confieso que no lo tenía en mi nómina, señorita López, pero no está mal, no está nada mal. Es probable que algún día ingrese al lenguaje popular. Mañana mismo lo comunicaré a la Academia. Por las dudas, ¿sabe?
-Habrá querido decir por si las moscas, profesor.
-También, también. Prosiga con sus palabras cruzadas, por favor.
-Muchas gracias, profesor. Pero no vaya a pensar que ésta es mi táctica del avestruz.
-Touché.*
*Palabra francesa que significa “tocado” en el deporte de la esgrima. Se la utiliza cuando un comentario ha sido certero, dando en el blanco.
Mario Benedetti
Si te gustaron...
Hemos cumplido nuestro objetivo. ¡Éxitos en tus exámenes!
Contactos: Emails | Teléfonos | Staff
Publicidad: Como Anunciar |
Fúnebres |Clasificados
Institucional: Nuestra Historia | ABC y la Educación | Libertad de Prensa | Propiedad Intelectual
Otros Canales: ABC Blogs | ABC Ciudadano | ABC Wap | ABC RSS | Archivo | Fotonoticias | Efemérides | Noticias por E-mail
Yegros 745 esq. Herrera. Tel: 41-51-550/51 © Copyright 2008. Reservados todos los derechos.
Estadísticas |
||
Visitas |
Páginas |
|
| Hoy | 113.152 |
1.230.175 |
| Ayer | 106.829 |
1.248.318 |
| Ultima actualizacion: | ||
| 18/11/2008 00:00:00 | ||