Ese año 1922 marcó el comienzo de la agudización del problema del Chaco por los avances militares bolivianos en violación del “statu quo” pactado en 1907. En febrero de 1927 se derramó la primera sangre paraguaya en el Chaco: el teniente Adolfo Rojas Silva, muerto en el fortín Sorpresa. Hubo gran agitación popular en uno y otro país. Se habló abiertamente de la guerra inevitable. El gobierno argentino ofreció su mediación. En su virtud se firmó el 22 de abril de 1927 el protocolo Díaz León-Gutiérrez, que dispuso la reunión de una conferencia en Buenos Aires para buscar soluciones del Chaco.

Los Saltos del Guairá, con enorme potencial energético.
En estas difíciles circunstancias, el gobierno del Brasil volvió a insistir en que se firmara el Tratado complementario de límites e invitó reiteradas veces a entablar negociaciones para el efecto. El gobierno de Eligio Ayala, temeroso de que el Brasil se entendiera directamente con Bolivia, como ya lo insinuó Rodrigues Alves, aceptó la invitación. Las negociaciones quedaron radicadas en Río de Janeiro. El canciller brasileño Octavio Mangabeira instó a que se resalvaran los derechos de Bolivia, a lo cual se opuso el plenipotenciario paraguayo Rogelio Ibarra. Finalmente, se llegó a un acuerdo transaccional. Esa resalva no se formularía en el Tratado, sino en notas cambiadas por el Brasil con Bolivia y en forma que no entrañara ningún reconocimiento paraguayo de los supuestos derechos bolivianos.
EL TRATADO IBARRA- MANGABEIRA
El 21 de mayo de 1927 se firmó en Río de Janeiro el Tratado complementario de límites, conocido con el nombre de sus negociadores, Ibarra y Mangabeira. El artículo 1º estipuló: “De la confluencia del Río Apa, en el Río Paraguay, hasta la entrada o desaguadero de la Bahía Negra, la frontera entre los Estados Unidos del Brasil y la República del Paraguay es formada por el alveo del río Paraguay, perteneciendo la margen izquierda al Brasil y la margen derecha al Paraguay”. El artículo 2º reguló la distribución de las islas conforme el criterio de canal o “thalweg”. El artículo 3º previó la formación de una comisión mixta para levantar la planta del río Paraguay, con sus islas y canales, y determinar dentro de su curso la línea pactada.
La nota reversal dirigida por el canciller Mangabeira, a la Legación de Bolivia, en la misma fecha de la firma del Tratado después de informarle sobre el hecho, rezó: “Con esta comunicación es mi propósito hacer conocer al Gobierno boliviano de que el Gobierno brasilero al tratar el asunto con la República del Paraguay por hallarse ésta en la posesión del territorio al Oeste aquel trecho de frontera, no tuvo ni podía tener la intención de prejuzgar la cuestión entre Bolivia y el Paraguay, acerca de dicho territorio ni perjudicar cualesquier derechos que Bolivia pueda hacer valer sobre el mismo”. Este texto fue transcripto a la Legación Paraguaya para que lo hiciera llegar al conocimiento del Gobierno Nacional. El Ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Bordenave, contestó el 19 de agosto de 1927: “Mi Gobierno acuerda a la comunicación hecha a la Legación de Bolivia por la chancillería al muy digno cargo de V. E., el valor de una actitud amistosa ajustada a los precedentes de su conducta diplomática, pero no puede ver en ella una aminoración de lo que en sí mismas importan las cláusulas del Tratado complementario. El Paraguay sostiene como ha sostenido invariablemente, ser incontestable su dominio sobre la margen derecha del río de su nombre, dominio no afectado por su diferendo con Bolivia, que sólo versa sobre el exacto deslinde de su territorio fronterizo”. El Brasil dio por ignorada esta nota. Ella no fue transcripta en el Relatorio de Itamaratí que reprodujo la documentación del Tratado Complementario.
GRANDES DEBATES EN ASUNCIÓN
El Tratado Ibarra-Mangabeira motivó en el Paraguay controversias periodísticas y parlamentarias. Terminó el período de Eligio Ayala sin que el ajuste fuera considerado por el Congreso y parecían escasas las probabilidades de su ulterior aprobación. Bajo el gobierno de José P. Guggiari, el Brasil presionó fuertemente para que se ratificara el Tratado. Se abrieron grandes debates en el Parlamento. Los dos partidos políticos en que se dividía la opinión tomaron posiciones: a favor, Partido Liberal, entonces en el gobierno, con la importante disidencia del senador Modesto Guggiari; en contra, el Partido Colorado, que ocupaba bancas en la oposición de ambas ramas legislativas. En la Cámara de Diputados, Justo Prieto fue el vocero de la corriente favorable. César A. Vasconsellos, de la adversa. En el Senado, Modesto Guggiari, en memorables discursos, hizo el proceso de la política brasileña. En el grave momento que vivía el país, la necesidad de no indisponerse con el Brasil, cuya abierta protección a Bolivia hubiera sido sumamente perjudicial para la causa nacional, aconsejó la primera actitud. La oposición al Tratado vio en éste el desenvolvimiento de la vieja política brasileña contraria al Paraguay y la articulación de bases jurídicas a las pretensiones bolivianas sobre el Chaco. Finalmente, el 19 de octubre de 1929 quedó aprobado el Tratado por el Congreso.
El canje de ratificaciones tuvo lugar en Río de Janeiro el 25 de noviembre de 1929.

Fulgencio Ricardo Moreno, canciller paraguayo.
EL PROTOCOLO MORENO- MANGABEIRA
El conocido historiador y diplomático Fulgencio R. Moreno reemplazó a Rogelio Ibarra en la Legación Paraguaya en Río de Janeiro. Le tocó firmar, juntamente con el canciller Mangabeira, el protocolo del 9 de mayo de 1930, por el cual se estipularon, conforme al artículo 3º del Tratado de 1927, instrucciones para la demarcación y caracterización de la frontera paraguayo-brasileña, y no sólo en el tramo delineado por el Tratado Ibarra-Mangabeira, sino también en el determinado por el Tratado Loizaga-Cotegipe. Se concertó la constitución de una “Comisión Mixta de límites y de caracterización de la frontera Paraguay-Brasil”. Aunque su cometido principal se relacionaba con el levantamiento hidrográfico del río Paraguay para la determinación de la línea mediana del canal principal elegido como frontera por los artículos 1º y 2º del Tratado Complementario, le fueron atribuidas otras facultades de la mayor importancia.
El artículo 10 dice: “La Comisión Mixta procederá a la reparación o sustitución de los hitos de la frontera común, demarcada de 1872 a 1874, que estuvieren deteriorados o destruidos, manteniendo sus respectivos sitios. Además, observadas las prescripciones del tratado de límites del 9 de enero de 1872, y lo que se contiene en el acta de la 18ª y última conferencia de la comisión mixta ejecutoria de dicho Tratado 1872, firmada en Asunción el 24 de octubre de 1874, construirá nuevos hitos entre los ya existentes, en las tierras altas de la referida frontera, indicadas en aquel tratado, de manera que cada trecho de la línea divisoria quede definido por una poligonal rectilínea, caracterizados sus vértices por los hitos existentes y por los que fueren construidos de modo que de cualquiera de ellos se puedan avistar directamente y a simple vista, los dos contiguos”. De este modo se reabría el proceso de la demarcación de 1872 a 1874. ¿Con qué objetivo? ¿Solamente para renovar, restituir o densificar los hitos?
SIGNIFICACIÓN DEL PROTOCOLO
Este protocolo Moreno-Mangabeira nos permite retornar al objetivo de nuestras principales disquisiciones, la cuestión de los Saltos del Guairá, de que nos apartamos un tanto por la necesidad de completar el cuadro de las relaciones paraguayo-brasileñas en que aquel problema encuentra su natural ubicación. El lector atento habrá advertido que no ha sido vana esta desviación. Mediante ella no sólo ha completado su información sino que tendrá una comprensión mejor de los factores que han gravitado, y siguen gravitando, en el azaroso proceso de la configuración territorial del Paraguay, de que la disputa por los Saltos Guairá ojalá sea el último episodio. Aparte esta significación, el protocolo Moreno-Mangabeira, emanado del Tratado Ibarra-Mangabeira, al ser cumplido sobre el terreno, fue ocasión, según veremos en los siguientes artículos, para que el Brasil tratara de sacar el mayor provecho posible de los errores y omisiones de la caracterización de 1872 a 1874, tanto para consolidar sus adquisiciones como para intentar un nuevo despojo: apoderarse de los Saltos del Guairá. Porque si en la época del Tratado Loizaga-Cotegipe éstos no le interesaron, ahora cobraban insospechada importancia, desde que la ciencia y la técnica descubrieron que eran fuente de incalculables riquezas, la reserva de energía más grande del mundo.
MAÑANA: Una Revolución tecnológica asigna a los Saltos del Guairá insospechado valor.
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