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EX FISCAL RADICADO EN PARAGUAY VE INQUIETANTES SIMILITUDES

“En el Perú no hacíamos caso y terminamos con 70.000 muertos”

Carlos Fernando Portocarrero Berríos es un abogado peruano establecido hace casi veinte años en el Paraguay, donde tiene un negocio de informática. En el Perú fue fiscal del crimen, participó activamente en el sonado caso “Villa Coca”, en el que cayó el mafioso Reynaldo Rodríguez López y se constataron lazos del narcotráfico con políticos, magistrados y policías, luego fue representante laboralista de empresas, hasta que huyó por amenazas de Sendero Luminoso. Portocarrero observa con preocupación lo que está ocurriendo en su “segunda patria”, porque ve demasiadas similitudes con el origen del tremendo proceso de violencia que sufrió recientemente su país.


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–¿En qué usted encuentra parecido lo que está pasando en Paraguay y lo que pasó en Perú?

–Allá también comenzó todo como un problema campesino, en Lima nadie le hacía caso a la violencia que crecía en las zonas rurales. Incluso los gobiernos de Fernando Belaúnde Terry, primero, y Alan García, después, minimizaban el asunto, decían que eran casos aislados. Ahí están los resultados, hay 70.000 muertes documentadas.

–¿Cuál es el origen de Sendero Luminoso?

–Ellos eran el ala maoísta del Partido Comunista. Conformaban un partido político y tenían alguna influencia en las universidades, entre los intelectuales. Cuando se convocó a elecciones en el año 1980, luego del gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez, decidieron no participar y pasar a la clandestinidad.

–¿De dónde surgió Abimael Guzmán (máximo líder de Sendero, con cadena perpetua desde 1992)?

–Era profesor universitario, catedrático de sociología, pero no en la capital, sino en Ayacucho.

–El bastión de Sendero.

–Sí, en la zona de la sierra. El Perú a grandes rasgos se divide en costa, sierra y selva. La sierra está en el centro, es la parte más pobre. Allí Guzmán hacía su trabajo de adoctrinamiento.

–En el ochenta, entonces, pasan a la clandestinidad. ¿Usted qué hacía en esa época?

–También era estudiante. De repente nuestros compañeros de estudio que eran de Sendero Luminoso dejaron de venir a clases. Nosotros los buscamos, pero no los ubicamos más. Había sido que se fueron todos a un programa de entrenamiento de dos años en Ayacucho con Abimael. Allí se estructura el partido clandestino con el clásico sistema de células y se define su objetivo de tomar el país desde el campo a la ciudad por medio de la lucha armada, al estilo de Mao Tse-tung en China.

–¿Era un movimiento fuerte o muy minoritario?

–Era muy minoritario. Gente decidida, radicalizada, pero sin muchas bases, incluso dentro de la izquierda.

–¿Cuál era el partido fuerte de izquierda?

–En aquella época varios partidos se unieron y formaron Izquierda Unida, que tuvo mucho peso político, sobre todo después de que ganaron la alcaldía de Lima con Alfonso Barrantes.

–Sendero no se les sumó.

–No. Ellos se declararon en rebeldía, no aceptaban la “democracia burguesa”, decían que el pueblo solo podría llegar al poder por medio de la lucha armada.

–Como aquí podría ser, digamos, el grupo de…

–De Carmen Villalba.

–Sí, eso iba a decir, se autodenominan Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

–Yo cuando la veo y la escucho a Carmen Villalba me viene todo vívidamente a la memoria. Es la típica, típica terrorista de mi país de hace veinticinco años, con el mismo discurso, con los mismos métodos, con la misma determinación. Y tal como ocurría en aquel entonces en el Perú, aquí igual, nadie la toma en serio, todos creen que es una simple delirante de un grupo insignificante que solo puede tener algún adherente en alguna zona aislada y muy lejana.

–¿Cuándo comenzó la violencia en el Perú?

–Alrededor del año 83.

–¿En las ciudades?

–No, en el interior del país. Incitaban a la violencia a los campesinos, que invadían propiedades, quemaban casas. Después comenzaron a realizar ajusticiamientos, al principio incluso algunos eran bien vistos por los pobladores, porque se tomaban contra gente odiada, pero después ya se fueron generalizando. Atacaban a alguna autoridad, a un alcalde, a un comisario, y finalmente ya a cualquiera.

–Eran famosos los linchamientos.

–Sí, organizaban hordas. Vargas Llosa (Mario), por ejemplo, hizo un famoso informe del linchamiento de ocho periodistas en 1983 que habían ido a investigar una matanza de Sendero Luminoso en Uchuraccay.

–¿Cuándo se comienza a tomar conciencia de la gravedad del problema?

–Cuando los ataques se fueron trasladando a las capitales de las provincias y a Lima, sobre todo con los secuestros, que fue su primera gran fuente de financiamiento. Para mediados de los años ochenta ya estaban por todos los alrededores. Quien más quien menos sabía de algún terrorista, ya no en lo que sería por ejemplo San Pedro o Concepción, sino en San Lorenzo o en Caacupé, ya en los centros urbanos importantes.


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Nota dejada con una bala en Radio Aquidabán de Concepción el 30 de setiembre pasado, con la supuesta firma del “EPP”, Ejército del Pueblo Paraguayo, grupo de Carmen Villalba, Alcides Oviedo, Magna Meza, Manuel Cristaldo Mieres y otros.

–¿Terrorista o guerrillero?

–Terrorista.

–Pero hay una diferencia. Digamos que el terrorista ataca a la sociedad civil inocente. ¿Dónde ubicamos a Sendero?

–Al principio tal vez tenían ciertos reparos, pero pronto la violencia pasó a ser indiscriminada. Llegaban a una ciudad, a un pueblo y resulta que la persona más respetable era el doctor fulano de tal, alguien que tal vez era una persona excelente, solidaria, que curó alguna vez a senderistas, nada importaba. O lo secuestraban por dinero o le obligaban a llamar a la lucha armada y a apoyar a Sendero Luminoso. Si se negaba, o si lo hacía sin suficiente convicción, le hacían juicio sumario, lo torturaban y lo liquidaban. El objetivo era implantar el terror.

–¿Deliberadamente?

–Todo era completamente deliberado y organizado. Tenían un sistema que llamaban de “socorro popular”. Cuando se hacía un ataque, ya tenían preparados abogados, médicos, toda la logística estaba preparada, era un ejército. Todo lo manejaba personalmente Abimael, a través de un sistema de células, nada era dejado al azar. En Lima había asesinatos todos los días. Uno podía estar comiendo algo en la calle y se acercaba alguien y te metía un tiro delante de todos, sin razón alguna, solo para crear el caos.

–También usaban coches-bomba, ¿no?

–Sí, ponían bombas en lugares públicos. O “condenaban a muerte” a alguien y lo buscaban para matarlo, o “exiliaban” a otros obligándolos a abandonar el país bajo amenazas, como me pasó a mí. También mataron a muchísimos policías y militares, sin importar quiénes eran, al punto que ya no usaban sus uniformes.

–¿No usaban uniformes?

–No. Y cuando no había más remedio, los guardias temblaban de miedo porque eran un blanco preferido, ya que cuando un terrorista mataba a un policía o un militar y le quitaba el arma, era ascendido. Fue tremendo. Cuando ese terror llegó a la capital, ya nadie quedó a salvo.

–¿Por qué lo amenazaron a usted?

–Porque yo era abogado laboralista de muchas empresas y Sendero también se metía con los sindicatos. Por ejemplo, llegábamos a acuerdos, supuestamente estaba todo bien, y al día siguiente venían los dirigentes y nos decían que no podían firmar porque estaban amenazados, que fueron a sus casas, que fueron encapuchados a la asamblea para prohibirles firmar bajo pena de muerte.

–¿Y por qué?

–Solamente para desestabilizar, para que haya descontento, querían atacar también el sistema económico, esa era su lógica. Así pensaba Abimael, que era el cerebro de todo, y lo hacía ejecutar.

–¿Y cómo fue su caso?

–Un día me asaltan y me roban el auto, mi billetera, todo lo que tenía encima. Yo estaba convencido de que eran delincuentes comunes, pero a la noche recibí una llamada en la que se identifican como Sendero y me dicen que me tenía que ir del país o me matarían. Me dan una dirección, yo voy al día siguiente y no solo encuentro el auto, sino mi billetera, mi dinero, todo. Ahí me di cuenta de que estaban hablando en serio y decidí irme con mi familia.

–¿Cómo vino al Paraguay?

–Había un colega al que le estaba pasando lo mismo y él tenía un amigo aquí. Me convenció para venir. Llegué en marzo de 1989, poco después del golpe. No pudimos ejercer la profesión, pero creamos nuestra empresa y nos fue bien. Mi socio volvió durante el gobierno de Toledo, pero yo no quise ir a empezar todo de nuevo, preferí quedarme en el país que me acogió y al que le estoy muy agradecido.

arivarola@abc.com.py


Armando Rivarola

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26/11/2008 00:00:00