Al asumir el 15 de agosto, el presidente Fernando Lugo prometió seguir un “liderazgo pragmático” para sacar a la nación de la miseria y el subdesarrollo. Sin embargo, se avivan las sospechas de que pequeños grupos de izquierda que lo rodean tienen como misión destruir a los partidos políticos.
El apoyo velado de personeros del Gobierno a invasiones de propiedades y manifestaciones callejeras contra instituciones del Estado, como la que se registró contra la Fiscalía General del Estado, avivó las sospechas acerca de la vigencia de “sectores sociales” pro gubernistas destinados a anular a los partidos mayoritarios.
Líderes políticos de los principales partidos representados en el Congreso –incluidos los liberales gubernistas– advirtieron la extraña metamorfosis del gobierno de Lugo en sus primeros 100 días, rodeado de políticos de izquierda, poco afectos en sus opiniones, al respeto de la institucionalidad y al aliento de lo que ellos llaman “democracia participativa”, o sea, la toma de decisiones por “asambleas populares” al margen de la ley y los dictados de la Constitución.
Los que propugnan esta forma sui generis de gobernar buscando desconocer la voluntad popular expresada el 20 de abril en las urnas, curiosamente son los que también se presentaron a competir, pero sufrieron un duro revés en sus aspiraciones de ser elegidos (ver infografía).
Como se observa en el gráfico, en la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), el PLRA obtuvo 82% de los escaños en la Cámara de Senadores y el 84% en Diputados.
Del total de votos emitidos a favor de Lugo, el 66% fueron votos liberales. Este partido consiguió 14 de las 17 bancas destinadas a la Alianza en Senadores. Los colorados llevaron 15, Unace 9 y Patria Querida 4.
Aunque fueron elecciones regionales, en Diputados, los colorados llevaron 30 escaños, PLRA 27, Unace: 15.
Las demás nucleaciones, a las que debe sumarse el movimiento que catapultó a Lugo (Tekojoja) se repartieron una banca por sector.
A partir de estas cifras, cabe preguntar: ¿quién maneja el país? o ¿quién deberían hacerlo? o ¿tiene derecho una minoría a imponer su voluntad a la mayoría?
Lugo y el PLRA decidieron protagonizar un matrimonio de conveniencia para ganar los comicios.
Hay una premisa básica: sin Lugo, el PLRA no hubiera ganado. Sin el PLRA, Lugo tampoco.
Hoy ambos están al frente de dos poderes del Estado.
Pero los partidos mayoritarios representados en el Congreso están cada vez más convencidos de que Lugo alienta una red subterránea llamada “sectores sociales”, sin representación popular, que se apresta a dar un zarpazo, en el menor descuido, contra ellos.
Se potencian como excusa reclamos de reforma agraria casi imposibles de cumplir, con la única finalidad de poner en jaque a la nación.
En esta segunda etapa de gobierno se podrá comprobar si los que fueron mayoritariamente votados, encuentran el punto medio para avanzar, impulsados por el mandato popular del 20 de abril o si vence, como siempre, la primacía de grupos dominantes por encima del interés nacional.
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