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PERSPECTIVAS

¡Tantos se casan!

Es la época del año en que nuevamente se abarrotan los escritorios de tarjetas de invitación, de los más diversos diseños y colores, y de e-mails anunciando alguna boda a la sección Sociales de nuestro diario. Son hechos tan reiterativos que atiestan e inducen a exclamar: “¡Es tanta la gente que se casa!” (había sido). “¿Para qué?” o “¿Por qué?,” podrían ser preguntas subsiguientes.


El 16 de setiembre de 2007 en este mismo espacio ya me dediqué al tema. En aquella oportunidad, en uno de los párrafos decía esto: “En marzo de este año, la sección Sociales del diario ABC recibió, aproximadamente, unos 36 pedidos de coberturas de bodas. En abril fueron 42; en mayo, 29, y unos 35 en junio. Solo el 7 de julio, unas 19 parejas eligieron como fecha de boda, totalizando ese mes 51 matrimonios. En agosto, 20. Ahora en setiembre, 55 y se siguen sumando”, se mencionaba.
Si miramos las cifras de este año, el mes pasado registré unas 57 bodas. Y ahora en diciembre, hasta el momento en que escribía estas líneas, sumaban 45 las participaciones recibidas. Se entiende que estas cantidades no son representativas de toda la capital y menos del resto del país, pero dan una pauta del apogeo casamentero.
En realidad lo que me ocupa no es la exposición ni comparación del número de bodas realizadas o a realizarse, sino el impulso de las parejas para llegar a esta decisión. ¿Cuántos serán los verdaderamente conscientes de la relación marital? ¿Cuántos con sensatez asumen una nueva vida de a dos? ¿Cuántos respetarán la individualidad del otro, su libertad y estilo de vida?, porque según los entendidos del comportamiento humano, una pareja solo funciona cuando se acepta que el otro es una persona distinta, y no lo que uno quiere fabricar a merced del capricho, ideales y romanticismo. ¿Sabrán con claridad que el matrimonio es la base de una familia y la familia el pilar de una sociedad? ¿Que en el matrimonio llegarán a convertirse en padres, responsables de la formación de los nuevos ciudadanos que nuestro país necesita? Entenderán que hay que cargar agua para enfriarse en la heladera, que la casa se desordena, que hay que ir al supermercado, que las facturas del agua y la luz son implacables y que aunque tiernamente despierten uno al lado del otro, ambos estarán despeinados y somnolientos.
No soy escéptica. Yo creo en el amor verdadero y también estoy convencida de que muchos de los casamientos celebrados responden a esta poderosa e inexplicable fuerza. Pero también es una realidad que la inmadurez, la confusión y la aventura de probar algo distinto reina en las personas. El comportamiento de la sociedad me dice que muchas determinaciones se toman insustancialmente.
El panorama al respecto del tema es variado. Hace poco una amiga, de 19 años, me dijo que su ex compañera de colegio se casaba; la futura esposa también tiene 19 años. Entonces le pregunté: ¿Y por qué hace eso siendo tan joven? (¡acababa de terminar la secundaria!). La respuesta de mi amiga fue: “Pasa que está cansada de su casa. ¡El tipo es el que se quiere casar!”. En otra oportunidad escuché en una boda que un familiar de la contrayente -posiblemente haya sido la hermana o alguien muy cercana- dijo: “Por fin le vendimos a fulana”; lo expresó exactamente en el momento en que la novia estaba bajando del auto frente a la iglesia. Por otro lado, una pareja que luego de un eterno noviazgo se casó me dijo: “Nosotros nos unimos para por fin sentirnos realizados y disfrutar el tiempo de vida que nos queda juntos”.
Los motivos para cohabitar son personales y responden a historias familiares, sociales e individuales. Lo cierto es que independientemente de la razón para realizarse, los enlaces ya son un sello de las páginas de Sociales, una realidad.

lsanchez@abc.com.py


Lilian Sánchez V.

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Ultima actualizacion:
14/12/2008 00:00:00