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140 AÑOS DE UNA...

Acreditación entre dos fuegos

Hoy hace 140 años que, en medio de una tensa calma de la Campaña de
Pikysyry, tuvo lugar la acreditación de un diplomático amigo, el norteamericano Martin McMahon, un norteamericano que demostró su amistad con el Paraguay, en todos los momentos que le tocó vivir.


Momentos difíciles pasaba la patria.
Duros momentos pasaban
los paraguayos empeñados en
seguir luchando por ser eso: paraguayos.
Todavía no se habían recuperado de la heroica
batalla del 6 de diciembre en Ytororó,
cuando, nuevamente, a orillas del Avay
tuvieron que enfrentarse a fuerzas tremendamente
superiores, lo cual les obligó
a buscar refugio en las alturas de Itá Ybaté,
donde Francisco Solano López Carrillo
había establecido su puesto de comando.
Negros nubarrones se enseñoreaban en el
horizonte. El Paraguay se estaba jugando
su propio destino. Las condiciones eran
tan adversas, que solo morir por la patria
era la esperanza suprema de ese pueblo
herido de muerte, exhausto, pero con el
ímpetu que da la adrenalina ante situaciones
tan severas y extremas. Unos días
más y llegaría el ataque inexorable de los
aliados.

Un yanqui en el Pikysyry

Mientras todo eso ocurría, en el puerto
de Angostura desembarcaba un abogado
y militar norteamericano, curtido en los
campos de batalla de la Guerra de Secesión,
Martin McMahon, trayendo sus
plenipotencias que le acreditaban como
ministro diplomático de su país ante el
Gobierno paraguayo.
Martin McMahon vino a suceder a Charles
A. Washburn, de criticada actuación en nuestro medio (además de mostrase
grosero con las autoridades nacionales,
comprobada su connivencia con los aliados,
fue acusado de promover conspiraciones
contra el Gobierno paraguayo).
Para poder franquear el bloqueo aliado
en aguas del río Paraguay, la embarcación
que conducía al ministro McMahon fue
acompañada de la escuadra del Atlántico
Sur, comandada por el almirante C. H.
Davis. Tanto en Río de Janeiro como
en Buenos Aires, los ministros norteamericanos
James E. Webb y Charles
Washburn intentaron disuadirlo de
seguir hasta el Paraguay.
En el Paraguay habían quedado algunos
ciudadanos norteamericanos acusados de
conspiración y era proyecto de Washburn,
Webb y otros forzar a López la entrega de
los acusados. McMahon consideró que
era más prudente negociar con López e
hizo caso omiso a las recomendaciones y
proyectos de sus compatriotas.
El 12 de diciembre de 1868, Martin
McMahon desembarcaba en Angostura.
El grueso del Ejército paraguayo,
apenas repuesto de la batalla de Avay,
peleada el día anterior, estaba empeñado
en la construcción de trincheras
para la defensa de Itá Ybaté, esperando
el ataque del enemigo.
Hasta allí llegó el diplomático norteamericano
y en ese marco de gran trajín, preparando
la defensa de ese reducto, el 14 de diciembre de 1868, un día como hoy,
Martin McMahon presentó sus credenciales
al gobierno del Mariscal Francisco
Solano López Carrillo.

Compañero de la suerte del país

Hoy se cumplen 140 años de la acreditación ante el Gobierno paraguayo del ministro plenipotenciario Martin McMahon. Momentos difíciles para el gobernante paraguayo, Mariscal Francisco Solano Lopez, que vio en el diplomático norteamericano un amigo leal a la causa paraguaya. McMahon, consumado dibujante, dejó testimonios del sufrimiento del pueblo paraguayo en la guerra contra la Tríplice.

McMahon fue recibido por López “en
medio del estridor de las armas”, según las
propias palabras del Mariscal. Desde su
llegada acompañó al gobierno y al pueblo
en armas siguiendo su suerte. Fue testigo
y protagonista de la heroica batalla de Itá
Ybaté, entre el 21 y el 28 de diciembre de
1868.

Aquella batalla, llevada inicialmente por
los brasileños, comandados por el marqués
de Caxías, a quienes, después, se
sumaron los argentinos, comandados por
el general Gelly y Obes. En un momento
de la batalla, McMahon, inclusive, se vio
obligado a desplegar la bandera norteamericana
en la puerta del modesto hospedaje
que ocupaba junto al Cuartel General paraguayo,
para proteger en su interior a los
hijos del Mariscal.

Como la batalla daba señales de ser inmisericorde,
López llegó a pedir al ministro
McMahon que se refugiara en el interior
del país, específicamente a la nueva capital,
Piribebuy. Luego de un viaje que en su
itinerario incluyó Paraguarí, Cerro León y
Azcurra, el ministro norteamericano llegó
a Piribebuy, llevando consigo, bajo la bandera
de su país, a los hijos del Mariscal.


McMahon el diplomático

Luego de un dificultoso camino por las cordilleras hasta el campamento de Azcurra, Caacupé, McMahon comunicó al Gobierno paraguayo la disposición de su gobierno de terminar sus funciones diplomáticas (izq.). Arriba, Martin McMahon en dos etapas de su vida: Militar en la Guerra de Secesión y magistrado judicial al final de su existencia.

Varios fueron los intentos de McMahon
por mediar en el conflicto bélico del Paraguay
contra la Triple Alianza. Uno de
aquellos intentos fue la gestión ante el
Comando aliado del cese del uso indebido
de la bandera tricolor en filas enemigas,
en especial entre los componentes de
la Legión paraguaya. Si bien no logró su
cometido, consiguió que López desistiera
de bárbaras represalias contra los prisioneros
aliados.

Los trágicos momentos que le cupo vivir,
presenciar, le llevaron a escribir líneas
que son todo un canto al valor de los
paraguayos: “En lo que respecta al Paraguay,
su lento exterminio es el proceso de
enfrentar a gente de tanta fe y maravillosa
resistencia con enemigos tan inferiores
en valor y lerdos de movimientos y,
además, los paraguayos están dispuestos
a esperar cualquier resultado con un heroísmo
que no tiene paralelo en los tiempos
modernos”. Ante la visible desventaja del Paraguay en
su lucha con sus vecinos, McMahon apeló
a su gobierno para que mediara en el
pleito, a ver si lograba la finalización de la
guerra. Pero pasaba que en su país, había
sido nombrado secretario de estado Elihu
B. Washburn, hermano de su predecesor
en el cargo diplomático en el Paraguay.

Si bien sólo estuvo unos días en el cargo,
fueron suficientes para que ordenara el
regreso de McMahon a su país.

McMahon tuvo que dejar la sede de sus
funciones por orden de su gobierno -aunque
parece ser, según investigaciones
recientes, que su traslado fue sin conocimiento
del presidente Ulises Grant-. El 30
de junio de 1869 se alejó del país, acompañado
durante un buen trecho por el propio
presidente López y su escolta hasta
cerca de Ypacaraí, dejando tras sí el afecto
y el cariño de un gobierno y un pueblo heroicos
que vieron en él a un amigo leal en
tan duras y difíciles circunstancias.

Esa amistad, que demostró en tan difíciles
momentos, siguió haciéndolo en su país,
reivindicando la verdad sobre la guerra
que soportaba nuestro país.


Breve bosquejo biográfico

Elisa Alicia Lynch cultivó la amistad del diplomático norteamericano, quien protegió a sus hijos bajo la bandera de su país en los duros momentos de las últimas grandes batallas.

Martin McMahon nació en La Praire, Canadá,
el 21 de marzo de 1838. Posteriormente
su familia se radicó en Nueva York.

Estudió Derecho y trabajó en un estudio jurídico de Buffalo, NY, mientras cumplía
la edad para ejercer, pues había egresado
muy joven.

Peleó en la Guerra Civil norteamericana
(1861-1865) y le cupo ejercer importantes
funciones al lado de no menos importantes
figuras, ganándose las presillas
de general de brigada y de división y
la Medalla de Honor del Congreso de los
Estados Unidos.

En 1868 fue designado Ministro ante el
Gobierno paraguayo, cargo que ejerció
durante siete meses. A su regreso escribió
varios libros y dictó numerosas conferencias
a favor de la causa paraguaya. Ejerció
importantes cargos oficiales y fue senador.

Posteriormente se dedicó a la magistratura
judicial hasta su fallecimiento en
Nueva York, el 21 de abril de 1906.

Hoy se cumplen 140 años de la acreditación
de Martin McMahon como diplomático
ante el Gobierno paraguayo.

Ciento cuarenta años de difícil misión
que tuvo que cumplir en las aciagas jornadas
de la Campaña de Pikysyry. Los
campos de Guarnipitán, seguramente,
guardan los rastros, las huellas, de tan
notable personalidad en aquellas onduladas
llanuras que vieron verterse la
sangre de paraguayos, de argentinos y de
brasileños en una contienda sin parangón
en suelo americano.

Casi siglo y medio después, muchos
compatriotas se han olvidado de esas
jornadas y de las personalidades que vivieron,
que vieron, tan dramáticas acciones.

Ojalá que ese olvido no nos lleve
a sepultarlas con desperdicios, pues
sigue latente en el ánimo de las autoridades
convertir en basurero esos campos
de dolor, de exterminio, de martirio.
Ojalá.


Luis Verón

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14/12/2008 00:00:00