María Teresa López Moreira de Pérez es una ceramista paraguaya que busca trasmitir mensajes profundos, pero asegura: “Las ideas no son mías, solo salen a través de mí”. Apasionada por su arte y devota católica, nos permite una pincelada de su vida y nos habla de su última exposición: “La Pasionaria”.

Sin delantal ni ropa de labor, María Teresa se muestra finamente arreglada. Fuera del atelier, es “coqueta por naturaleza”. Ni bien empezamos la charla, Marithé dice: “Soy una persona muy espiritual, muy humana, y tengo el año dedicado a obras sociales. Eso aparte de mi trabajo en cerámica y mis tareas como esposa (casada desde hace 46 años con el abogado Oscar Pérez), madre de Karin, Janina, Oscar y Bettina, y abuela de 10 nietos”. La artista acaba de exponer “La Pasionaria”, una colección de 18 piezas que pudo verse en la Manzana de la Ribera, y tuvo doble éxito: convocó y vendió. “Mis jarrones son más bien esculturas –aclara–. Y a ver si te puedo explicar mi inspiración: Yo hice un jarrón, lo miré y vi que salió muy lindo. Luego pensé: “Esto es el hombre”, y las asas significan la diferencia. Porque somos iguales, pero únicos; por eso fui haciendo jarrones con asas colocadas de manera distinta”.
–¿Cuántos jarrones hiciste?
–Doce. Son los 12 apóstoles.
–Barro, apóstoles..., te inspiraste en la Biblia.
–Bueno, ya sabemos de dónde provienen todo. Por eso te dije que era una persona muy espiritual. Antes de empezar a trabajar, siempre me encomiendo al Espíritu Santo. Después que terminé “los 12 apóstoles”, me di cuenta de que no podía exponer solamente esas piezas. Así que empecé a hacer una flor (hice 3 en total), sin pensar en la especie. Cuando mi hija la vio me dijo: “Mami, esta flor es la pasionaria”. Después supe algo que me erizó la piel: La pasionaria es la flor a la cual, a finales del siglo XVII, el papa Pablo V le atribuyó el simbolismo de la Pasión de Cristo.
–También presentaste tres murales.
–Sí, cada uno muestra un proceso de la flor; simbolizan los tres clavos de Cristo. Los murales, que tienen una base de madera, contienen las flores (en forma de platos) cubiertas con un velo muy trasparente. Quise dar un aire de misterio.
–¿Cómo reaccionó el público?
–La gente enloqueció, está todo vendido. Lo digo con orgullo porque realmente me puso feliz. Fue un trabajo minucioso todo en barro –muchos creían que los jarrones eran de metal–.
–¿Por qué pensás que tu obra fue divinamente inspirada?
–Porque a mí nunca se me hubiera ocurrido una idea así. Las ideas llegaron a mi mente después de que invoqué al Espíritu Santo. Yo había planeado exponer sobre mi pasión por la cerámica, pero ves, Jesús dijo: “No será tu pasión, sino la mía”.
–¿El público debe interpretarlo así?
–Mi arte juega entre lo contemporáneo y lo vanguardista. Lo contemporáneo surgió después de la Segunda Guerra Mundial, por eso es libertad de expresión e interpretación.
–¿Quién era tan religiosa en tu familia?
–(Sonríe) ¡No vayas a creerme una monja! Mi abuela materna era muy devota. Yo a la Virgen le debo el haberme salvado la vida.
–¿Por alguna enfermedad?
–A lo mejor hoy, que falta fe, mi relato sirve para recuperar un poquito de esperanza. Cuando yo tenía 15 años, un niñito de 2 años –que estaba con sus padres de visita en mi casa– en un descuido tomó un revólver de una colección que mi papá tenía guardada en un baúl. No sabemos cómo llegó a tomarla; el hecho es que apareció en la sala sosteniendo el arma con sus dos manitos y, jugando, disparó. El tiro me entró en la ingle. Yo, asustada, grité encomendándome a la Virgen de la Medalla Milagrosa; la invoqué como 15 veces seguidas. Me llevaron al hospital, me revisaron y ahí estaba la bala, partida en dos, se había deslizado hacia el cóccix. No tenía herida externa ni salía una gota de sangre.
–¿Qué dijo el médico?

–Recuerdo que me dijo: “Hágase ver, el día de mañana va a querer tener hijos”. Y tuve a los 4 en parto normal. Todavía tengo la bala partida. Una vez me dijeron que haciéndome cataplasmas de barro en la zona, este atraería el metal y la bala saldría con una pequeña incisión.
–¿Qué principios –terrenales– te convierten en una artista?
–Tuve la dicha de estudiar con grandes maestros como Holden Jara y Pablo Alborno. Después con otros profesores, hasta que sentí que dije “basta”, tenía que ser yo misma. Siendo muy joven, viví tres años en Europa; allá investigué todas las técnicas en porcelana: Rosenthal, Bavaria, Limoges y Capo de Monti. Luego, con mi marido, conocí Australia y Oriente. Ni la biblioteca más grande del mundo vale tanto como la vivencia.
–¿Cuál es el tema de tu próxima exposición?
–Me invitaron nuevamente para exponer en la Manzana. Pero el tema es secreto hasta el 2010. No lo puede saber ni mi familia.
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Lourdes Peralta
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