La Misión, ecoaventura que tiene Los Andes como fondo, tuvo a dos jóvenes paraguayos como triunfadores. Gustavo Borgognon y Roberto Monges dejaron bien alto el nombre de Paraguay.

Gustavo Borgognon y Roberto Monges, situados a la izquierda, lograron una hazaña en Los Andes.
La Misión: carrera de ecoaventura.
Lugar: provincia de Neuquén, Argentina. Recorrido: 150 km. Circuito:
Cordillera de Los Andes, subiendo hasta 2.500 metros sobre el nivel del mar. La competencia tuvo lugar del 26 al 29 de noviembre.
Mencionar la ficha técnica de una de las carreras de aventura más duras de la región no es suficiente para reflejar lo que significa competir, pero sí permite tener una idea de la tremenda fuerza de voluntad y esfuerzo físico que deben desplegar los corredores para completar su circuito.
Para sorpresa de los ecoaventureros de Argentina, la última edición de La Misión fue ganada por dos paraguayos: Gustavo Borgognon y Roberto Monges.
Aparte, otros seis corredores lograron completar el exigente recorrido: Darío Samaniego y Carlos Barrail, del Equipo Ñakurutũ; Rubén Ettiene y Alice Meza, del Team Expy; los veteranos Mario Caballero, de 57 años, y Andrés Canese, de 46, del Equipo Karumbe.

La Misión es una decarreras de aventura más difíciles de la región. Ocho paraguayos lograron completar el circuito. Los corredores de aventura de nuestro país dieron muestras de madurez deportiva. En la foto de abajo, Charlie Barrail, con la bandera paraguaya en su mochila.
De 370 participantes que partieron del pequeño pueblito de Villa Pehuenia, 206 lograron completar la carrera; 164 no cruzaron la línea de llegada.
En Paraguay, las carreras de ecoaventura
comenzaron en octubre de 2001, con una inolvidable competencia realizada
en la Reserva
Natural Mbaracayú,
organizada por el Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay.
De aquel entonces a hoy, esta disciplina deportiva logró consolidarse.
En este momento el Club de Corredores
de Aventura agrupa a unos 200 miembros, fanáticos integrantes de diversos equipos.
Los deportistas que representaron a Paraguay en La Misión son corredores con mucha experiencia, son competidores
que en cada edición de carreras se encuentran entre los primeros. Sin embargo, participar de una ecoaventura en un terreno totalmente desconocido, como son las montañas, donde las temperaturas
son bajas en extremo, aumenta
el mérito del triunfo.
Subiendo y bajando escaleras
Gustavo Borgognon recuerda que el entrenamiento para competir en La Misión comenzó a mediados de setiembre.

La fuerza de voluntad para resistir, aunque el cuerpo no responda, es un requisito fundamental de un corredor de aventura. El ecoaventurero depende exclusivamente de sí o de su compañero para seguir avanzando.
“Conseguimos autorización para utilizar dos veces por semana un edificio
de 15 pisos. Por espacio de una hora, subíamos y bajamos las escaleras, llevando
en nuestras espaldas una mochila con 10 kilos de carga”.
Roberto Monges agregó que el peso correspondía a los equipos que pensábamos
llevar a la competencia. “Al principio
era agotador, pero a medida que iban pasando las semanas, las piernas soportaban mejor las subidas y bajadas, la mochila ya no resultaba tan pesada y nuestro tiempo de ejercicio se iba reduciendo
a medida que practicábamos”.
En la entrega de premios, que tuvo lugar en un pueblito de montaña de Neuquén, llamado Villa Pehuenia, que fue precisamente
el punto de largada de La Misión, la pregunta de los demás corredores era ¿cómo hicieron para soportar la montaña,
considerando que en Paraguay no existen grandes elevaciones?
La respuesta primero dejó atónitos a los ecoaventureros y luego dio paso a un cerrado aplauso: subir y bajar escaleras en un edificio de 15 pisos, a lo largo de dos meses, sorprendió a los argentinos.
Obviamente no fue el único preparativo. Cuatro veces por semana corrían una hora en el Jardín Botánico, buscando senderos arenosos para someter a las piernas a ritmos pesados.
Tanto Gustavo como Roberto coinciden Vivenciasen que valió la pena el esfuerzo. Entrenaron
duro, renunciaron a momentos con la familia y tuvieron que invertir en equipos. “Ganar una carrera tan difícil como La Misión no tiene precio. Es importante señalar que con esfuerzo
todo se puede; solo hace falta la ambición y el sacrificio necesarios para alcanzar la meta”, agregó Roberto.
Como cabras, en los Andes
Recordando la experiencia en La Misión, mencionaron las montañas y volcanes que debieron subir. Subieron elevaciones
de 2.500 metros, para alcanzar pequeñas planicies, bajando por laderas tan empinadas que debían hacerlo como si fueran cabras, yendo en zigzag.
No olvidaron mencionar los arroyos formados por el deshielo de las cumbres.
El agua era tan fría que lastimaba la piel cuando cruzaban de una orilla a otra.
En escasos kilómetros pasaban de un paisaje a otro completamente diferente.

“Cruzamos grandes bosques de pinos y de allí ingresábamos a desiertos. Eran lugares que en el invierno están cubiertos
de nieve, lo que impide el crecimiento
de vegetación. Sólo había arena con piedras volcánicas”, mencionó Gustavo.
Roberto, por su parte, habló de cerros donde la vegetación fue arrasada por avalanchas de nieve, dejando el rastro del paso violento de las piedras que arrastraba todo a su paso. “Esto nos obligaba a cruzar de una montaña a otra utilizando los filos como senderos. Era muy peligroso y lo hacíamos bien pegados contra el paredón. Al llegar a la cumbre, lo que teníamos a nuestros pies era impresionante: los restos de nieve del último invierno creaban un paisaje único, inolvidable”.
A propósito de seguridad, la organización
de la carrera cuenta con el apoyo de dos médicos y tres socorristas de montaña. Tienen a disposición vehículos
4 x 4 equipados con camillas, botiquines
y resucitadores.
Roberto y Gustavo corrieron en la categoría
individual, pero a lo largo de la carrera corrieron juntos. Ambos son muy buenos navegantes, manejan la carta topográfica y la brújula con pericia.
Esta habilidad les permitió manejar con cierta ventaja la carrera. A medida que iban pasando los puestos de control fueron
confirmando que estaban entre los 10 primeros equipos, para luego subir inclusive al quinto lugar.
El tramo del puesto 2 al puesto 3 fue particularmente duro. Cayó la noche del miércoles 26, no había luna y el cielo estaba nublado. Llegaron a un cañadón y como fondo se escuchaba un curso de agua corriendo con fuerza.
Tomaron la decisión de bordearlo para llegar al otro extremo, aunque el sendero
era mucho más largo. Significaba dar una vuelta alrededor de una montaña, pero subir y bajar, sumado al esfuerzo de cruzar un arroyo congelado, podría significar un menor desgaste físico.
En el momento de tomar la decisión, se encontraron en el mismo punto con VivenciasDaniel y Saúl Pincu. Los hermanos Pincu vieron que Roberto y Gustavo manejaban
con destreza la carta topográfica y desde ese momento ya no se despegaron de los representantes paraguayos.
Bordear la montaña les permitió llegar primeros al puesto 3. Los que iban de punteros se perdieron y llegaron con un retraso de dos horas.
“Desde ese momento, la carrera fue otra”, dijo Gustavo. “No veíamos a ningún competidor delante de nosotros. Llegamos
a todos los puestos sin perdernos un solo metro. Los Pincu siempre detrás de nosotros, pegados para seguir nuestra lectura de cartas. Al final, decidimos incorporarlos al ‘equipo’ y seguir juntos”.
Cruzando la meta
Al llegar al puesto 6 faltaban solo seis kilómetros para llegar a Villa Pehuenia.
Llevaban 30 horas compitiendo sin parar. “Empezamos a trotar. ¿De dónde sacábamos fuerza? Era la adrenalina, la emoción de estar cerca de algo que parecía
imposible: ganar La Misión”.

Faltando cuatro kilómetros, cayó la noche; no había luces, no había gente, no había ruido. “Empezó la peor parte. El cansancio casi nos hizo abandonar, queríamos tirarnos allí mismo a dormir. Sentíamos todos los dolores que no estaban antes, pero faltaba tan poco para completar una hazaña”.
Los hermanos Pincu se retrasaron y ya no podían acompañar el ritmo de los paraguayos. Gustavo Borgognon y Roberto Monges decidieron caminar con ellos y llegar juntos a la meta. No importaba la posibilidad de romper un récord anterior de 33 horas de carrera. Después de todo, completar La Misión es ganar. Y no sólo ganaron, sino que dieron muestras de una extraordinaria hidalguía.
Cruzaron la meta, recibieron aplausos, abrazos y felicitaciones, pero de allí fueron
directo a una cabina telefónica para comentar a sus familiares que ganaron una carrera que parecía imposible. “Les robamos su tiempo con los entrenamientos,
pero sabíamos que iban a perdonarnos.
El esfuerzo valió la pena”, dijo finalmente Gustavo.
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