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DEL LIBRO LOS DERECHOS DEL PARAGUAY SOBRE LOS SALTOS DEL GUAIRA DE EFRAíM CARDOZO

Diez puntos para la defensa de los Saltos del Guairá. Texto de una conferencia que no pudo ser pronunciada


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El 19 de abril de 1964, el doctor Efraím Cardozo debió dictar una conferencia magistral sobre los derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá, pero la misma fue suspendida por orden superior y las puertas de la Facultad de Derecho, sede del acto, fueron cerradas con candados.

Porque la energía, como el petróleo, es un bien de exportación. Su consumo es universal. En el viejo continente hay países como Suecia y Finlandia que encuentran en la venta a otros países del sobrante de energías producidas por sus cascadas, fuente importante de sus recursos en divisas. Nosotros podríamos hacer lo propio. De modo que el beneficio que dimane de la explotación del potencial energético de los Saltos del Guairá, no solo recaería directamente sobre la transformación económica de nuestra República, sino que sería, además de esa aplicación directa, un ingente rubro de las exportaciones paraguayas. Y quizás fuera en tal escala que bastaría para modificar sustancialmente nuestra actual ecuación de fuerzas económicas, nada exuberantes por cierto, como que somos, según las estadísticas de las Naciones Unidas, la república americana con menores coeficientes del comercio exterior.

LA PROPUESTA SOCIEDAD

Se dirá que a eso mismo se llegaría aceptando la oferta del Brasil de explotar societariamente los Saltos. No lo dudo, pero a condición de que participemos en el colosal negocio no solo como socios sino también y especialmente como soberanos. El Brasil acepta nuestra intervención pero como aportadores de capital. Estimado el costo de la obra en tres mil millones de dólares, si deseamos adquirir el derecho máximo de los beneficios, que sería el cincuenta por ciento de los mismos, tendríamos que aportar un mil quinientos millones de dólares. La sola mención de esta cifra torna innecesario todo comentario.

Se argüirá que el Paraguay puede obtener ese monto en los bancos mundiales o en el mercado internacional de las inversiones. Es mucho optimismo, si se tratara de un bien ajeno como quiere el Brasil que sean los Saltos para nosotros. Es obvio que los organismos internacionales y los capitalistas preferirían entenderse directamente con el soberano, en el caso el Brasil que nunca ha admitido hasta ahora que hubiera otro dueño de los Saltos, antes que con un socio, con todas las características de un mero intermediario, sin ningún derecho real de propiedad.

Distinta sería nuestra posición si participamos en la emergencia como soberanos, con poderes no solo propios de la calidad societaria, sino también de la jerarquía de propietario. Entonces el Paraguay estaría en condiciones de dar al inversor todas las garantías para una tan grande colocación de fondos. Con el respaldo del propio bien, no sería quimérico obtener la cuantiosa financiación en los medios inversores del exterior, oficiales o privados.

Y la verdad sea dicha. Si nos lanzamos al mercado internacional de capitales como soberano estaremos en mejores condiciones que el Brasil para obtener la cuantiosa financiación reclamada. Parece paradójico pero es así. La razón no puede ser más sencilla. Nuestra constitución no contiene ninguna cláusula que prohíba al capital extranjero explotar las fuentes de energía. Felizmente no hemos entrado –o hemos salido de ella– en la vorágine de las nacionalizaciones, de tan desastrosos resultados en todas partes. Aquí hasta hoy, y gracias a Dios, no hay dogmas inatacables, respetados en mayor o menor grado por tirios y troyanos que les impulsan a rivalizar en el prurito de perseguir a las inversiones foráneas. Y como nada autoriza a pensar que varíe en el Brasil la mentalidad dominante en esta materia, aun con los últimos cambios políticos, bien podemos decir que dejar los Saltos en manos brasileñas es condenarlos a indefinida esterilidad, pues jamás obtendrán del exterior tan cuantiosos fondos, salvo de la Rusia comunista, que por ahora habría que descartar.

UTILITARISMO Y DERECHOS

Hasta aquí hemos hablado exclusivamente del aspecto económico trascendental del problema. Pero hagamos un examen de conciencia. ¿Interesa esa faz utilitaria al pueblo? Sí, que le interesa, pero más le interesa la otra faz: la de nuestros derechos. En realidad, por inveterada modalidad psicológica de nuestra raza, en la escala de los valores colocamos siempre en primer lugar aquellos imponderables y poco aprecio hacemos de los materiales. Se quiere a la tierra paraguaya no por sus coeficientes económicos sino por ella misma, porque es la tierra donde nacimos, porque está empapada con nuestras lágrimas, porque en ella amamos y somos felices o desventurados, porque ella es nuestra historia. La amamos porque es bella no porque sea rica. Rechazamos con horror la idea de mercar con ella. Consideramos un sacrilegio ponerla en la balanza de compensaciones económicas.



La historia de nuestro conflicto con Bolivia está diciendo de esta peculiaridad de la psicología paraguaya. Renunciamos a las grandes ventajas que nos ofrecieron, a lo largo de su desarrollo, si permitíamos a Bolivia su aparición sobre el río Paraguay, su gran anhelo, por donde pudo traer todo su comercio oriental y luego sus exportaciones de petróleo, con positivos beneficios para el Paraguay. No una sino varias veces, cifras astronómicas fueron puestas en la balanza, a guisa de compensación más o menos directa, por una cesión nuestra. Pudimos evitar la lucha armada con solo inclinar la cabeza y tender la mano. Preferimos el horror de la guerra y continuar pobres, con tal de que el río Paraguay, eje de nuestra historia, continuara exclusivamente paraguayo. Esta historia está demasiado cerca; llega a todos nosotros para que la olvidemos fácilmente.



Por eso, en el caso de los Saltos del Guairá su planteamiento en el terreno de las ventajas económicas, con preterición de los derechos, no conducirá por cierto a la correcta solución que todos deseamos, pues siempre ha de encontrar invencible resistencia popular. Que vengan, sí, los beneficios, pero después de reconocidos nuestros derechos. En buena hora la explotación de las inmensas riquezas atesoradas, hasta ahora improductivamente en las aguas de los Saltos, pero que previamente se respete y se consagre la soberanía del Paraguay. No es que los paraguayos seamos enemigos del progreso, pero siempre hemos de preferir el reconocimiento de nuestros derechos, a la existencia de la “súper usina”, o a que la “súper usina” funcione y nos enriquezca, con desconocimiento y atropello de nuestra soberanía.



Es deber de las generaciones responsables equilibrar los dos aspectos del problema y no alimentar demasiado la despreocupación por los bienes materiales que está en la raíz de nuestro ser nacional. Pero tenemos que atender este aspecto primordial de la conciencia colectiva. Sin perder de vista nunca las posibilidades de grandeza económica latentes en las cascadas de los Saltos, afirmemos rotundamente, una y otra vez, nuestros derechos seculares a los mismos. Porque el pueblo de Tacuarí, del 70 y del Chaco así lo quiere. Toca, sobre todo, a la juventud universitaria poner el acento de su preocupación mayor en la tarea de esclarecer nuestros títulos en su formulación jurídica, en su fundamentación histórica y en su atinada divulgación. La inteligencia con que lo hagamos es la única arma con la cual podremos vencer a nuestro poderoso contendor.

MAÑANA: Diez puntos para la defensa de los Saltos del Guairá. Texto de una conferencia que no pudo ser pronunciada.


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25/12/2008 00:00:00