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DEL LIBRO LOS DERECHOS DEL PARAGUAY SOBRE LOS SALTOS DEL GUAIRA DE EFRAíM CARDOZO

Cabos sueltos en las fronteras con el Brasil: El caso del arroyo Estrella

En momentos en que el interés público se concentra sobre las operaciones que se están realizando para la definitiva demarcación de las fronteras entre el Paraguay y el Brasil, conviene volver sobre algunos cabos que quedaron sueltos cuando la primera demarcación. El recuerdo es oportuno ahora que, según las afirmaciones oficiales, los más felices signos cruzan el cielo de las relaciones entre ambos países. La buena voluntad, el amor al Paraguay que las actuales autoridades del Brasil nos manifiestan tan expresivamente, aseguran la rectificación de errores del pasado que lesionaron nuestra soberanía territorial con violación del Tratado de 1872.


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EL CASO DEL ARROYO ESTRELLA

Nos referiremos, en primer lugar, al caso del arroyo Estrella. Este nombre geográfico no figura para nada en el texto del Tratado que el 9 de enero de 1872 firmaron Carlos Loizaga y el barón de Cotegipe para señalar los límites entre el Paraguay y el Brasil. Sin embargo, en un largo trecho de la frontera fue adoptado como tal, dejando de lado a lo que en el mismo Tratado se denomina “la naciente principal del río Apa”, cuando que el arroyo Estrella es una cosa y la naciente principal del río Apa otra muy distinta. El trastrueque significó la pérdida para nuestro país de una zona territorial de extensión indefinida oscilante entre las cuarenta y cien leguas cuadradas de ricos yerbales. ¿Cómo ocurrió la equivocación?

Veamos, en detalle, lo que dice el artículo primero del Tratado de 1872: “El territorio del Imperio del Brasil se divide del de la República del Paraguay por el cauce o canal del río Paraná, desde donde comienzan las posesiones brasileñas en la boca del Yguazú hasta el Salto Grande de las Siete Caídas del mismo río Paraná”.

“Del Salto Grande de las Siete Caídas continúa la línea divisoria por la cumbre de la Sierra del Mbaracayú hasta donde ella concluye”.

“De ahí sigue en línea recta, o que más se aproxime, por los terrenos más elevados a encontrar la Sierra del Amambay”.

“Prosigue por lo más alto de esta sierra, hasta el naciente principal del río Apa, y baja por el canal de éste, hasta su boca en la margen oriental del río Paraguay”.

Constituidas las comisiones demarcadoras, el comisario paraguayo, Capitán Domingo Antonio Ortiz, recibió, el 22 de julio de 1872, las instrucciones pertinentes del ministro de Relaciones Exteriores, José Falcón. En la parte relacionada con el río Apa, ellas rezaron: “De la embocadura del río Apa seguirá la Comisión Mixta arribando el río por sus orillas, según vieren las dificultades o conveniencias para la exploración que deben hacer; reconociendo la naturaleza de los terrenos, el caudal del río, la posición geográfica, la amplitud de los afluentes, y todo lo que se encontrase de notable en esos lugares. Continuará arribando este cauce, hasta descubrir el naciente principal del río Apa, como previene en su artículo primero el susodicho Tratado de Límites, que será fácil conocer aún cuando se encuentren otras ramificaciones, sea por su caudal o por otras circunstancias que manifiesten con toda certeza ser el origen principal del otro río, lo que conseguido se marcará este lugar, con las circunstancias y esclarecimiento prevenidos”.

Ninguna dificultad hubo en la demarcación hasta llegar a un punto en que el río Apa aparentemente se bifurcaba. En esa ocasión, el comisario brasileño, coronel Rufino Eneas Gustavo Galvão, hizo constar en acta, con fecha 14 de enero de 1873: “Que estando realizada la demarcación de los límites de los países hasta el punto en que el río Apa se divide en dos brazos arriba del paso de “Bella Vista”, esperaba solamente que se pasase en limpio el diseño de la planta levantada para ser canjeados; pero que habiendo de continuarse la demarcación de aquel punto para adelante, proponía que se siguiese por el brazo austral (sud) que vulgarmente es llamado “Estrella”, visto que los perfiles y velocidades determinados, constantes de los diseños presentados, daban para este brazo un volumen mayor que el otro, que le quedaban al Norte, lo que también fue confirmado por las exploraciones hechas en aquel brazo hasta la guardia “Oliva” y en este hasta el puerto de esta Tapera”.

LA DEFENSA DEL CORONEL ORTIZ

El comisario paraguayo, Coronel Ortiz, no aceptó semejante innovación. Constan en el acta sus declaraciones: “Que la fama pública había distinguido aquellos dos ríos, y sancionado el tiempo, denominando al uno “Apa” y al otro “Estrella”, que por consiguiente le parecía que la demarcación debía seguir por aquel y no por éste, que es simplemente un arroyo afluente y bien distinto por su nombre que no le es permitido alterarlo. Dice más, que en el tiempo en que se hicieron los estudios en el Estrella, éste se hallaba más crecido que el Apa (que fue examinado después) en razón de las lluvias del mes pasado; que también la área del Apa cerca de su confluencia es mayor que la del Estrella”.

Prosiguió una discusión en que el comisario brasileño abundó en sutilezas a falta de razones, como la de que “los nombres “Estrella” y “Apa” fueron dados por el pueblo que desconoce los medios de distinguir el brazo principal de un río; a más de que los brasileños desconocían el brazo Sur y por eso no es de admirar continuasen denominando Apa al único brazo que les era conocido”, a lo que respondió el Capitán Ortiz que “daba mucha importancia a la diferencia de nombres, y que si ellos fueron dados por hombres del pueblo, también los plenipotenciarios, que firmaron el Tratado de Límite, no eran profesionales, y que ese Tratado no se refería al Estrella, más sí al Apa; que no concordaba con el argumento de que la circunstancia de ignorar los brasileños el brazo Sur fuese una razón para mudar de nombre, puesto que el Apa es nombre indígena, cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos”.

Enérgica y brillantemente el Capitán Ortiz, así como había defendido a la patria, apenas unos años atrás, en los campos de batalla, defendió sus derechos territoriales en la mesa de la negociación. Largo fue el debate y en la imposibilidad de llegar a un acuerdo, se resolvió, conforme a las instrucciones comunes, diferir la resolución de la diferencia al acuerdo de los gobiernos. Así se hizo y nuevamente hubo prolongadas discusiones en Asunción. No fue sino el 7 de enero de 1874, un año después, que el Brasil logró imponer sus puntos de vista. Así constó en protocolo suscrito ese día por el ministro de Relaciones Exteriores, José del Rosario Miranda, y el ministro del Imperio, Araújo Gondim.

LA TRISTE CAPITULACIÓN

Conviene explicar esta capitulación. Todo el año 1873 había sido de grave crisis política. Hombre fuerte era el general Benigno Ferreira, que no contaba con las simpatías del Brasil ni de la Argentina por el tesón que ponía en defender los derechos territoriales del Paraguay en las negociaciones para la fijación de los límites. Con el apoyo del primer país dos revoluciones estallan en 1873. Una en marzo de 1873, encabezada por el general Bernardino Caballero y por Cándido Bareiro, que es sofocada por el gobierno del presidente Jovellanos. Se prepara a poco otro movimiento, dirigido por Juan Bautista Gill, quien directamente procura ayuda del vizconde de Río Branco, jefe del Gobierno brasileño.

“Finalmente la financiación de esta campaña -dice el historiador Gómes Freire Estevez- se realiza principalmente por Gill, bajo los auspicios del Brasil, a cuya capital se traslada en persona a finiquitar los compromisos particulares que debían atarlo con la política imperial más de lo que estaba y encumbrarlo, pocos meses después, en la Presidencia de la República”.

Estalla la revuelta en enero de 1874, con materiales de guerra incontrastables. El jefe militar era nuevamente el general Bernardino Caballero. Actúa entonces en Asunción el ministro Gondim, y en la apurada situación del Gobierno, que necesitaba neutralizar de algún modo al Imperio, obtiene el reconocimiento de las pretensiones brasileñas sobre el arroyo Estrella. Para el efecto, se entiende directamente con el presidente Jovellanos. Promete e éste sostenerle en el cargo, intercediendo ante la revolución para que ésta se satisficiera con la salida y expatriación de Ferreira y la formación de un nuevo gabinete.

Así se hace y el 12 de febrero de 1874 se firma un pacto que suscriben el presidente Jovellanos, el ministro Gondim y los representantes de la revolución. Jovellanos queda en la presidencia. El general Caballero pasa a ocupar el Ministerio del Interior. Juan Bautista Gill va a Hacienda y se convierte en el hombre principal de la nueva situación. Como ministro de Relaciones Exteriores es nombrado Cándido Bareiro que, en plena guerra, siendo representante diplomático del Paraguay en París, favoreció los intereses del Imperio, según denunció documentalmente su secretario Gregorio Benítez en la obra Anales diplomático y militar de la guerra del Paraguay (1906). El general Ferreira marcha al destierro. El Protocolo del 2 de enero es ratificado. El Capitán Ortiz envía su renuncia, pero, no obstante, se planta el mojón divisorio en la confluencia del arroyo Estrella, que queda así señalado como frontera entre el Paraguay y el Brasil.

¿CAPITULACIÓN DEFINITIVA?

¿En forma definitiva? No. El Protocolo del 2 de enero de 1874, que modifica el Tratado de 1872, nunca fue ratificado por el Congreso paraguayo. El río Apa, en toda su extensión, hasta su vertiente principal, es la única frontera legal entre los dos países. El arroyo Estrella nada tiene que ver en los límites paraguayo-brasileños. Y los derechos de soberanía proclamados por los tratados nunca prescriben.

No fue la única equivocación que debe ser corregida. ¿Cuáles son las altas cumbres de la Sierra del Mbaracayú? ¿Se siguió su trazado en la demarcación de 1874? El asunto será materia de otro artículo.

MAÑANA: ¿Dónde están las altas cumbres del Mbaracayú? (Apéndice)


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27/12/2008 00:00:00