Graciela Nery Huerta acaba de cerrar el año con la exposición “Destellos coloridos” en el Centro Cultural Citibank. En este breve espacio, conocemos mejor a esta notable pintora paraguaya.

Graciela (73) nació en Asunción. Se casó hace 54 años con Luis Alberto Nery Huerta. Es mamá de 4 hijos y abuela de 14 nietos. Antes de pintar, se dedicó por muchos años a la costura, –pasión heredada por sus 2 hijas–. “Solo dejé de coser cuando empecé a pintar; pero la alta costura es definitivamente todo un arte”.
En “Destellos coloridos” –bajo la curadoría de María Eugenia Ruiz– Graciela se descubre como eterna exploradora del color: más fuertes o más claros, pero siempre expresivos. “En esta serie, exploto el colorido natural de los pigmentos. Nunca trabajo con pintura hecha, sino que compro los pigmentos y hago mis pinturas. Eso lo aprendí cuando estuve en Barcelona (1998)”. En sus clases del Instituto Superior de Arte, Graciela traspasa la técnica para producir la propia pintura. En “Destellos” la artista utilizó resina acrílica sin color, y aclara: “Le añadí el color en el momento de pintar”.
–¿En qué línea definimos tu estilo?
–Es contemporáneo. Muchos dicen que se parece al de Olga Blinder, no lo creo. Ella también hacía rostros, pero eran más alargados. Olga realmente era más dibujante que colorista.
–¿Te incomoda esa comparación?
–En absoluto, fue una amiga muy querida. Fue una maestra íntegra, me enseñó su técnica pero también a buscar mi propio camino. Nos conocimos hace 20 años, cuando me anoté en sus talleres del Instituto de Arte (IdeA); después fui su asistente y luego me cedió sus cátedras. Olga era una mujer de mucho carácter, y las personas que teníamos carácter podíamos congeniar con ella.
–Como muchas mujeres, empezaste a pintar de adulta.
–De abuela empecé. Pinto desde el 86 y expongo desde el 88. Cuando era niña cantaba, bailaba, tocaba la guitarra, dibujaba, pero papá (Raúl Sapena Pastor) no quería tener hijos artistas –y una hija artista era mal vista–. Lo normal era casarse y tener hijos.
–Y como desquite, hoy, como artista, usás el apellido de tu marido.
–(Sonríe) Lo uso en su honor; no es que le gustara mucho que pintara, pero siempre lo toleró. Antes de pintar profesionalmente, canalizaba mis ganas de arte dibujando (dibujaba hasta en la guía telefónica).
–¿Qué época de la pintura preferís?
–Me gusta mucho el expresionismo alemán; la época de Klim, Matisse, Picasso...
–Ineludible Picasso.
–No en balde es el mayor artista del siglo XX. En mis viajes vi muchísimo arte; la galería de Picasso en Barcelona es fabulosa, están todas las interpretaciones que hizo de “Las Meninas”, de Velásquez. Pero donde más arte vi fue en la bienal de San Pablo, hace unos 10 años.
–¿Qué aprendés de los genios?
–Soy muy técnica, pero cuando veo una obra famosa, pesa en mí la sensación. La primera vez que vi un Picasso, aún era muy jovencita, pero quedé fascinada.
–La temática de tus cuadros parece femenina.
–No parece, es femenina. Me inspira la maternidad, la dulzura. Lo más grande en mi vida fue haber sido madre.
–¿Tu familia es tu crítico número uno?
–Mi crítico siempre fue el historiador Carlos Sosa. Para la familia lo que uno hace siempre es “lindo”. Y “lindo”, en nuestra escuela, es un insulto. Una obra puede ser buena, interesante, bien realizada. Lindas o feas son las cosas que no tienen valor.
–¿Vendiste todos tus cuadros?
–No pinto para vender, pero sí vendí algunos. Consideremos que no estuvieron en una galería sino en un centro cultural.
–¿Quién vive de la pintura en Paraguay?
–Hay familias enteras que viven del arte. Y hay artistas como Migliorisi, Salerno que además de pintar, emprenden el negocio de una galería.
–¿Y los jóvenes tienen esperanzas de desarrollo y oportunidad de ventas en un mercado pequeño como el nuestro?
–Estoy convencida de que sí. ¿No viste la última exposición de los artistas jóvenes en el Juan de Salazar? Era como entrar a un museo del mundo.
–¿Nuestra situación social te nutre o te consume?
–No veo televisión, ni leo los diarios. Sé que es egoísta, pero vivo en mi mundo (la pintura).
–Si te encargaran un cuadro que refleje nuestro país, ¿qué pintarías?
–Hoy pintaría la pobreza. De hecho a mí me impacta, y sin darme cuenta, termino pintando niños de la calle, niños en el parque Caballero...
–¿Qué prejuicio te molesta acerca de la pintura?
–Que la gente crea que un cuadro tiene que ser al óleo. Y que se hable de “la inspiración” como generadora de arte. La inspiración no existe, lo que hay es transpiración.
–Eso suena muy académico.
–Tengo los conceptos claros. El arte no es cualquier cosa, tiene sus reglas.
–Así, ¿creés en los autodidactos?
–Hay, pero no son todos los que creen serlo. Muchos chicos llegan al ISA queriendo ser artistas. Tuve una alumna que tenía todas las cualidades, pero después de que analicé un cuadro suyo en público (no sabía que era de ella) no vino más. Se perdió como artista. Hay que estudiar, trabajar y saber aceptar las críticas y los análisis. Además, el arte también da buenos críticos e historiadores.
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Lourdes Peralta
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