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DEL LIBRO LOS DERECHOS DEL PARAGUAY SOBRE LOS SALTOS DEL GUAIRA DE EFRAíM CARDOZO

¿Dónde están las altas cumbres del Mbaracayú?

Un trecho importante de la frontera entre el Paraguay y el Brasil, conforme al Tratado del 9 de enero de 1872, está determinado sobre el terreno por las altas cumbres de la Sierra del Mbaracayú. El artículo primero del mencionado Convenio, en su apartado tercero, estipula: “Del Salto Grande de las Siete Caídas continúa la línea divisoria por la cumbre de la Sierra del Mbaracayú hasta donde ella concluye”. El Tratado se refiere a las “altas cumbres” o divisoria de las aguas, y tal fue el entendimiento común de las partes. Ese mismo artículo habla de los terrenos más elevados entre las sierras del Mbaracayú y del Amambay, y también menciona “lo más alto” de esta última sierra. ¿En la demarcación de 1874 fueron efectivamente las altas cumbres las elegidas como frontera?


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Capitán Domingo Antonio Ortiz

LOS ÁRBOLES IMPIDEN VER EL BOSQUE

Cuando se constituyeron las comisiones demarcadoras, tanto el Paraguay como el Brasil coincidieron en sus instrucciones respecto al tramo del Mbaracayú. Las expedidas a la Comisión Paraguaya, que llevan como fecha el 22 de julio de 1872, dicen: “Proseguirá (la demarcación) por lo más alto de esta Sierra (del Amambay) a buscar su término y encontrar la Sierra del Mbaracayú, que del mismo modo continuará demarcándose por lo más alto de ella hasta llegar al río Paraná en el Salto Grande de las Siete Caídas”. Las correspondientes a la Comisión Brasileña, del 31 de mayo de 1872, también mandan que la demarcación siga “por el alto” de la Sierra del Mbaracayú, y en otro punto aluden a “la mayor altura septentrional” de la misma sierra.

Un punto que tuvieron en cuenta ambos gobiernos en las respectivas instrucciones fue la existencia de dos ramales de la Sierra del Mbaracayú, y que era el del norte el elegido por el Tratado como frontera. El documento brasileño dice explícitamente: “En aquel paso (Ybycuí) empieza la sierra a dividirse en dos ramales, que se extienden paralelamente hacia el Este, formando el valle por donde corre el río Ygurey. La Comisión Mixta seguirá por el ramal del Norte hasta el río Paraná que le atraviesa produciendo el gran Salto de las Siete Caídas”.

Quien crea que la Sierra del Mbaracayú, en uno u otro ramal, sea una cadena regular de cerros y colinas por donde sea fácil, aún a simple vista, seguir la línea de las altas cumbres, está equivocado. Tanto la del Mbaracayú como la del Amambay participan de las características de las demás serranías paraguayas. En realidad, se trata de anchos macizos o planaltos, con escasos picos y muchas estribaciones. Se va ascendiendo a ellas, desde la llanura, insensiblemente, y una vez en lo alto, casi no se advierten las cumbres, sobre todo tratándose de terrenos densamente boscosos, como son, por lo general, las sierras paraguayas, y más aún en el Alto Paraná. Las formaciones rocosas son excepcionales. Pocas veces tiene mejor aplicación el viejo dicho: “los árboles impiden ver el bosque”.

Se comprende que los demarcadores tropezaran con innúmeros inconvenientes para cumplir su cometido. La Memoria del Capitán A. Ortiz sobre los trabajos de la Comisión es muy ilustrativo al respecto. Vamos a extractar algunos pasajes que muestran las dificultades con que se tropezó para descubrir las altas cumbres del Mbaracayú.

LA MEMORIA DEL CAPITÁN ORTIZ

“En nuestros trabajos tuvimos que hacer frecuentes contramarchas y vueltas por falta de baqueano y nuestra demora hubiera tenido que ser muy larga sin el auxilio, que frecuentemente nos prestaban los indios Caiguás”.

“...El 17 nos encontramos en frente de un monte que nos cerraba el camino y que nos obligó a detenernos para allanar las dificultades que oponían a nuestra marcha, siendo las mayores, los indicios contradictorios que nos ofrecía el paisaje, presentándonos cabeceras de ríos contravertientes y opuestas que nos hacían dudar de que nos hallásemos sobre la cumbre divisoria”.

“...luchamos con dificultades no pequeñas para encontrar la parte más elevada de la sierra que debía servirnos de camino...”.

“...El 10 de octubre nos hallamos en la cabecera del arroyo ‘Espadín’, célebre por la desgraciada suerte que sufrieron en sus solitarias costas centenares de las principales familias del Paraguay durante la cruel y desastrosa guerra del año 1865; punto donde nos detuvimos a descubrir la verdadera cumbre del Mbaracayú, y dar algún descanso a las tropas. Abierta la picada por el monte alto, seguimos en dirección a las cabeceras del Ybycuí e Ytanará, prosiguiendo después en distintas direcciones, a fin de lograr, sin ningún género de dudas, situarnos sobre la verdadera cumbre de la sierra”.

“...Por consecuencia de los trabajos que practicaron los guaraníes, los mismos que pocos días después desertaron robando algunas herramientas y víveres, trasladamos nuestro campamento a otra grande cuchilla, a una y media legua al punto donde nos encontrábamos al Norte, por creerla más próxima al camino que debíamos seguir, posición que resultó falsa y que abandonamos retrocediendo hacia el Sur, conforme indicaban las nuevas operaciones...”

“...El día 30 de marzo, hallándose la Comisión sobre la margen derecha del Paraná, frente al Salto del Guairá o de las Siete Caídas, se celebró la Conferencia Nº 11, a objeto de consignar la llegada de la Comisión Mixta en aquel punto extremo Oeste-Este de la línea divisoria, que partiendo del mojón de Ybycuí viene por lo alto del ramal norte de la Sierra del Mbaracayú hasta dicho Salto, baliza natural inmutable que marca el fin de la frontera de ambos países en aquella dirección”.

Estos párrafos y muchos otros del Memorial del Coronel Ortiz, que puede leerse en la obra de César A. Vasconsellos “Los límites del Paraguay. El Ajuste con el Brasil en 1872”, Asunción, 1931, revelan las tremendas dificultades que los demarcadores debieron vencer para descubrir las altas cumbres del Mbaracayú. La convicción del comisario paraguayo, concordante con la del brasileño, fue que la demarcación había logrado seguir esa línea que es la estipulada por el Tratado de 1872. En el acta de la 11ª Conferencia se dice efectivamente que la línea demarcada “partiendo del mojón del Ybycuí viene por lo alto de la Sierra del Mbaracayú hasta este Salto”. Y en el acta de la 16ª Conferencia del 19 de octubre de 1874, firmada ya en Asunción para aprobar el mapa o planta de la línea en la zona del Mbaracayú, se la describe como trazada “por lo más alto de la Sierra” y se consigna el importante dato de que esa línea llega “a la 5ª y más importante de las Siete Caídas”.

SE EQUIVOCARON

¿Estuvieron acertados los demarcadores? ¿Fueron efectivamente las “altas cumbres” del Mbaracayú las demarcadas en 1874? No cabe la menor duda acerca de la honestidad y patriotismo con que procedió el comisario paraguayo, Capitán Domingo A. Ortiz, uno de los más eficientes servidores que tuvo la Nación en mucho tiempo. ¿No hay motivos para poner en tela de juicio la buena fe del demarcador brasileño, Coronel Galvão, a la vista del antecedente del arroyo Estrella que tan poco podría argüir en su favor? Demos por barato que la penosa búsqueda de “lo más alto de la Sierra” en el bosque fragoroso haya alcanzado pleno éxito, en el concepto de los demarcadores de uno y otro país, por más que sorprenda que no les haya extrañado el absurdo geológico que venían a consagrar. Siendo las Cataratas resultado de la interceptación del río Paraná por la Sierra del Mbaracayú, ¿cómo fue que las altas cumbres desembocaran no encima de las primeras caídas, como sería natural, sino en la quinta?

De todos modos, difícil era en 1874, con los precarios medios técnicos entonces disponibles, determinar con precisión científica irreprochable las verdaderas altas cumbres. Ello no era imposible, pero hubiera llevado años y exigido un personal mucho más numeroso. En 1874 se hizo lo que se pudo durante los seis meses en que estuvieron los demarcadores encerrados en la selva sin salir de ella.

Pero en 1964 no ocurre lo mismo que en 1874. Los elementos con los cuales hoy se cuenta para elucidaciones de esta naturaleza excluyen la posibilidad del menor error. Hay siempre necesidad de recorrer la línea por tierra y efectuar mediciones fatigosas, pero estas ya no están expuestas a equivocaciones. La aerofotoaltimetría, extraordinariamente perfeccionada en nuestros días, y otros recursos técnicos, permiten recopilar en escaso tiempo y con exactitud matemática los datos sobre alturas (cotas) de todos los accidentes de un terreno, cualesquiera sean sus características.

LA VERDADERA LÍNEA DE FRONTERA

Es lo que se ha hecho, según informes fidedignos en nuestro poder, por nuestra capacitada Comisión de Límites, hasta llegar a la comprobación, sin resquicios para duda alguna, de que la demarcación de 1874 se equivocó al terminar frente a la Quinta Catarata. Los perfiles ahora obtenidos permiten aseverar que la línea de las altas cumbres pasa mucho más al norte de donde ella fue señalada en 1874. No a la altura de la Quinta Catarata -donde la cota es de 233 metros-, ­sino más arriba de la primera -en que la cota es de 310 metros- ­debe desembocar la línea terrestre de la frontera. Todos los Saltos, y no solamente los tres últimos, colindan con el territorio del Paraguay.

Las consecuencias de este hecho irrefutable para la solución del pleito sobre los Saltos del Guairá, son trascendentales. Aparte de que implica la necesaria reivindicación de una importante zona territorial que, como en el caso del arroyo Estrella, fue erróneamente atribuido al Brasil, la exacta ubicación del extremo de la frontera seca al norte de los Saltos despeja definitivamente toda duda, si alguna pudiera existir, sobre los derechos del Paraguay a este importante accidente geológico.

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28/12/2008 00:00:00