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Lucha inacabable

Al comenzar otro año, uno suele sentir optimismo ante lo impredecible, a sabiendas de que el verdín de esa ilusión no tardará en desgastarse a causa de la realidad corrosiva que ataca, con desconsiderada crudeza en especial ahora, cuando en poco más de 100 días del nuevo gobierno, éste se empeñó en frustrar la confianza depositada en él por un pueblo cansado de viejos vicios, los que se ven repetidos en la presente realidad política, con el agravante de la indolencia pacata con que las autoridades permiten todo tipo de desmanes.


Augusto Casola (escritor y poeta).

Y no es la ideología de quienes participan del banquete del poder la que degrada la imagen de los políticos de turno, sino la ineficiencia de aquellos que están obligados a ordenar la casa de manera expedita, sin necesidad de adoptar aires de perdonavidas ni recurrir a argucias intelectuales -de las que todos estamos hartos-, para encubrir su inocultable ineptitud para gobernar.

La cultura, que fue vejada por 35 años de dictadura y soportó los que van de esta malhadada transición, descubre con amargura que también hoy la despojan de las bases que pueden servir para mejorar las condiciones educativas de nuestro país y, una vez más, las autoridades soslayan las verdaderas urgencias de un pueblo ignorante y hambreado y la de maestros, con sueldos miserables, sometidos a la presión de una administración más interesada en estadísticas forzadas que permitan renovar créditos internacionales o en aprontar peregrinas ideas para una alfabetización extranjerizante, en vez de mejorar el capital humano que posee el país al que someten a la humillación y el desprecio, ante lo cual los sindicatos y otras instituciones, obligados a proteger los intereses nacionales, muestran una patética, si no interesada indiferencia.

Y el desasosiego crece al palpar la incongruencia del mensaje recitado y el accionar en función de gobierno, pues no pasan de ser discursos intrascendentes y enunciados mendaces que no soportan el menor análisis, ni cuentan con el respaldo de la acción.

En estas condiciones, ¿qué progreso cultural se puede pretender, si la delincuencia protegida por el poder domina la calle, el campo, el país entero? ¿Quién puede esperar, a esta altura, que Lugo cumpla con las atractivas promesas hechas a los escritores, en particular, y a la cultura, en general, durante su campaña proselitista, si lo único que se ve en él es una inesperada competencia para agudizar el caos heredado, con el recurso de recetas estereotipadas, ofertadas por otros improvisados de turno?
La cultura requiere de un ambiente sereno para crear y crecer. Conseguirlo es precisamente lo que parece importar tan poco al gobierno de hoy como importó a los predecesores, que buscaron perfeccionar la máquina de fomentar la ignorancia que, como un cáncer maligno, hizo metástasis en nuestro país, donde al parecer, son los pocos que ven más allá del egoísmo mezquino, quienes reivindican la necesidad de enarbolar la bandera de la intolerancia hacia los que no buscan otra cosa que hundir al país en la anarquía que se siente cada vez más cerca, con su coro de muerte, destrucción y sangre.


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Ultima actualizacion:
04/01/2009 00:00:00