Hace 15 años Acela Falcón Orrego dio a luz a “Bethania”, una de las líneas de lencería femenina mejor situadas a nivel nacional. La empresaria nos cuenta cómo inició su pequeño imperio sensual.

“Mi mamá inventó mi nombre: Acela Smilce. Decía que iba a ser una mujer importante. Así me siento hoy; una gran madre que da trabajo a 40 familias paraguayas”. La mujer importante (56) nos esperó –acicalada, como ameritan 15 años de labor– en el show room de “Bethania”. Acela nació en Misiones, en el seno de una familia rural. A los 17 años, flamante maestra, proyectaba enseñar en algún pueblito. “Pero mi tío, un militar, me consiguió trabajo en Antelco de Asunción. Estuve 5 años, después salí porque no estaba convencida de lo que hacía. Mientras pensaba qué hacer, abrí una boutique”. Acela está en pareja desde hace 35 años, es mamá de María Betania y Osvaldo Domingo Lombardo (en honor al varón, también creó la línea de ropa interior “Doménico”). “La boutique iba viento en popa, pero una amiga, admirada de cuánta lencería nacional vendía, me sugirió crear mi propia marca. Y aquí estoy”, certifica.
–¿Así como así?
–Nada fue fácil. Mi marido me financió; invertí una cantidad considerable. Cerré la boutique y me dediqué a full al taller.
–¿Sabías de costura?
–No, pero tenía lo fundamental: el buen gusto. Contraté al diseñador Dionisio Martínez y a una modista; luego, a dos chicas que manejaban muy bien la máquina. Hoy crecimos, somos una gran familia.
–¿Qué época fue la más difícil?
–Cada año es difícil, porque no tenemos protección contra el contrabando y los productos chinos. En Argentina y Brasil no metemos ni un alfiler, pero nuestras fronteras siempre son permeables.
–Es que hoy la diferencia de precio seduce más que el nacionalismo.
–Pero la calidad no siempre es buena. Yo te cobro un producto elaborado, testeado, hecho con tela importada –porque aquí no se produce la adecuada– . Mientras falte confianza en lo nacional, mientras falte conciencia, seguiremos mandando compatriotas afuera.
–¿En cuánto tiempo retribuye lo hecho en Paraguay?
–Olvidate de las fórmulas. En 5, 6 años recién contás con ganancias. ¿Créditos bancarios? Ni hablemos. El Banco Nacional de Fomento nunca fue para las pymes.
–Contra todo, posicionaste tu línea.
–Sí, fui perseverante. No fui a la tiendita de la esquina, sino a los grandes: La Riojana, Martel, Unicentro, La Barca. Hablé.
–¿Pediste ver al gerente de compras?
–No tenía contactos. Me acerqué a las vendedoras y les dije que era paraguaya, que hacía lencería. Ellas se sorprendieron por la calidad y me empezaron a pedir “el bretel más fino”, “tales colores, tales formas”.
–Todavía no te quejaste de la mano de obra. Te escucho.
–¡Pero si la costura paraguaya es una de las más apreciadas! A Argentina le vendemos hace años; ¿sabías que la mayor cantidad de lencería paraguaya la compran las mormonas de allá?
–¿Cómo que las mormonas?
–(Sonríe) La lencería, correctamente, es la ropa de cama. Los corpiños, bombachas, tangas son corsetería; después tenés la línea deportiva y, en lo que somos líderes, los trajes de baño.
–¿Cómo definís la intimidad de la paraguaya?
–Clásica pero moderna (y de vez en cuando se anima a ser más audaz). La paraguaya sabe jugar al “te muestro pero no te muestro”. Nosotros complacemos ese deseo, tanto para las modelos, deportistas como para las gorditas. Todas quieren seducción, comodidad y resistencia.
–¿Cómo llevás la competencia con otras marcas paraguayas?
–Felizmente.
–¿Cuál es el orgullo de tu producción?

–Los corpiños (hacemos el relleno artesanalmente). Tenemos la máquina preformadora que moldea la taza perfecta, sin llevar una sola costura. Queda algo fantástico para usar con una blusita semitransparente; si vas a una fiesta, podés bailar tranquila toda la noche, o sea, con el busto en su lugar.
–¿Cuál fue tu gran error empresarial?
–Errores, muchísimos tuve, pero te cuento solo uno: comprar demasiada tela de tal diseño y quedarme después con todo el fardo. Se aprende con los años. Ahora, como socia de la UIP, estoy asesorada por unos expertos japoneses.
–¿Tu entusiasmo industrial explora otros campos?
–Sí, voy a convertirme en la primera productora y exportadora paraguaya de arándano. El proyecto ya arrancó y será, por supuesto, en mi valle (Santa Rosa).
–¿Dónde descansás este verano?
–En Brasil. Pero jamás veraneo para tirarme y broncearme. Me gusta caminar de una playa a otra y observar qué están usando las mujeres. Este negocio es así, captar ideas para luego adaptarlas a nosotras.
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